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La factura más alta pagada por España en el exterior

En Afganistán han muerto 93 de las 162 personas fallecidas en misiones internacionales. El coste de la intervención supera los 2.000 millones

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Los soldados españoles participan en misiones internacionales desde 1989. En estas dos décadas, las Fuerzas Armadas han intervenido en medio centenar de operaciones, en las que se han desplegado alrededor de 130.000 efectivos. Las bajas militares ascienden a 162 y el coste económico ronda los 7.000 millones de euros. Con diferencia, la operación en Afganistán es la misión más costosa de la historia de España en vidas humanas, 93, y en recursos, más de 2.000 millones de euros.

La intervención en Afganistán, sin embargo, es la menos valorada por los españoles. En el último sondeo del Real Instituto Elcano sobre la valoración de la política exterior, realizado entre mayo y junio, sólo un 39% de los consultados percibía de forma positiva el despliegue en Afganistán y un 41% era partidario de la retirada completa. Entre otras razones, porque perciben un alto riesgo para los soldados. El 90% de los encuestados creía que el escenario es muy peligroso.

El atentado perpetrado por la insurgencia contra las fuerzas españolas en Qala i Naw el pasado miércoles, que acabó con la vida de dos guardias civiles y un intérprete, y la posterior revuelta de la población local haN devuelto a escena la reflexión sobre la presencia de las tropas españolas en Afganistán. El catedrático de Políticas de la Universitat de Barcelona Pere Vilanova recuerda que el debate está abierto en muchos países. Sin embargo, antes de tomar una decisión, 'hay que ver las razones por las que se fue' y evaluar los resultados.

El profesor de Relaciones Internacionales de la UNED Carlos Echevarría subraya que la misión acordada en 2001 por mandato de Naciones Unidas y comandada por la OTAN a partir de 2003 es 'legal y legítima y, aunque se alargue en el tiempo, hay una obligación de reconstruir el Estado afgano', en términos políticos, humanitarios y de seguridad. En la fuerza internacional desplegada en el país asiático, denominada ISAF, participan alrededor de 40 países.

Coincide en esta argumentación el responsable del departamento internacional de la Fundación Ideas, Antonio Estella: 'La misión debe continuar hasta que se cumplan los objetivos propuestos'. Entre otras razones porque, según señalan fuentes del Ministerio de Defensa, esta misión de 'imposición de la paz que se desarrolla en un escenario de conflicto' se inició 'para garantizar la seguridad en el mundo' tras los atentados del 11-S.

A veces se olvida, señalan esas fuentes, que 'un régimen opresor como el talibán exportaba terroristas al mundo'. Algo que esperan no vuelva a repetirse con la ayuda que las fuerzas internacionales están prestando al Gobierno afgano para la reconstrucción del país, la gobernabilidad y la formación de las Fuerzas de Seguridad. Unos objetivos que siguen intactos, explican en Defensa, si bien en 2009 se modificó la estrategia. Se fijaron tres ejes: acelerar el proceso de afganización (la transferencia del control militar y civil a los afganos), situar a la población en el centro de las prioridades y realizar esfuerzos en la reconstrucción.

Antonio Estella tiene claro que 'la estabilización de un país clave en el escenario geopolítico actual, como es Afganistán, es un objetivo absolutamente prioritario. Cuando la misión ISAF cumpla definitivamente sus objetivos, el mundo será mejor y eso no tiene precio'.

Lo cierto es que, hasta la fecha, el erario público ha destinado más de 2.000 millones de euros para costear las operaciones en Afganistán. En los últimos 20 años, el coste de todas las misiones de paz en el extranjero asciende a 7.000 millones, según el informe ¿Cómo se financian y cuánto le cuestan a España las misiones internacionales de paz?, de la coordinadora del departamento de seguridad y defensa de la Fundación Alternativas, Paulina Correa.

A Afganistán se destinaron 1.908 millones euros hasta finales de 2009, entre los fondos aportados durante la operación Libertad Duradera (2002-2004) y los empleados en la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF, en sus siglas en inglés). El coste, según explica Correa en su informe, se ha triplicado entre 2004 y 2009. 'Ha pasado de 122 millones de euros a 372 ', explica en el documento. Fuentes gubernamentales señalan que la cuantía siempre 'es proporcional a los efectivos y las condiciones de seguridad' de las tropas, cuyas unidades militares han ido incrementándose paulatinamente.

El contigente español estuvo formado inicialmente por 350 efectivos. Hoy, la cifra asciende hasta un tope de 1.511. Además, se ha inaugurado una nueva base en Qala i Naw, que ha supuesto mayores inversiones. Y en cuanto a las medidas de seguridad, se han enviado nuevos blindados, los RG31, mejor preparados para resistir las explosiones de minas y que sustituyen a los antiguos BMR.

Defensa afirma que las medidas de seguridad en la zona son altísimas. Son 'una preocupación prioritaria', insisten. Esto no impide que se sigan produciendo bajas. Desde que comenzó la operación, han perdido la vida 93 militares. Al comienzo de la operación, el mayor número de bajas se produjo en accidentes: en el del Yakovlev-42, murieron 62 militares, y en el del helicóptero Cougar, 17. Pero, a partir de mediados de 2006, la mayoría de bajas se ha debido a incidentes con la insurgencia afgana. 'Lo que están sufriendo nuestros compatriotas lo sufren diariamente otros países', señala Carlos Echevarría. El profesor explica que antes la región era más tranquila y critica el anuncio de retirada de EEUU porque 'traslada un mensaje de debilidad' que están aprovechando los talibanes para fomentar revueltas populares.

El incremento de incidentes, subrayan en Defensa, no significa que la operación sea un fracaso: 'Cuanto más extendemos la autoridad de las fuerzas afganas, más posibilidades hay de que se produzcan hostilidades de los insurgentes'.

La próxima evaluación de los resultados la realizarán los miembros de la coalición en la conferencia que celebrará la OTAN en Lisboa en noviembre. Ahí, se establecerán además los nuevos objetivos.

Vilanova explica que '2011 será el año clave para ver si se dan las condiciones para iniciar la retirada'. Para ello, aclara, es necesario que 'dejemos mínimamente preparada Afganistán. Que haya unas 'dotaciones públicas y un mínimo de gobernanza que puedan garantizar que no va a haber un sistema político que de forma organizada tenga relaciones con el terrorismo islamista'.