Publicado: 27.11.2012 12:36 |Actualizado: 27.11.2012 12:36

La fe por encima de la ciencia

El controvertido nombramiento del cardenal Cañizares como académico honorario de Medicina provoca la renuncia de un catedrático al sillón de la corporación.

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La fe se ha impuesto a la ciencia. El cardenal Antonio Cañizares, arzobispo de Toledo, no posee “sabiduría médica” ni prestigio científico pero desde el jueves pasado es académico de honor de la Real Academia de Medicina y Cirugía de Andalucía Oriental, con sede en Granada. ¿Sus méritos? Ninguno relacionado con la medicina o la ciencia que lo hiciera acreedor de tal distinción. El propio cardenal lo admitió en su discurso de ingreso: “No tengo méritos”, dijo. Pero los académicos que lo propusieron consideraron que su “pasión por la defensa de la vida” bastaba para formar parte de una institución meramente científica.

La decisión, como era de esperar, no gustó a todos. Guillermo Olagüe, catedrático de Historia de la Medicina de la Universidad de Granada, renunció inmediatamente a su sillón como numerario de la Academia de Medicina, donde ingresó en 1989, porque “la Academia es una entidad específica para el cultivo de la ciencia médica”. Y según Olagüe, Cañizares “carece de méritos médicos y científicos. Su único bagaje cultural es un conjunto de creencias religiosas, básicamente, dogmáticas, que están reñidas con la ciencia”,  explica a Público.

El ingreso del primado del papa como miembro de la Academia, una corporación privada que tiene su sede física en la Facultad de Medicina, rompe las normas que ha mantenido hasta ahora la institución, donde todos sus académicos de honor han sido personas cultivadoras de la medicina y reconocidas por su trayectoria científica. Esto “desvirtúa el sentido de la Academia”, señala Olagüe quien tiene las cosas muy claras: “No soy anticlerical y respeto las creencias religiosas, pero han de formar parte de la esfera privada y deslindarse de la actividad científica”.

De actividad científica ni siquiera se habló el jueves y el discurso de Cañizares, que fue arzobispo de Granada desde finales de 1997 hasta 2002, llevaba un título revelador: “La causa de la vida, cuestión crucial y decisiva del siglo XXI”.

Fue una intervención repleta de referencias al aborto, la eutanasia, el suicidio, las torturas, la esclavitud o la prostitución.

“Vivimos formas de agresión por la ciencia y la tecnología”, llegó a decir ante un foro del que también se sirvio para criticar el “laicismo imperante”, “la cultura de la muerte” y el desamparo de “la vida de los no nacidos y enfermos terminales”.

A Cañizares lo nombraron académico de honor “en nombre de su majestad el rey”. En el discurso de contestación al cardenal,  el catedrático de Microbiología y académico, Gonzalo Piedrola, destacó sus méritos eclesiásticos, sus gestiones para conseguir la devolución de los Libros Plúmbeos a la Abadía del Sacromonte, sus obras asistenciales, su afición por la festividad de San Lucas, patrón de Medicina, su “defensa de la vida” y de la  “protección de la vida embrionaria”.

“La defensa de la vida es la que le lleva a oponerse a los condones, aunque eso suponga extender el sida en África" “La defensa de la vida es la que le lleva a oponerse a los condones, aunque eso suponga extender el sida y la muerte en África, a la investigación con células madre y con embriones, aunque así deje de aliviarse mucho sufrimiento,  al aborto, aunque se niegue el derecho de las mujeres a decidir sobre sus propios cuerpos y al derecho sobre la propia muerte”, afirma el profesor de la Universidad y miembro de Granada Laica y UNI Laica, Juan Antonio Aguilera Mochón.

En su opinión, que una “prestigiosa Academia de Medicina respalde ese integrismo es incongruente y reprobable”. “Ha primado la promoción de las creencias particulares por encima del fomento de la Medicina al servicio de los ciudadanos y de la salvaguarda de los derechos humanos”, señala. El profesor considera que la Academia, como organismo privado, puede homenajear a quien quiera, pero critica que un acto de este tipo, “confesional y nada científico, sea acogido por la Facultad de Medicina y con la participación del decano”.