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Expertos piden un final como el de ETA p-m, pero sin pagar un 'precio'

La banda duplica la duración media de este tipo de organizaciones

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La edad media de una organización terrorista ronda los ocho años, pero, si entre su modus operandi se encuentra la negociación, puede alcanzar hasta los 25 años. En cualquier caso, ETA nacida en 1959, ya dobla ese cálculo, que expuso ayer la profesora Audrey Cronin, de The National War College estadounidense. Cronin fue una de las participantes en Los finales del terrorismo, unas jornadas organizadas por la Fundación Manuel Giménez Abad en las que expertos de varias nacionalidades expusieron los finales de otras bandas terroristas europeas: las Brigadas Rojas de Italia, el IRA irlandés y la Fracción del Ejército Rojo (RFA), la Baader-Meinhof alemana.

Ya fuera la rebelión social que despertó en Italia el secuestro y asesinato del ex primer ministro Aldo Moro; la combinación de justicia implacable y beneficios penitenciarios para la RFA, si se exceptúa el oscuro episodio del supuesto suicidio de toda su primera generación de líderes; o la negociación para los Acuerdos de Viernes Santo con el IRA, ninguna de estas recetas, aplicadas en el pasado a ETA, ha conducido al final de esta, según constataron los expertos.

El periodista Florencio Domínguez recuperó el nacimiento a finales de los setenta de la escisión ETA político-militar, por la voluntad de un grupo de militantes de crear un partido que actuara como 'vanguardia revolucionaria'. Domínguez reivindicó para ETA un final como el de ETA p-m en 1982, sin contraprestaciones políticas, pero sumándole un papel para las víctimas. En el caso del final de los poli-milis, las víctimas vieron cómo 'se hacía la vista gorda' con los delitos pendientes de aquellos que dejaban la violencia, aseguró.