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Habría que ir espabilando

Parte de la generación hurtada de cultura política va a la protesta como consumidora

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Al 15-M le ha pasado en esta campaña (salvando las distancias) lo que a José Antonio Primo de Rivera en el primer franquismo. La omnipresencia del gran ausente. Ha estado ocurriendo un raro fenómeno de virtualidad por el cual toda la prensa ha dedicado espacios generosos a la protesta como voz autorizada en la campaña, mientras que esta se abstenía de ejercer en la calle el papel que previamente los periodistas le habíamos asignado.

Carlos Taibo sostiene, y yo me adhiero, que el 15-M alberga dos almas en su seno. Por un lado, están los movimientos sociales críticos que han adquirido más visibilidad gracias a la protesta, pero cuya labor es sostenida en el tiempo. Esta tradición incidiría más en los problemas económicos de la crisis. En el tema del reparto y la propiedad de la riqueza. Desde anticapitalistas a reformistas, todos consideran a bancos y mercados como los mayores culpables. Taibo dice que existe otra tradición, más vinculada a una clase media precarizada y frustrada, que centraría sus críticas en el sistema de representación, el régimen de partidos y, muy singularmente el bipartidismo. Quizá el colectivo más conocido de esta tradición sea Democracia Real Ya. No son, en absoluto, grupos estancos. Las reivindicaciones de unos y otros se contaminan si bien existirían prioridades intelectuales y de praxis política que los singularizan. Podemos añadir un tercer eje que sería el del mundo del trabajo. Maestros en Madrid y médicos en Catalunya son dos de las protestas más publicitadas.

Obstaculizar la ideología del recorte debería haber sido, creo, la prioridad

Descrito el panorama, me queda la pregunta sobre por qué las calles han estado tan silenciosas durante la campaña. Y mira que los periodistas contábamos con el efecto 15-Mpara ver si se nos animaban estos 15 días y nos podíamos ahorrar la crónica de la odiosa letanía de mítines y discursos. Ya sé que en Twitter se está muy calentito, pero uno ha visto la ocupación del puerto de Oakland, la plaza Syntagma, los estudiantes chilenos, la catedral de San Pablo en Londres y la persistencia de la protesta en Wall Street y siente cierta desazón. Se me dirá que el trabajo de fondo continúa, que las asambleas en los barrios siguen funcionando y que el proceso constituyente de un nuevo sujeto político sigue su curso de forma silenciosa pero tenaz. Y es verdad. Todo eso es cierto y valioso. Pero, ostras, que la ideología del recorte tiene toda la vía libre y está arrasando. Obstaculizar esta goleada de forma urgente debería haber sido, creo, una prioridad.

Yo tengo cierto temor a ese discurso hiperoptimista sobre el 15-M. Aquel que dice que ya tenemos creada una 'nueva subjetividad'. Que ya ha hemos trastocado todo el sistema de paradigmas de la transición. Que el señor Zuckerberg con su Facebook es ya un convencido trasunto de Trostky en pos de la revolución permanente. Que ya nada será lo mismo. Es cierto pero aún se parece demasiado a lo que teníamos. Vuelco a la derecha, gobiernos tecnocráticos en Europa y un aval para el PP basado en el que parece un masivo y popular triunfo. Temo que parte de esa generación que ha crecido hurtada de cultura política se enfrente a la protesta como consumidores. Es decir, que la prueban, disfrutan de la 'experiencia' y creen que ya basta. Que quizá consideren que la conciencia política consista en asumir una serie de performances y eslóganes brillantes. Eso aproximaría el 15-M a una ingeniosa campaña de marketing viral. Nada más lejos de la realidad.

Ya nada será lo mismo, pero aún se parece demasiado a lo que teníamos

Aunque visto en términos de coste-beneficio, hay que admitir que el 15-M en campaña ha sido un auténtico triunfador. Los partidos a la izquierda del PSOE lo han utilizado como marca blanca para arrimarle todo tipo de propuestas y gestos. La indudable pertinencia y popularidad han convertido al 15-M en la celebrity junto a la que todos quieren hacerse una foto. Guiado por la impaciencia propia de mi insultante juventud, uno creía que este era el momento para sepultar fácilmente el no-discurso de los candidatos, bajo toneladas de voces y propuestas. Bien pues por los estudiantes y manifestantes que han sacado de nuevo a la calle la acción de resistencia.