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Donde esté el 'Marca' que se quite el 'Financial Times'

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Mariano Rajoy nunca ha dicho que su afición favorita sea ver los documentales de La 2. Ni que entretenga sus horas de ocio rastreando en internet los severos análisis del Financial Times o del Herald Tribune (edición para Europa), entre otras cosas porque no sabe inglés. El candidato del PP siempre ha admitido que el periódico que más le interesa es el deportivo Marca, que el ciclismo es su pasión, que es del Madrid y que durante años se supo de memoria las alineaciones de cualquier equipo de Primera División medianamente serio. Rajoy es un tipo normal al que le entretienen cosas normales, aunque su cargo le obligue a veces a morderse la lengua y guardarse sus verdaderas opiniones para la intimidad de la familia o los amigos.

En una reciente encuesta sobre los gustos cinematográficos de los candidatos, la revista Cinemanía preguntaba cuál era la película que más les había gustado de las vistas últimamente. Rajoy se atrevía a citar la controvertida El árbol de la vida, de Terrence Malick, aunque tomaba la precaución de advertir que en algunos momentos le parecía 'un poco lenta'. Es fácil imaginar qué significa la expresión 'un poco lenta' si en vez de decírsela a una revista se comenta en privado a un amigo o a tu mujer:

De niño sentía pasión por los trenes en miniatura y las novelas de Salgari

Ni se te ocurra, Viri, acercarte a ver El árbol de la vida. Menudo tostonazo el Terrence Malick ese.

Pero, Mariano, si he leído en una revista cuánto te había gustado.

Tampoco vas a creerte a estas alturas todo lo que publican los periódicos, ¿no?

Entre sus películas españolas favoritas Rajoy destacó El abuelo, de José Luis Garci, que en 1998 concurrió a los Oscar. El entonces ministro de Aznar estuvo en la ceremonia acompañando a su director. Aunque no sea una mala película, es raro citar entre las mejores películas del cine español una de hace 13 años y que además no se repone mucho. No sería extraño que Rajoy mintiera un poco al declarar tal preferencia, pero esa leve mentira le honraría al tratarse de un claro ejercicio de gratitud y buena educación: si a uno le invitan a la selecta gala de entrega de los Oscar, lo menos que puede hacer para corresponder es simular que la película cuyo director ha tenido la deferencia de invitarle a uno es de las mejores de la historia del cine. Es de personas de buen juicio poner la gratitud o la amistad por encima de la crítica de arte (siempre que no se sea crítico de arte, claro está).

De jovencito era muy aficionado a las novelas de Verne y de Salgari. Y tampoco se manejaba mal con el ajedrez. De niño también tenía pasión por los trenes en miniatura, como de mayor la tiene por la geografía, la historia, la novela negra, Cánovas del Castillo y los puros habanos, aunque nunca se deja fotografiar fumando. Los militantes antitabaco le perseguirían como si fuera un malvado de las novelas de Salgari. Últimamente camina rápido o hace bicicleta una hora diaria. No le entusiasma, pero le relaja. Es como ver El árbol de la vida, pero con la ventaja de que cuando se anda deprisa no se bosteza.