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"Hay que evitar el fundamentalismo en la lucha antidroga"

Baltasar Garzón reclama "agilizar aún más" la liquidación de los bienes del narcotráfico para que reviertan en las víctimas y en la ONG's

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Baltasar Garzón (Torres, Jaén, 1955) es el juez más conocido de España, pese a estar actualmente en excedencia, pero además es uno de los magistrados más comprometidos en la lucha contra la droga. Si bien como juez dirigió actuaciones emblemáticas contra el tráfico ilegal de estupefacientes, como las operaciones Nécora, contra el clan de los Oubiña, y Pitón, contra el de los Charlines, en su breve paso por la política, entre 1993 y 1994, también dejó huella.

Entonces, en su calidad de delegado del Plan Nacional sobre Drogas, fue el principal impulsor del fondo de bienes decomisados al narcotráfico, un instrumento que cambió la forma de luchar contra el tráfico de drogas a gran escala. En estos días, cuando el Plan Nacional sobre Drogas cumple su 25º aniversario, Garzón reflexiona sobre cómo abordar este problema, un debate siempre vivo, como ha demostrado recientemente el ex presidente Felipe González al hablar sobre la despenalización.

¿Cómo ha cambiado el abordaje del problema de las drogas en estos 25 años?

El cambio ha sido profundo en muchos sentidos, primero en el área de la concienciación. Desde que se creó el Plan en1985 hasta hoy, la sociedad ha ido integrando al drogodependiente y, de considerarlo como un delincuente, se ha ido hacia la conceptuación de que el problema no viene del que sufre la adicción, sino de las circunstancias que hacen que esa adicción se produzca. En segundo lugar, ha habido un gran avance gracias a que se ha desarrollado una política de Estado. Todos los grupos políticos, comunidades autónomas y organizaciones sociales han sido conscientes de que tenía que hacerse todo en coordinación, y eso ha sido un éxito que ha sido ejemplo en el mundo entero. También se ha evolucionado en la contención de los consumos y la efectividad frente al narcotráfico.

'Hay que combinar prevención y despenalización selectiva'

¿Cuál es hoy el principal problema?

Ahora la falta de visualización del fenómeno, que se traduce en que sólo un 1% de la población española considera el de las drogas un problema digno de atención, puede crear el riesgo de que una percepción muy triunfalista conduzca a un empeoramiento de la situación.

Hemos pasado de la alarma social por la heroína en los años 80 a la invisibilidad de la cocaína...

A eso me refería; el riesgo de pensar que se ha solucionado el problema porque no se vea a simple vista a la víctima en las calles se traduce en un riesgo de relajar las políticas de prevención. Afortunadamente, las ONG que se dedican a combatir el fenómeno son muy conscientes de ello. Lo que pasa es que esa falta de visibilización se traduce también en una falta de aporte económico y de apoyo a esas organizaciones que, pese a ser fundamentales, están pasando por un momento complicado por su financiación. Hay que ser muy conscientes de ello y, sobre todo ahora, darles el apoyo correspondiente.

¿Qué debe pesar más en la balanza, la prevención del consumo de drogas o la represión del tráfico?

'La invisibilidad del problema se traduce en falta de apoyo a las ONG'

En el combate contra las drogas siempre ha habido un aspecto preventivo y educativo que es fundamental, pero también tiene que haber una represión selectiva de las conductas. De hecho, combatir el narcotráfico de forma coordinada y con una dirección única fue uno de los grandes avances de los noventa, y hoy es una realidad. Además resulta básico agilizar aún más la liquidación de los bienes del narcotráfico a fin de que reviertan a favor de víctimas y organizaciones.

Recientemente se ha vuelto a suscitar el debate sobre la despenalización a raíz de unas declaraciones de Felipe González. ¿Cuál es su opinión al respecto?

Es una cuestión muy compleja. Como posición doctrinal o política se puede debatir. Yo me ubico en un nivel intermedio en el que, en primer lugar, no conduce a nada el debate si no tenemos claro lo que se persigue con él. En segundo lugar, el combate contra el crimen organizado, teniendo en cuenta que uno de sus instrumentos más potentes es el narcotráfico, no puede dejarse aislado en ese debate. Por tanto, yo no sé cuál será la solución ideal, pero desde luego la opción que se elija debe ser coordinada y estar dirigida a una consideración selectiva de conductas graves, compatibilizando con programas educativos, prevención y despenalización selectiva.

¿Hay que asumir que el problema de las drogas no desaparecerá nunca?

La cuestión comporta muchos elementos. Si se establece el límite en 15, habrá alguien que encuentre la posibilidad de negociar con el 14, y así sucesivamente. Por tanto, si no se consigue un pacto a nivel mundial, en un sentido diferente al que existe hoy, es muy difícil avanzar en este ámbito. Pero también es cierto que la configuración represiva actual del tráfico de drogas debería ser estudiada y reactualizada para adaptarse a las nuevas situaciones y dejar de lado ya esa especie de fundamentalismo que hay todavía en algunas instituciones.