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Feijóo, primer presidente que llega a las urnas con el expediente en blanco

Enfrascada en sus luchas internas, el adelanto de las elecciones ha pillado con el paso cambiado a la oposición, que se presenta disgregada y con las encuestas en contra

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Es el candidato a la reelección que ha presentado en la historia reciente de Galicia el expediente más pobre en campaña electoral y, paradójicamente, las encuestas pronostican que obtendrá la mayoría absoluta el 21 de octubre por apenas un diputado. Incluso la gestión del déficit, su único y aparente logro, es objeto de discusión, hasta el punto de que ha sido acusado de trampear los presupuestos para entrar en el selecto club de las comunidades que han cuadrado las cuentas. 'Lo normal sería que el PP estuviese desahuciado y perdiese las elecciones', cree el filósofo Antón Baamonde. 'Sin embargo, no lo está porque la gente percibe que enfrente no hay solvencia'.

Alberto Núñez Feijóo poco tiene que ofrecer en campaña. Su único mérito, más allá de su cuestionada imagen de buen gestor, reside en haber adelantado las elecciones. Así se anticipó a un hipotético rescate y a nuevos recortes, a la vez que cogía desprevenidos a sus rivales, enfrascados en luchas internas. El PSdeG, acuciado por los plazos, erigió como cabeza de cartel a Pachi Vázquez, espantando unas primarias en las que estaban llamados a participar Francisco Caamaño y José Blanco. El BNG, sometido a un proceso de ruptura, siguió adelante con Francisco Jorquera, pero perdió apoyos por el tortuoso camino.

Los escindidos del frente nacionalista no han tenido tiempo, sin embargo, para dar a conocer a sus candidatos. Excluidos de los debates televisivos en la TVG, la calle no sabe a quién votará –salvo contadas excepciones– si elige la papeleta de Compromiso por Galicia o la de Alternativa Galega de Esquerdas, que recupera a Xosé Manuel Beiras, un tótem del galleguismo con posibilidades de ser elegido por A Coruña. Todavía es una incógnita cómo podrá afectar al PP la irrupción de Mario Conde en Pontevedra, donde también se estrena el exmilitante conservador Rafael Cuíña (CxG), pues el antaño banquero y hoy abanderado de la antipolítica no ha entrado en los sondeos, cuyos resultados únicamente coinciden en la victoria de Feijóo.

'El sector menos neocon del Partido Popular iría a Compromiso y Conde aglutinaría a los desafectos de la extrema derecha del PP y al Tea Party gallego, en contra del proceso de normalización lingüística y a favor del adelgazamiento de la administración autonómica', opina el analista político Manuel Barreiro. Está por ver el efecto en el PSdG de la Operación Pokemon, en la que han sido imputados el alcalde de Ourense y un exconcejal de Lugo. También ha salpicado al partido de la gaviota, aunque lo ocurrido en las pasadas elecciones municipales es desalentador: las urnas limpiaron el expediente de los conservadores implicados en la Operación Orquesta y, gracias al respaldo popular, los candidatos a la reelección lograron seguir aferrados a sus alcaldías. 'El PP ha demostrado tener cierta resistencia a los casos de corrupción, incluido el Gürtel', recuerda Domingos Sampedro, corresponsal político de La Voz de Galicia.


 

La clave está, según el periodista del diario coruñés, en la movilización. La desafección política ha calado en la ciudadanía y, como subraya Barreiro, 'aquí el segundo partido más importante es el de la abstención'. Los conservadores necesitan engrasar su maquinaria electoral, tan eficiente en tiempos de Manuel Fraga que hasta votaban los muertos. Los progresistas, recuperar para su causa a los que le retiraron el apoyo en las pasadas elecciones y a los que optaron por quedarse en casa. No tanto el PSdeG, que sufrió una sangría menor y mantuvo el número de escaños, como el BNG, que perdió más de 40.000 votos y un parlamentario, el que le valió a Feijóo para gobernar. 'El cambio probablemente dependerá de Beiras', vaticina Baamonde, quien piensa que puede arrastrar a los nacionalistas desencantados.

La oposición cuenta con suficientes cartas para envidar el resto, pero sobre la mesa no están las infraestructuras, el idioma, la educación, la sanidad o los servicios públicos. La sombra del paro, que en junio alcanzó el 21%, prácticamente el doble que antes de la llegada de Feijóo al poder, cubre la comunidad como un manto de helada negra. Unos emigran, otros se refugian en la familia y los más esperan nuevos contratos de trabajo como un maná que no llega.

El negocio del viento está paralizado, ya no porque el presidente de la Xunta suspendiese la concesión de parques del bipartito para organizar otro concurso, sino porque durante el procedimiento llegó la reducción de las subvenciones a las energías renovables por parte del Ministerio de Industria. Queda por pagar, a escote, las indemnizaciones a las empresas concesionarias perjudicadas, pues el Tribunal Superior de Xustiza de Galicia terminó considerando ilegal la anulación de Feijóo, quien hasta el momento tampoco ha acertado con el plan acuícola. Así, liberó el litoral para la instalación de piscifactorías, pero los grandes proyectos no se han materializado. 'Una decisión que, por otra parte, eliminaba los factores endógenos de la región, como la naturaleza y el paisaje, al desproteger zonas de la costa que deberían ser preservadas', explica el economista Marcelino Fernández Mallo, que ha abrazado la candidatura coruñesa de Compromiso.


