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El "eterno agradecimiento" al suicidio acompañado

Los voluntarios relatan el acompañamiento en el suicidio

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Rebañó la taza, temía que los fármacos no le hicieran efecto y dijo: "Es el mejor postre de mi vida, el último. Estoy tan contenta". Así terminó sus días una de las cinco personas que en 2010 recurrieron a la asociación Derecho a Morir Dignamente (Dmd) para que les acompañara en su suicidio. Todas tenían los días contados. Sabían que su enfermedad avanzaría, más o menos rápida, hasta dejarles conectados a un respirador, inmóviles en una cama, quizá sin conciencia ni razón.

Antes de morir, narraron sus vidas, sus miedos, sus preocupaciones, sus juergas, sus amores. Todo. "Reflexionan en voz alta", explican dos voluntarios de Dmd. La dosis letal de pastillas se machaca y se suele mezclar con leche o yogur. "Cuando las toman, siguen hablando. A medida que pasan los minutos, se van apagando, se les cierran los ojos, hablan cada vez más lento, hasta que no se les entiende. Entonces callan. Roncan. Al cabo de unas tres horas dejan de respirar", explica una voluntaria.

"Se muestran eternamente agradecidos porque se les acompañe. Por el acto mismo de ingerir la pócima, de poder despedirse, de sentarse, de tener un ambiente más humano. Y por la seguridad de saber que va a salir bien, de que acabarán muriendo", explican los voluntarios.

El suicidio acompañado fue su forma de tomarle la delantera a la enfermedad

El suicidio acompañado fue su forma de tomarle la delantera a la enfermedad. De negarse al declive progresivo y cruel, al dolor y al sufrimiento. Qué más da antes que después. De todos modos, no hay futuro. El poco que hay es corto y muy negro.

"Lo tienen muy claro, pero les preocupa dejarlo todo arreglado tras su muerte", explican en la asociación. No quieren poner en un compromiso a sus familiares, quieren dejar atada su herencia. No quieren que nadie sufra por ellos. El suicidio acompañado legalmente, explican en Dmd, no supone problema. Lo único que hace la asociación es comunicar a los pacientes qué combinación de fármacos y en qué cantidades acabarán con sus vidas. Y acompañarles en sus últimas horas. Escucharles. Lo que está prohibido es ayudar al suicidio de forma activa, como sería inyectar un combinado mortal. Eso sería eutanasia, penada.

De todos modos, en el suicidio acompañado no vale todo, explican en Dmd. No basta con tener un arranque y estar cansado de vivir. Es necesario que la decisión sea madura y tener una enfermedad terminal, sin cura.