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ETA se resiste a ceder el liderazgo a su brazo político

La banda no asume su falta de apoyo en la izquierda abertzale y obstaculiza sus planes para concurrir a las elecciones. Los jefes de ETA y su brazo político se disputan el liderazgo desde el fin del último proceso de paz

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La resistencia de ETA a ceder a Batasuna el timón de la izquierda abertzale está retrasando el proceso dialogado para el final de la violencia y obstaculizando seriamente la que iba a ser una de sus primeras metas, el regreso a la legalidad de la formación política y su participación en los comicios municipales de mayo. Tras la euforia en la izquierda abertzale por el anuncio del cese de las 'acciones armadas ofensivas' por parte de ETA, el contenido de los tres pronunciamientos de septiembre ha supuesto un jarro de agua fría sobre las expectativas de un anuncio de fin irreversible de la violencia y el consiguiente relevo en la vanguardia del MLNV.

La negativa de ETA a declarar el alto el fuego 'unilateral, permanente y verificable' es sólo el último episodio de una disputa que hunde sus raíces en el proceso de paz de 2006, cuando los jefes de la banda impusieron sus condiciones y desautorizaron a los representantes de Batasuna en las conversaciones de Loiola. Algunos expertos toman ya el ejemplo irlandés y sitúan en el bombazo de la T-4 el nacimiento de la 'ETA auténtica', en referencia a una banda terrorista cada día más débil y que sobrevive sin apenas apoyo social.

Interior, por su parte, advierte de que la banda planea el regreso a los atentados aduciendo que no son satisfechas sus demandas de negociación. De esa forma, se volvería a presentar ante las bases como la única garante de la lucha por la independencia e intentaría recuperar el liderazgo perdido. Estos son los principales hitos de la soterrada lucha de poder librada en el último año por Batasuna y ETA a través de documentos internos, correspondencia entre las partes y declaraciones públicas.

El bando liderado por Arnaldo Otegi optó por la vía de los hechos consumados y, sin el visto bueno de ETA, demandó el voto para Solidaridad entre los Pueblos en las elecciones europeas de junio de 2009. La banda había ordenado la coalición con EA como primera opción y, en su defecto, una lista priopia con el nombre de Euskal Herria Aurrera (EHA). La última opción sería llamar a la abstención.

Los recelos que despertó en la banda esta decisión aparecen recogidos en una misiva incautada: '¿Dónde se toman las decisiones? ¿Hay alguien desarrollando una línea fuera de la dirección? Nosotros no andamos con la intención de buscar el enemigo dentro de casa, pero una vez leídas las comunicaciones y las actas, se nos hace difícil ver el recorrido para llegar a esta decisión, si no es que la legalidad nos ciega y aparecemos dispuestos a separarnos del recorrido de diez años de estrategia nacional en pago por ello'.

Batasuna intentaba en la primavera de 2009 recuperar el espacio político y social perdido por la ilegalización abriendo un debate entre sus bases sobre lo que debería ser el 'nuevo proceso democrático'. Pero ya desde los primeros borradores, ETA mostró su disconformidad: 'Nos irrita enormemente que se siga debatiendo sobre un modelo de proceso que no es compartido por la Organización'.

Tras la T-4 surge la ETA auténtica', cada vez más débil y sin apoyo social

'Los diseños profundos y concretos del proceso democrático los concreta ETA (...) Todo lo demas pueden ser diseños de procesos democráticos sin ETA, no los de ETA', recogía abiertamente una carta de junio de 2009. 'La Izquierda Abertzale, sus responsables y las estructuras no se tienen que meter en los altos niveles de definición del Proceso Democrático, no les corresponde a ellos, y además, no es la prioridad de este momento', añadía. El propio Otegi fue reprendido por ETA en una reunión mantenida el 27 de julio en Ezpelette.

Una operación policial acabó en octubre de 2009 con el intento de la izquierda abertzale por resucitar su dirección política. A pesar de la detención de sus líderes, el texto que había preparado Batasuna para el debate, Clarificando la fase política y la estrategia, llegó a ser debatido y apoyado mayoritariamente en las asambleas. Sólo Segi y Askatasuna mostraron un apoyo inquebrantable a ETA, con un consenso en su seno que ya no mantienen.

No obstante, la banda intentó irrumpir en las reuniones con otra ponencia, Mugarri (hitos). 'Para que los pasos que se den en el proceso democrático sean respetados y las condiciones necesarias sean democráticas, es imprescindible que haya negociación y acuerdo entre la Organización y el Estado', decía ETA en su texto. La banda exigía una negociación antes de declarar una tregua definitiva y Batasuna invertía los términos, una cuestión aún pendiente de zanjar.