 

Las protestas de los obreros que ven peligrar sus puestos, junto a las de los afectados por las preferentes, se han colado en la campaña del presidente. Si los de Alcoa reclaman una tarifa eléctrica competitiva para evitar el cierre de sus fábricas de aluminio, el sector naval no se cree la promesa oficial de que la petrolera mexicana Pemex haya encargado la construcción de dos barcos en los astilleros gallegos, ya que Feijóo esconde el supuesto contrato. 'Intenta precipitar y poner un altavoz en un futurible bastante improbable', considera Fernández Mallo. 'Explota lo poco que tiene, nada más que una posibilidad, y lo traslada a la ciudadanía como si fuese un éxito'.

Feijóo, según la mayoría de los analistas consultados, suspende en todas las materias. Xavier Vence, catedrático de Economía Aplicada de la Universidade de Santiago, no acierta a encontrar un aprobado en su expediente y cree que la imagen de tecnócrata solvente es 'una pura construcción propagandística'. Las cuentas de la comunidad, según él, se conocerán después de las elecciones. 'Entonces, sabremos cuál es la verdadera situación de la economía, porque hasta ahora han estado haciendo enjuagues con los presupuestos', añade Vence, que analiza la austeridad del candidato conservador desde dos puntos de vista. 'Es el resultado de una apuesta programática e ideológica que pasa por reducir el sector público desde una perspectiva neoliberal y, además, responde a la falta de ideas y a la capacidad de proyectar políticas sectoriales con proyectos de largo alcance', opina el economista de la USC.

Por o pese a ello, Mariano Rajoy lo ha puesto como ejemplo de líder capaz de entregar a tiempo los deberes del déficit, extrapolando a una región periférica su gestión estatal de la crisis: los comicios gallegos, vistos como la reválida de su Presidencia, o sea, de sus feroces recortes.

En definitiva, la lectura de unas elecciones autonómicas en clave centralista y capitalina, una cosa que gusta mucho en Madrid. Pero Feijóo, consciente de que el jefe del Ejecutivo no podría hacer otra cosa por él que empañar su campaña, se desmarcó de Rajoy desde la pegada de carteles.

Roberto Blanco Valdés, en cambio, prefiere pasar su gestión por el tamiz de la falta de recursos financieros. 'Ha tenido un margen muy pequeño de maniobra, haciendo frente a una situación inédita de crisis', explica el catedrático de Derecho Constitucional de la Universidade de Santiago, quien aprecia que, así y todo, resulta un político valorado en las encuestas. 'Su principal acierto fue ver que la deuda era un problema esencial. Los recortes que ha tenido que aplicar para controlar el déficit son razonables y no muy duros, por lo que el balance de la gestión del gasto es positivo', añade Blanco Valdés, quien le echa en cara que no haya afrontado algunos de los grandes problemas estructurales de la región: población envejecida, ordenación territorial, áreas metropolitanas... 'Más allá de insistir en que carece de dinero para gastar, no existe un proyecto de país', critica el profesor universitario. 'Lo que sucede es que la oposición tiene una escasísima credibilidad y el recuerdo del bipartito es muy malo'.


La alternativa, a su juicio, pasa por articular un discurso común para salvar las grandes diferencias entre progresistas y nacionalistas, aquella sensación de que en el anterior ejecutivo 'había dos gobiernos'. Vázquez y Jorquera, conscientes de que sería absurdo despellejarse mutuamente ante sus potenciales electores, optaron por el guante blanco en un debate televisivo a dos bandas y aprovecharon para presentar sus propuestas: nuevo modelo de financiación autonómica, creación de un banco público gallego, aumento de los créditos a pymes a través del Igape...

Es decir, más competencias y autogobierno en un clima de cooperación y entendimiento, opuesto al fantasma que avienta ante su audiencia Feijóo. 'En sus mítines, habla más del cuidado que viene el cuatripartito que de su gestión', explica Sampedro, 'porque no tiene grandes logros que ofrecer'.

Xavier Vence va más allá y trata de desmentir su virtuosismo con la tijera. 'El recorte del gasto ha sido selectivo' ya que, mientras la educación y la sanidad públicas sufren, 'se mantienen los convenios con colegios y hospitales concertados'. La investigación, a su vez, languidece y la cultura no hace pie. 'Algunos capítulos se han visto más cercenados que otros, pero es que el PP tenía como una de las bases de su proyecto minar un potencial cultural para ellos inoportuno', señala el experto en Economía.

En cuanto a la incapacidad para suplir los recursos con imaginación, denuncia la paralización de 'importantes iniciativas del bipartito que implicaban transformaciones de largo alcance (Banco de Terras, un grupo lácteo gallego...) para deslegitimar al ejecutivo anterior', así como el impulso para 'internacionalizar' las conserveras, que para Vence ha consistido en 'deslocalizar' la producción. 'Sólo ha atendido a los poderosos de la industria, a los lobbies, a Citroën y a las grandes eléctricas, como puso de manifiesto la paralización del concurso eólico para beneficiar a empresas afines'.

Respecto a la fusión de las cajas, basta recordar su agónico final: un banco rescatado que ha dejado un reguero de afectados por las preferentes y un puñado de directivos con retiros e indemnizaciones millonarios. Infelizmente, el adelanto de las elecciones desactivó la comisión de investigación del Parlamento, un escenario donde Feijóo no dudó en romper el consenso en materia lingüística. Mediante un decreto, cargó contra el gallego en las aulas, plegándose al dictado de asociaciones tan españolistas que llegaron a acusar al propio presidente de blando y permisivo con el idioma propio.

De esa forma, cabreó a muchos y no satisfizo a otros, sacándose de la manga un insólito campo de batalla que desplegó sobre una tierra en la que hasta su llegada, incluso con Fraga, había reinado el sentido común y la paz lingüística. Ahora toca ver si los gallegos votan con el corazón, la cabeza, el bolsillo o la lengua fuera.