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La Generalitat promoverá la integración en las empresas

La Ley de Acogida podría incluir medidas como más de un calendario laboral

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Durante años, la integración de extranjeros en Catalunya desde las instituciones públicas y privadas se redujo a impartir cursos de lengua catalana. Pero la realidad ha demostrado que esto no es suficiente. Si el trabajo es el primer lugar para la integración, también puede serlo para la exclusión. Esto es lo que pretende evitar la Generalitat de Catalunya con el proyecto de Ley de Acogida, que en breve enviará al Parlament para su aprobación.

El Govern ha empezado a negociar con la patronal y con los sindicatos aspectos de esta Ley de Acogida, que regulará la integración de inmigrantes en el ámbito de las empresas. 'Uno de los aspectos más interesantes de los que contempla la ley será conciliar las celebraciones religiosas; un obrero que se encuentre en ayunas con motivo del Ramadán corre un riesgo evidente si tiene que subir a un andamio o si tiene que manipular según qué tipo de maquinaria', explica Xavier Ibars, responsable de relaciones laborales de Fomento. ¿Cómo evaluar los resultados en el futuro? 'Con la tasa de rotación de los trabajadores: si es alta, puede no estar funcionando', responde Ibars.

El sindicato UGT promueve la flexibilización de las jornadas para armonizar el ámbito privado y el laboral. Es el caso de quienes requieren más días para viajar a su país por motivos de diversa índole (vacaciones, enfermedad o fallecimiento de un familiar) o canjear días festivos de la Navidad por el Ramadán.

'Incluir cláusulas específicas en los convenios puede ocasionar problemas. ¿Y si el familiar fallecido está en España? ¿Merece un permiso adicional que el resto de los trabajadores? Sería una discriminación positiva', afirma Raquel Gil, presidenta de la Asociación de Ayuda Mutua de Inmigrantes de Catalunya (Amic), entidad que depende de UGT.

La iniciativa de CCOO es más ambiciosa. Sugiere concertar con la Generalitat la creación de un registro público donde se inscriban las empresas que desarrollan sus propios planes. De prosperar, se haría un seguimiento de estos acuerdos, con evaluaciones semestrales. Además, se garantizará su difusión pública como ejemplo de práctica responsable y tan prestigiosa como la defensa del medio ambiente o la cooperación al desarrollo. Destaca que la experiencia deberá orientarse a todos los empleados por igual.

La compleja realidad de la inmigración en Catalunya requiere soluciones igualmente complejas. Como, por ejemplo, la elaboración de más de un calendario laboral. 'La mayoría de las fiestas son celebraciones católicas (ocho, de un total de 14). Cuando una persona entra en una empresa, sigue siendo persona, sea de donde sea, con la identidad que tenga', destaca Juan Manuel Tapia, responsable de negociación colectiva en CCOO.

Un abanico de culturas

Con 2.800 trabajadores (el 20% son extranjeros de 45 nacionalidades diferentes), es fácil encontrarse con lo bueno y lo malo derivado de este abanico de culturas. 'Están los racistas, que se cierran en banda, o los que afirman no serlo pero no quieren nada con los musulmanes', cuenta Montserrat Castillo, con más de diez años en la empresa Sony, en Viladecavalls (Barcelona). Añade: '¿Si hablas catalán trabajarás más? La empresa lo considera en función de la rentabilidad laboral'.

Por eso no lo dudó cuando Noël Climent, secretario sindical de CCOO en la factoría de la multinacional japonesa, le propuso participar en un curso de formación para afrontar esta situación, junto a otros 14 compañeros. Ella no fue la única española: el curso, de hecho, estaba dirigido a foráneos y autóctonos 'porque el desconocimiento es mutuo', cuenta el dirigente.

Durante 40 horas afrontaron sus propios miedos. 'Invitamos a representantes de asociaciones de africanos y latinoamericanos para que nos explicaran cómo son sus sociedades. Había que buscar temas en común para abrir ventanas de comunicación, como la sanidad, la familia y la educación de los niños', añade.

Formación para olvidar los guetos 

Las mesas del comedor se convirtieron en guetos porque “los negros apestaban y los musulmanes no podían recibir órdenes de las mujeres”. Algunos trabajadores de la fábrica de Sony en Viladecavalls (Vallès Occidental, Barcelona) convivían de esta manera con sus compañeros extranjeros, antes de que se hablara de integración y acogida.
“Muchas de estas situaciones responden a prejuicios. Como la trabajadora que se quejó del mal olor de un compañero africano: resultó que tenía un solo uniforme.

Por supuesto, no sabía que muchos de ellos desconocen sus derechos laborales o simplemente no dominan el idioma local”, explica Nöel Climent, secretario sindical de CCOO en la fábrica que la multinacional japonesa tiene en la localidad barcelonesa. El delegado sindical fue uno de los impulsores de que se impartieran cursos de integración en la empresa.

Esta experiencia, pionera en Catalunya, se realizó en la primavera de 2006 y será un modelo para los planes de acogida que el sindicato CCOO espera incluir por primera vez en la negociación de los convenios colectivos. Aunque la directiva de Sony no compartió la iniciativa en aquella ocasión, Climent no se desmotiva y va más lejos: “El esfuerzo no se pierde porque será útil a otras empresas”.

“No se puede bromear con algunos” 

Yirah, de Sierra Leona, cree en los cursos de integración  

Yirah Conteh tiene 36 años y vive en Catalunya desde hace siete. En Sierra Leona, país devastado por una guerra civil desde 1991, trabajó en la agricultura y en una fábrica de chocolates antes de emigrar. En la fábrica de Sony (Viladecavalls), se encarga de liar y transportar las cajas con los televisores.

“Algo común es el cabreo durante la faena, cuando un compañero no entiende a otro. Además del idioma, es el estilo de decir las cosas, saber cómo comunicarse y confrontar. Así, hasta que alguien no aguanta más y revienta. Con el curso esto mejoró, pero debe tener continuidad”, asegura Yirah.

Su colaboración es clave para resolver este tipo de conflictos, pues el 6% del personal es africano, es decir, 168 personas. “Me han hablado de discriminación hacia compañeros, pero yo nunca lo he visto. Hay algunos con los que no se puede bromear, con otros, sí”.