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El espíritu de la protesta del "no a la guerra" sigue vivo diez años después

El 15 de febrero de 2003, cientos de miles de ciudadanos se echaron a la calle para clamar contra la invasión de Irak que defendía el Gobierno de Aznar. Ahora, la calle vuelve a ser protagonista contra los recortes de Rajoy.

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Se acercaba la primavera de 2003. Jose María Aznar acababa de atravesar el ecuador de su segunda legislatura, en la que disfrutaba de una holgada mayoría absoluta en el Parlamento. La situación económica era placentera, con el PIB creciendo a un ritmo cercano al tres por ciento y una tasa de paro en el once por ciento (aunque se estuvieran sentando las bases de la burbuja que ha traído de la crisis actual).

El presidente del Gobierno español decidió entonces ligar su suerte a la del presidente norteamericano George W. Bush, quien había puesto en su punto de mira al régimen de Saddam Husein en Irak, al que incluía en lo que el mandatario estadounidense calificaba “el eje del mal”. EEUU aseguraba, con pruebas que luego resultaron falsas,  que el régimen iraquí ocultaba armas de destrucción masiva que amenazaban la paz mundial.

Aznar decidió aliarse con los países que apoyaban una intervención militar en Irak. Pero la sociedad española estaba abiertamente en contra de la guerra. Las encuestas que publicaron entonces los periódicos mostraban que un 90% de los ciudadanos rechazaban una intervención militar contra Irak, sustentada además en pruebas extremadamente débiles. Incluso en el propio Gobierno del PP había disensiones: como los propios protagonistas desvelaron más tarde, la guerra contra Irak  provocó el distanciamiento entre Aznar y Rodrigo Rato, y fue lo que a la postre le apartó en la carrera a la sucesión del líder del PP.

El Gobierno no esperaba la reacción ciudadana a la política belicista de Aznar, que marcó un antes y un después, y fue la mayor respuesta en la calle a las políticas del PP (que ya tuvo su prólogo en la huelga general de junio de 2002 contra la reforma laboral promovida por del Ejecutivo conservador). Cientos de miles de ciudadanos en toda España se sumaron a las movilizaciones contra la intervención en Irak que se organizaron en todo el mundo. Internet y los SMS se consolidaron entonces como vehículos imprescindibles para la difusión del descontento social.

El 15 de febrero de 2003, convocados por sindicatos, partidos y asociaciones diversas, como en otros países europeos, los ciudadanos salieron a la calle para gritar “no a la guerra” y “no más sangre por petróleo”. Los organizadores aseguraron que las marchas en Madrid y Barcelona sumaron alrededor de tres millones de personas (aquellas manifestaciones se compararon con las que se organizaron tras el intento de golpe de Estado del 23-F o el asesinato de Miguel Ángel Blanco). La marcha de Madrid concluyó con la lectura de un manifiesto por parte de Pedro Almodóvar y Leonor Watling.

Aznar, sin embargo, hizo oídos sordos al clamor de la calle. Apenas un mes después, el 13 de marzo, viajó a las islas Azores, donde se retrató con Bush y Blair en la reunión que iba a poner en marcha la maquinaria bélica contra el régimen de Saddam Husein. Una semana después, EEUU inició la invasión de Irak, sin el respaldo formal de la ONU, en una guerra que acabó el 1 de mayo con la toma de Bagdad.

Pero no el “no a la guerra” siguió sonando. Ahora, diez años después, los ciudadanos y las protestas en la calle han vuelto a tomar el protagonismo, esta vez contra los ajustes en los servicios públicos y los recortes en los derechos sociales puestos en marcha por el Gobierno.

Así vivieron hace diez años esa jornada de protesta dirigentes políticos y responsables de asociaciones.

'La manifestación fue determinante en el fin del gobierno de Aznar, rompió el silencio de la ciudadanía. IU se unió con la plataforma Cultura contra la guerra, nos coordinamos con ellos y realizamos actividades coordinadas. En el Congreso hicimos oposición política y luego nos unimos a actos sociales como las manifestaciones para rechazar una guerra inhumana. Al principio fueron actos más modestos pero luego se hicieron más globales, en las que participaban ciudadanos de distintas generaciones e incluso había personas católicas que protestaban contra la actitud del gobierno de Aznar tratando de imitar a Bush'.

'Cada etapa tiene su versión y su contexto, desde mi punto de vista, sí que hay distinciones entre las protestas actuales y las manifestaciones contra la guerra de Irak, que era sobre un tema más global. Actualmente, las manifestaciones están más divididas en respuesta a la política del shock, unen lo global y lo local'.

'Las manifestaciones contra la guerra de Irak fueron las primeras reacciones contra el gobierno de Aznar, supusieron una respuesta de la ciudadanía que finalmente trajo cambios: la retirada de las tropas y el cambio de Gobierno, pero por desgracia no supusieron la organización de la ciudadanía en una red pacifista organizada. Las protestas actuales sí que van a traer cambios en la organización de la sociedad en dentro de la clase política'.

