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Exabruptos para superar al PP

Duran i Lleida afila su discurso ante la amenaza de ser superado por los conservadores el 20-N

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Josep Antoni Duran i Lleida (Alcampell, Huesca, 1952) cuenta con la sempiterna vitola de ser el político mejor valorado de España. Las encuestas del CIS así lo confirman oleada tras oleada. Más preocupado por otras encuestas, el número dos de CiU lleva 15 días instalado en el ojo del huracán.

Tras un año de encadenar éxitos arrolladores como el de noviembre pasado en las elecciones al Parlament, o históricos como el de las municipales de mayo, la federación nacionalista de CiU, que nunca había tenido tanto poder como ahora, afrontaba las generales del 20-N como la oportunidad histórica de derrotar al PSC por primera vez. Pero el escenario ha cambiado drásticamente: según la encuesta publicada esta semana por La Vanguardia, Duran i Lleida no sólo queda lejos de superar al PSC de Carme Chacón, sino que está por debajo del PP. Si este sorpasso se produjera, el presidente de Unió Democràtica que en 2004 y 2008 obtuvo los segundos peores resultados de la historia de la federación cargaría con la losa de ser el primer candidato de CiU que ha sido derrotado por un conservador en unas elecciones generales. 'Sí, sería un fracaso y una mala noticia para CiU y para Catalunya', admitió este lunes, tras conocer los sondeos.

Esta sobrevenida rivalidad con el PP es lo que explica, según diversas fuentes parlamentarias, el discurso agresivo de Duran i Lleida de la última semana. Además de referirse despectivamente a los jornaleros andaluces que cobran el PER como habituales de los bares, afirmó que la inmigración provoca la caída del precio de los inmuebles de los barrios donde viven y el descenso del nivel educativo de las escuelas a las que van. Subsidios e inmigración: cebo para votantes de la derecha.

A estas explosivas declaraciones que el Govern catalán ha hecho suyas sin crítica alguna se unen otras afirmaciones de calado. Duran sorprendió hace unas semanas a pocos y extraños explicando que José Luis Rodríguez Zapatero le había ofrecido ser ministro al inicio de esta legislatura y que él rehusó. Sus palabras, que levantaron sonrisas escépticas entre dirigentes de Convergència, recordaban su imagen de 'hombre de estado' y trataban de marcar distancias con un PSOE al que ha salvado en el Congreso en diversas votaciones clave durante los últimos meses. De nuevo, guiños a los votantes del PP.

Asimismo, el líder democristiano, de quien Alfonso Guerra ha recordado esta semana que vive en una suite del Hotel Palace de Madrid, organizó una rueda de prensa para asegurar que aguantará toda esta legislatura en Madrid sin volver a Catalunya. La aclaración no es gratuita: en Convergència circulan todo tipo de rumores sobre la forma en que Duran afrontará lo que para muchos debería ser ya el tramo final de su trayectoria política. A punto de cumplir 60 años y presidente de Unió desde 1987, tiene una gran influencia sobre el president de la Generalitat Artur Mas, pero sabe que el trono al que aspiró en su día el de Jordi Pujol es ahora inalcanzable: Mas ya avisó de que aspira a completar dos o tres mandatos, lo que le cierra las puertas al líder democristiano.

Para empeorar su situación, las encuestas vaticinan también una mayoría absoluta del PP en el Congreso, lo que minimiza el papel de socio imprescindible que Duran podría acabar jugando y reduce drásticamente sus posibilidades de lograr una nueva financiación basada en el pacto fiscal. Sus posibilidades de lucimiento, pues, serán escasas en la Cámara baja.

Si en muchos lugares de España ha sorprendido la locuacidad mostrada por Duran en los últimos días, no ocurre lo mismo en Catalunya. En los últimos meses se ha visto envuelto en todo tipo de polémicas: se ha defendido de las acusaciones de lobista, ha equiparado a los dos bandos combatientes en la Guerra Civil y soliviantó a un sector de su partido al afirmar que Unió no es un partido independentista. A raíz de este debate, Duran llegó a invadir el derecho a la intimidad de la vicepresidenta de la Generalitat, Joana Ortega, al asegurar que había votado no en la consulta independentista. Cuando le cuestionaron por qué había hecho público el sentido del voto de su colaboradora, fue explícito: 'Porque me da la gana'.

Esas controversias quedan ya lejos. El político mejor valorado de España tiene ahora una única preocupación: no pasar a la historia como el primer candidato de CiU a quien el PP superó en unas elecciones generales.