Público
Público

El furgón blindado (1ª parte)

Relato autobiográfico del último atraco perpetrado por su autor antes de entrar en prisión

Publicidad
Media: 0
Votos: 0

Todo comenzó en el verano del 97, triunfaban los estopa y los camela con su éxito 'Yo no puedo estar sin él'. Yo era un joven de 23 años al que le gustaba la marcha. En ese tiempo me juntaba con el Soria, el Tete y el Raúl, los 4 estábamos enganchados a la cocaína y la heroína, y para sufragar nuestros gastos nos dedicábamos a hacer pequeños atracos a sucursales de la CAM y de la CAJA MURCIA, sobre todo los días 27, que era cuando los pensionistas cobraban sus pagas.

Era día 25 y tenía que robar un coche. Mis preferidos eran los OPEL KADETT G.S.I de color oscuro. Solía colarme en los parquin de la plaza de los viejos con un 'tornas' (un destornillador grande), forzaba la cerradura, le hacía el puente, rompía el bloqueo y run, run fiesta.

Salí del parquin y me fui a buscar a Raúl, un chavalito de 21 años pero que tenía muchos huevos y un cerebro prodigioso, para que me ayudara a esconder el coche. Yo tenía los mandos a distancia de los garajes de ciudad jardín, plaza del pensionista y plaza de la Región murciana, así que nos fuimos al garaje de ciudad jardín, metimos el choche en la plaza 26 que era la que siempre estaba libre, le pusimos la lona y fuimos a ponernos la dósis diaria.

Forzaba la cerradura, le hacía el puente, rompía el bloqueo y run, run fiesta.

Día 26. Fuimos a la casa del Carlos 'el Mulero' , un chaval que se dedicaba al tráfico de armas. Yo tenía la ilusión de entrar a las sucursales con una escopeta de cañones recortados, si sólo entrábamos con una Beretta de 9mm me sentía desnudo.

Por la tarde nos reunimos en el parque de la compañía, el Tete, el Soria, el Raúl y yo. Repasamos el plan y nos fuimos a la casa del Tete, donde teníamos los caretas de gorila, las pistolas y ahora una Remington de cañones recortados.

Día 27. Quedamos en la tienda de tatuajes del Punki, un chaval muy legal que conocí en la cárcel. A las 7 de la mañana se fueron dejando caer, el Soria, el Tete y el Raúl, nos metimos unas rayas para quitarnos el mono y me fui a por el coche , las armas y las caretas de gorila.

A las 7:45 salimos rumbo a una Caja Murcia que hay en la plaza de Pio XII. Ya eran las 8 y la tensión se podía cortar, entraron 3 clientes a la caja y ésa era la oportunidad. Nos pusimos las caretas y nos bajamos del coche. Raúl, Tete y yo abrimos la puerta, cogí a una clienta, la encañoné y grité, '¡Esto es un atraco!'. El Raúl se metió en el bunquer y empezó a vaciar los billetes y los dos sacos de dinero que habían traído los de Prosegur.

El Tete mantenía a la gente con los brazos en alto. Salió el Raúl, salió el Tete y acto seguido solté a la mujer y salí disparado hacia el coche donde nos esperaba el Soria al volante, un fitipaldi de 16 años que era un experto en fugas.

Al llegar al coche empezó a sonar la alarma de la caja y partimos rumbo a la rambla del Carmen donde teníamos mi coche escondido, un Mercedes 190 gris oscuro. Metimos el Kadett en el canal y fuimos a la tienda del Punki a hacer la repartición. Este mes habíamos triunfado, 4 millones 800 mil pesetas, el reparto fue de un millón para cada uno y las 800 mil para el Punki por los servicios prestados.