'Fue un gran impacto, estuve presente, no nos movimos. Yo estaba en la zona del Paseo del Prado y había tanta gente que no conseguí llegar a Sol e incluso llegaron a sacar a gente del recorrido porque aquello se había hecho imposible. Después ha habido muchas como la del 11 de marzo, el 15m, pero esa fue especial. Fue la primera expresión de rechazo, la primera respuesta de los ciudadanos al gobierno. Había tanta gente que incluso los trenes, el transporte estaba colapsado. Esta manifestación puso el listón muy alto, marco el futuro  de la respuesta de  de los ciudadanos en lo que se refiere a la intensidad… Marcó sin duda un punto de inflexión'.

'Asistí a la manifestación en Madrid que fue absolutamente multitudinaria. Fue un punto de unión, fue muy emocionante. Estaba compuesta por gente de todo tipo de ideologías, de su padre y de su madre, supuso el principio de la resistencia de los ciudadanos a los engaños y las mentiras de los políticos. Esta manifestación supuso un punto de inflexión, un catalizador para que los ciudadanos cobraran voz. Para mi esto fue el germen de todo lo que ha venido después: las mareas, el 15 M, la plataforma de afectados por la hipoteca'.

'Participé en el 'no a la guerra' como millones de personas en Barcelona, fue un movimiento de amplitud grande ya que generó simpatía y apoyo masivo. Estaba Fundamentado en dos corrientes: por una parte en el movimiento anticapitalista que surgía para condenar el sistema económico, y por otra contra el gobierno de Aznar. Hay muchas diferencias con los movimientos sociales actuales, el movimiento contra la Guerra de Irak fue un movimiento más amable, de solidaridad, ya que todavía la situación económica se sostenía y el Gobierno no estaba tan deslegitimado como está ahora. Fue un movimiento puntual contra una guerra injusta que sacó a relucir lo superficial del descontento de la población. Sin embargo, el movimiento actual no es de solidaridad sino de hastío por lo que se vive en propia carne'.

“Nosotros lo que entendimos como asociación de jueces que la legalidad internacional fue vulnerada con una guerra injusta apoyada por EEUU y España en contra de la ciudadanía. Estaba claro que era una guerra ilegal que vulneraba los derechos humanos y que se salía de lo pactado en organismos internacionales como la ONU. Aquello era inaceptable, por eso nos manifestamos en contra y firmamos el manifiesto.”

'En primer lugar, entendemos que se han confirmado las peores expectativas porque como ya era bien conocido en ese momento los motivos de la guerra no tenían nada que ver con las inexistentes 'armas de destrucción masiva' ni con los derechos de los ciudadanos, y aún mas de las ciudadanas iraquíes.

Los resultados de la guerra en cuanto a la salud han sido terribles. El numero de muertes no se conoce bien y solo existen estimaciones: La encuesta Lancet 2006 de víctimas de la guerra de Irak calcula que en 654.965 los iraquíes muertos (rango de 392.979-942.636) desde marzo de 2003 hasta finales de junio de 2006. Ese número total de defunciones incluye todo el exceso muertes debido al aumento de la anarquía, la degradación de las infraestructuras, etc, e incluye civiles, militares e insurgentes muertos. Posteriormente, otra investigación de Opinión Research Business realizada en agosto de 2007 estimó en 1.220.580 las muertes violentas debido a la guerra de Irak (rango de 733158 a 1446063), cifras que en 2008 fueron corregidas con una estimación [] de 1.033.000 (rango de 946.000 a 1.120.000), sea cual sea la cifra real, demasiadas para unos objetivos básicamente comerciales y geopolíticos.

Además, esta el problema a medio y largo plazo de los contaminantes de los materiales explosivos utilizados, que producirán problemas de salud a medio y largo plazo. Así como el desplazamiento de grandes masas de población y la destrucción (todavía no resuelta) de los dispositivos sanitarios del país. Todo ello sin entrar en las sistemáticas violaciones de derechos humanos que se han producido y siguen produciéndose.

En resumen, se trato de una actuación injusta e ilegal con graves repercusiones para la salud de la población iraquí. Nuestra participación en el rechazo de esta guerra fue modesta pero entiendo que, vistas las consecuencias, perfectamente justificada'.

'En aquellos días estaba en la universidad y ya era afiliada al PSOE. Lo viví como militante y activista, para mí, para nosotros, fue un momento muy duro, ver a Aznar en esa foto de las Azores con Blair y Bush, representaba una España muy diferente a lo que queríamos. La gente percibió, percibimos, que nos estaban engañando, una de tantas mentiras, 'las armas de destrucción masiva'. Recuerdo perfectamente la noche de los Goya como un acto de rebeldía contra una Guerra injusta, y ante la manipulación de RTVE a la hora de informar sobre las movilizaciones ciudadanas. El no ciudadano fue rotundo, no queríamos que el nombre de nuestro país quedara manchado por participar en una guerra ideada sobre mentiras como las que el gobierno de Aznar intentó que creyéramos, como españoles no queríamos participar en un crimen ilegal, no queríamos ser cómplices. Para el PSOE y su militancia, sin duda, significó una demostración de dignidad y de principios, de humanismo y valores socialistas'.