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La fosa de la chica que sabía escribir

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La dentadura indica que es una mujer. Una pluma estilográfica negra junto a un minúsculo retazo de tela señala que se trata de una chica instruida. “Por la posición, seguramente la llevara en el bolsillo derecho de la blusa. La mujer es joven y no era habitual que una chica usara ese tipo de prenda, por lo que concluimos que era alguien que sabía leer y escribir”, explica a pie de fosa Elena Vera, arqueóloga de Arq Cuatro, encargada de la exhumación iniciada en el cementerio de Cazalla de la Sierra (Sevilla).

A menos de un metro de profundidad, el grupo de trabajo va descubriendo mucho más que simples huesos. Ya han sido localizados los primeros nueve cuerpos –cinco mujeres y cuatro hombres– de los aproximadamente 300 fusilados en ese lugar por los falangistas entre 1936 y 1937. El horror aún vive en los orificios producidos por los impactos de bala, en las manos atadas a la espalda, en los cráneos torcidos, en las rodillas fracturadas. Junto a los restos de la mujer, hay dos cuerpos superpuestos. El primero está boca abajo. Ahí siguen sus zapatillas negras de campo, intactas entre la tierra rocosa. No mide más de 49 centímetros. “La tierra se ha ido comiendo algunos huesos. Los cuerpos no están enteros”, afirma Inmaculada Carrasco, otra arqueóloga encargada del proyecto.

“Encontramos signos de que fueron obligados a agacharse antes de ser fusilados, y los lanzaban a la vez, sin el menor cuidado”, añade Carrasco. También han salido al descubierto hebillas y botones muy similares que evidencian que estaban uniformados y pertenecían a una misma milicia.

El dolor de los familiares

Manuel Castillo comienza a repasar fotografías junto a la fosa, de 21 por 5 metros y 2 de profundidad. Nunca conoció a su abuelo. “A mi madre le marcó tanto que me emociono muy rápido; ella tenía que llevar abrigo en agosto cada vez que pensaba en mi abuelo y yo de pequeño no lo entendía”, sostiene. Su abuelo, José García Galindo, era alcalde de Alanís de la Sierra, un pueblo vecino. “No quería esconderse. No había hecho nada malo. Luego se refugió en casa de un primo. Lo delataron y se acabó”. Tenía sólo 32 años.

La misma fosa guarda historias como las de los jornaleros José Campos, El Pepino, su mujer, Antonia González, y el jefe de estación de Renfe Pedro Doctor Arruga. “Vivir esto cada día desde las siete de la mañana resulta a ratos muy duro. Cuando te vienes abajo, la única forma de reponerse es darse una vuelta”, señalan las arqueólogas.

Aún quedan cinco niveles de tierras por descubrir. Según el historiador Antonio Jiménez Cubero, hay 169 fusilados documentados en ese cementerio y 300 desaparecidos, de entre 17 y 65 años. Una subvención de 54.000 euros otorgada por el Gobierno permitirá completar la primera parte del trabajo. “El apoyo del ayuntamiento con las excavadoras y los peones nos está permitiendo recortar muchos gastos”, asegura el presidente de la Asociación Memoria Histórica y Justicia de Andalucía, Rafael López. La firma de un convenio entre el Consistorio de Cazalla y la asociación permitió abrir una fosa que parecía condenada al olvido.