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Lo que ETA ha hecho a la izquierda abertzale

El Publiscopio sobre las declaraciones de ETA y la política antiterrorista presenta un panorama sombrío y de difíciles perspectivas

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El Publiscopio sobre las declaraciones de ETA y la política antiterrorista que se publica hoy, con submuestras representativas del País Vasco y de Navarra, presenta un panorama sombrío y de difíciles perspectivas.

Con el atentado de la T4 murió la esperanza en un final negociado

Sólo un 9,2% de los entrevistados considera que las declaraciones de ETA representan una oferta seria, mientras a un 81,7% le parece un engaño. Más significativo aún es que en las proporciones de respuestas del País Vasco sigue siendo mayoría clara la de quienes piensan que esto es un engaño más de ETA: así lo cree un 53% de los vascos, y sólo a un 28% le parecen serias las declaraciones. Incluso entre los votantes del PNV a más del 40% este cese de las acciones armadas les parece también un engaño.

Hasta qué punto es negativa la actitud dominante en el conjunto de España lo evidencia el que sean mayoría los partidarios de rechazar unas conversaciones del Gobierno con ETA aunque esta las ofreciese 'para terminar definitivamente con el terrorismo' (sólo el 35,6% es partidario de aceptarlas). Y aunque los vascos son mayoritariamente favorables a que se acepte esa oferta si se produjera, son mayoría entre ellos (y mucho más entre los navarros y el resto de los españoles) los que descartan cualquier negociación que no vaya precedida por la entrega de las armas y los que consideran inaceptable la reducción de las penas a los etarras encarcelados.

Actitudes muy pesimistas

En 2006, sólo un 42% pensaba que la tregua era una trampa de la banda

En la base de estas actitudes hay una visión muy pesimista de la situación, en la que se asume la falta de salida. La mayoría de la gente tanto en el resto de España como en el País Vasco y Navarra cree que no se logrará erradicar del todo el terrorismo con los medios policiales. Pero aún son más los que piensan que tampoco va a conseguirse que ETA abandone la violencia por la vía de la negociación. La mayoría asume que ETA es decir, el terrorismo, porque no se concibe a ETA más que como organización terrorista continuará existiendo.

Para valorar bien estos datos hay que tomar algunas referencias en las actitudes anteriores a la tregua de 2006, lo que puede darnos idea de la evolución producida.

En el barómetro del CIS de abril de ese año, tras el anuncio del precedente alto el fuego de ETA, la noticia era acogida con esperanza por el 43% de la población española y con escepticismo por el 54%. También un 43% consideraba probable que con aquella propuesta se pudiera llegar a una solución definitiva del terrorismo. Esos resultados mejoraban mucho los del barómetro de septiembre de 1998, realizado después de la tregua anterior, en el que los escépticos eran un 61%; los esperanzados, un 32%, y sólo a un 28% le parecía probable que con ello se pudiera llegar a solucionar el problema.

Se ha reducido el margen de Batasuna y el del Gobierno

En una encuesta no publicada, realizada meses antes de la tregua de 2006, con una formulación de las preguntas más parecida a la de este Publiscopio, la mayoría de los entrevistados fuera de Euskadi y Navarra consideraba que una declaración en la que ETA anunciase su voluntad de dejar las armas debería ser tomada en serio, y sólo un 42% pensaba que sería un engaño. Hoy, las declaraciones de ETA le parece un engañoal 84% de esa población. En aquella encuesta de hace cinco años le parecía probable que se terminase con el terrorismo mediante una negociación al 46% de los entrevistados. Hoy, a menos de la mitad.

Demasiados pasos atrás

Los resultados de este Publiscopio hacen patente la involución que se ha producido en las actitudes de los ciudadanos respecto a una solución negociada. Las posiciones actuales dejan muy escaso margen al Gobierno para responder a las llamadas a la negociación que pudieran llegarle de la izquierda abertzale o de los mediadores internacionales. Y a la vez se ha reducido al mínimo el margen que le queda a la izquierda abertzale, no sólo para impulsar una solución negociada, sino también para encontrar vías que le permitan participar en las elecciones.

Sólo se necesita un poco de sentido común ausente en el delirio de ETA para comprender que este es el resultado de la ruptura de la última tregua con el atentado de Barajas. Bajo los cascotes del aparcamiento de la T4 no sólo murieron dos inocentes, sino también la esperanza de mucha gente en que el final del terrorismo llegara por vía negociada.

Sepultada por ETA bajo los cascotes quedó también la estrategia de futuro de la izquierda abertzale, que ya sólo parece viable y aún con grandes dificultades en la opinión pública cuando ETA abandone definitivamente las armas.