ETA sólo recibió el apoyo de Segi y Askatasuna en las asambleas

La operación policial aceleró los planes de Batasuna y el 2 de noviembre su líder en libertad con más peso, Rufi Etxeberria, concedía una entrevista a Gara con un inédito mensaje a ETA: 'Es tiempo de recoger el fruto de largos años de lucha y no para dejarlo perder'.

Ese mismo mes, Batasuna concretaba la propuesta de Alsasua, que defendía llevar la 'confrontación con el Estado al terreno político' y asumía los principios Mitchell, tomados del proceso de paz en Irlanda del Norte y que incluyen un compromiso de renunciar a la violencia para conseguir objetivos políticos. En febrero, Batasuna presentaba Zutik Euskal Herria, consecuencia del debate entre sus bases y resolución en la que se apuesta por 'el uso de vías y medios exclusivamente políticos y democráticos'. En abril, otra declaración, la de Pamplona, emplazaba además a ETA a declarar un alto el fuego y le reprochaba por primera vez la ruptura de la última tregua.

Las cárceles fueron el primer ámbito en el que Interior detectó el malestar que había provocado la ruptura de la anterior tregua. Comenzó entonces una política que acercaba al País Vasco a los reclusos que se mostraban en contra de la violencia. En este sentido, la operación que más daño ha hecho a ETA a este lado de la frontera ha sido la desarticulación del subaparato H-Alboka, que la banda utilizaba para controlar al colectivo de presos.

El atentado de la T-4 pudo suponer el principio de la 'ETA auténtica'

En la documentación incautada a los abogados que presuntamente lideraban esa estructura aparece el acta de una reunión reunión del pasado enero entre el EPPK, el órgano de ETA en las cárceles, y Batasuna, en la que se valoró la posibilidad de expulsar a Otegi por 'la disidencia mostrada'. La dirección de los presos lo acusaba de crear 'mal ambiente' y de obstaculizar el reparto de la ponencia oficial de ETA. La banda ha expulsado a varios reclusos disidentes en los últimos meses, pero no se ha atrevido a desterrar al líder de Batasuna, dentro de la particular medición de fuerzas que uno de los bandos hace del otro.

Por fin, el 5 de septiembre llegó el comunicado de ETA. En él, la banda no declaraba una tregua permantente y verificable, como ya le pedía abiertamente Batasuna, pero ésta hizo una lectura muy positiva e interpretó públicamente que su demanda era satisfecha. Ekin mantuvo una reunión interna a la semana siguiente y levantó acta del encuentro. En un lápiz de memoria incautado por la Guardia Civil se leía: 'la lectura que hace Batasuna del comunicado de ETA va más allá: Dijo lo que la Organización no dijo'.

Desde entonces, Batasuna ha sumado el calificativo 'unilateral' a su petición de alto el fuego, condición que ponía Aralar para adherirse al acuerdo de Gernika. En el documento de ETA Euskal Herria hacia su independencia, de agosto de 2009, la banda apuesta por 'fulminar' a la formación que lidera Patxi Zabaleta.

'No andamos con la intención de buscar enemigos en casa', escribió la banda

En ese mismo documento, distingue entre 'aliados internacionales' y mediadores. De éstos últimos advierte que sólo quieren 'un proceso vacío', que se base únicamente en el 'desarme' de la banda. Los firmantes de la Declaración de Bruselas han vuelto a insistir a ETA en que debe dejar denitivamente las armas.

La negativa de ETA a declarar el alto el fuego 'unilateral, permanente y verificable' es sólo el último episodio de una disputa que hunde sus raíces en el proceso de paz de 2006, cuando los jefes de la banda impusieron sus condiciones y desautorizaron a los representantes de Batasuna en las conversaciones de Loiola. Algunos expertos toman ya el ejemplo irlandés y sitúan en el bombazo de la T-4 el nacimiento de la 'ETA auténtica', en referencia a una banda terrorista cada día más débil y que sobrevive sin apenas apoyo social.

Interior, por su parte, advierte de que la banda planea el regreso a los atentados aduciendo que no son satisfechas sus demandas de negociación. De esa forma, se volvería a presentar ante las bases como la única garante de la lucha por la independencia e intentaría recuperar el liderazgo perdido.

Estos son los principales hitos de la soterrada lucha de poder librada en el último año por Batasuna y ETA a través de documentos internos, correspondencia entre las partes y declaraciones públicas.