Después de cada atraco, solíamos estaruna semana sin vernos y sin salir

Después de cada atraco, solíamos estar una semana sin vernos y sin salir. Para ello, acostumbrábamos a ir a casa de la gitana a pillar un montón de gramos e irnos a nuestra casa. Pero, a la bajada del piso en la 2º planta, dos gitanos tenían acojonado a punta de navaja a un tío bastante alto. Saqué la pistola y les ordené que lo dejaran. Los gitanos salieron corriendo piso abajo y el hombre gritó, '¡Cabrones!'. Acto seguido guardé el arma y le dije: 'Hola soy ‘el Dani' ¿ cómo estas?'. 'Ahora bien, gracias, soy Juan Cortés, guardia jurado y venía a pillar algo de farlopa y mira, querían robarme'. Yo le dije que para venir a estos sitios había que venir acompañado como nosotros, le presenté a mi gente y le pillamos unos gramos. Le dije que cuando quisiera pillar, que me llamara, y nos intercambiamos los números de móvil. En la puerta salimos una para cada lado y a nuestras casas.

Pasaron 4 días. Yo estaba escondido en un piso que tenía mi padre. Ya estaba un poco agobiado, cuando me suena el móvil, era el Juan, el guardia jurado. Me dijo si estaba libre y si podíamos vernos. Yo, rompiendo las reglas de estar una semana escondido, le dije que estaba libre y quedamos en la pastelería Rosales a las 20 horas.

Llegué primero, me tomé un whisky y a los 5 minutos llegó él, un tipo alto y fuerte. Se notaba a la legua que era un tipo elegante, educado, se tomó un café y nos fuimos a casa de la gitana, pillamos unos gramos y nos fuimos de fiesta. Según entraba el día, nos fuimos a comer y por la noche fuimos de ‘Lumis'. La fiesta siguió otros tres días. Regresé a mi piso a esconderme y, cómo no, a descansar. En ese período de tiempo de 4 días, no paraba de pensar en lo triste y solitaria que era mi vida y en el poco futuro que veía yo a la vida que llevaba.

El domingo me llamó Raúl. Me invitaba a comer. Fue una buena salida para pasar el día y cuando bajaba de mi piso, me sonó el móvil. Era el guardia jurado, me dijo que tenía una propuesta que ofrecerme, quedé con él en el restaurante de Ramón (donde había estado con Raúl), y me propuso solucionar mi futuro en una tirada. Yo le conté cómo nos buscábamos la vida y pensé que podíamos hacer un último atraco.

Me propuso que diéramos un palo:2 minutos, 250 millones de pesetas, 4 personas

Resultaba que el tío era guardia jurado de Prosegur, un vigilante de ‘Furgón Blindado'. Me propuso que diéramos un palo: 2 minutos, 250 millones de pesetas, 4 personas. En ese momento, vi mi futuro más claro, pero a la vez no era consciente del lío en el que me estaba metiendo.

Llamé al Tete y al Soria, pero éste último no contestaba. Resultó que le habían pillado en un control de la policía con 10 gramos de coca y que estaba en la cárcel de Sangonera la Verde. Llegó el Tete y me contó todo la movida del Soria. Fue de susto, ahora me faltaba un conductor, pero de los buenos.

Seguimos toda la tarde en el restaurante de Ramón emborrachándonos y ahogando las penas con whisky y coca. De repente, el Raúl dijo: 'Mi primo José'. '¿Como dices Raúl?'. 'Mi primo José se puede venir de conductor, es el tío más rápido que pueda haber en fugas, voy a llamarlo a ver si está libre esta noche y quedo con él. ¿Vale?'.

Así que llamó a su primo y, en cosa de media hora, se presentó un chaval joven de unos 23 años, moreno, de no alta estatura pero eso sí, muy educado. ¡Si conducía tan bien como hablaba, con éste al volante no había quien nos cogiera!. Decidimos salir a probarlo. Resultó que José llevaba un pedazo de Volkswagen Corrado, todo arreglado de tunning. Nos fuimos al centro del pueblo y salimos a 120, 130 del pueblo. No veas si conducía bien, parecía un demonio al volante, todo estaba arreglado.

Continuará...

Este relato ha sido publicado dentro de la sección 'Penitencia' de la 'La Oca Loca', revista lanzada en noviembre de 2005 por el Área de Formación del Centro penitenciario de Daroca. 'La Oca Loca', donde se publicará en los próximos días la segunda parte de 'El furgón blindado' —que narra hechos reales, aunque se han cambiado algunos nombres—, se ha convertido en la revista digital de centros penitenciarios de 17 comunidades autónomas, con la intención de abrir una vía de comunicación con el exterior.