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El hombre como aliado

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Acabar con la violencia contra las mujeres no es el trabajo de un día, ni siquiera de un año. Se requieren esfuerzos concentrados en muchos frentes, con gobiernos, organizaciones sin ánimo de lucro y todo tipo de líderes de la sociedad civil remando juntos en la misma dirección. Pero más importante si cabe es que se requiere aprovechar plenamente el potencial del grupo más grande y natural de aliados de la mujer: los hombres.

'Es necesario que hombres y mujeres trabajen de la mano'

Una de cada tres mujeres en todo el mundo es víctima de violencia de género a lo largo de su vida. En algunos países, esa cifra alcanza cotas del 70%. Aunque sucede a puerta cerrada, la violencia contra las mujeres tiene consecuencias para toda la sociedad, hombres y mujeres por igual.

Cuando las mujeres son maltratadas, los negocios cierran, los ingresos se reducen, las familias pasan hambre, y los niños interiorizan creencias y comportamientos que perpetúan el ciclo de violencia mientras crecen. Una sociedad que no es segura para las mujeres no es segura para nadie.

Por otro lado, la protección y educación de las niñas contribuye al crecimiento económico y ayuda a los países a prosperar. Así que los hombres y los niños deben tener un interés común en terminar con la violencia contra la mujer.

'La protección y educación de las niñas contribuye al crecimiento'

Ellos están en una posición única para ayudar a conseguirlo. En las sociedades donde las mujeres son marginadas, los hombres pueden argumentar la no violencia y la igualdad de género. Se pueden cuestionar las prácticas culturales nocivas que permiten la discriminación de género. A menudo digo que tenemos que dar el poder a las mujeres porque ningún país puede conseguir progresar económicamente si se deja a la mitad de la población atrás. Es igualmente cierto que ningún país puede detener la violencia contra la mujer con la otra mitad de la población relegada al banquillo.

Hay historias alrededor del mundo que demuestran cómo los hombres y los niños pueden participar y hablar en contra de la violencia de género. Una asociación con sede en Senegal, Tostan, ha adoptado este enfoque con respecto a la peligrosa costumbre de la mutilación genital femenina. Esta práctica causa dolor severo, hemorragias, infecciones, aumenta las complicaciones en el parto y puede causar infertilidad e incluso la muerte.

Tostan ha aprendido que el abandono de esta tradición de siglos de antigüedad debía ser una decisión colectiva y dirigida por la sociedad, con la participación de líderes de opinión masculinos. Así que se organizó un debate en un pueblo, en el que hombres y niños pudieran escuchar a sus madres y hermanas describir el dolor y los problemas de salud asociados a esta intervención. Finalmente, el pueblo votó para poner fin a la práctica.

Pero la historia no acaba aquí. Los líderes masculinos después viajaron a otros pueblos para explicar lo dañina que es la mutilación genital femenina y esas aldeas también votaron para poner fin a la práctica. En los dos años siguientes, el Gobierno de Senegal aprobó una ley que prohíbe la mutilación genital, y hoy Tostan ha ayudado a cerca de 5.000 comunidades de Senegal, Guinea, Gambia, Burkina Faso, y Somalia que han decidido abandonar la tradición.

En Afganistán, hombres líderes de la sociedad civil y religiosos están ayudando a crear conciencia y a cambiar actitudes profundamente arraigadas contra las mujeres. El ejemplo de un Mufti (líder islámico) local en Jalalabad es especialmente llamativo. Durante años, enseñó a sus seguidores que los derechos humanos eran una imposición occidental que violaba el Islam.

Hasta que asistió a un taller de capacitación con otros 250 líderes afganos locales que se centraba en los derechos de la mujer, la familia y los niños en el contexto de las enseñanzas musulmanas. Sus debates pusieron de relieve los beneficios de la igualdad de género y la importancia del respeto y la tolerancia a la diversidad en el Islam.

Hoy el Mufti no sólo ha cambiado sus creencias, sino que con frecuencia habla sobre cuestiones de derechos en sus sermones durante la oración del viernes y en su programa de radio regional. Se ha convertido en una voz poderosa de apoyo a las mujeres en Afganistán.

En el Departamento de Estado de Estados Unidos, estamos tomando medidas sobre el terreno: en el trabajo con las organizaciones no gubernamentales para enrolar a los hombres en la prevención de la violencia contra la mujer, en la promoción de las oportunidades económicas y empresariales para las mujeres y en la formación de cascos azules en actividades de concienciación y prevención de la violencia de género.

En lugares como la República Democrática del Congo, donde la violación en masa es abiertamente y en repetidas ocasiones utilizada como arma de guerra, estamos ayudando a concienciar de que tanto hombres como mujeres deben involucrarse en la investigación de la violencia sexual y dar prioridad a la protección de las mujeres y las niñas.

Hoy es el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Es un día para volver a comprometernos con la causa del cambio de actitudes y poner fin a todas las formas de violencia contra la mujer.

Este año también marca el 15 aniversario de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer en Pekín, donde el mundo estableció la conexión crítica entre los derechos de las mujeres y los derechos humanos, y el décimo aniversario de la Resolución 1.325 de la ONU sobre los vínculos entre las mujeres, la paz y la seguridad.

La eliminación de la discriminación de género y la violencia contra las mujeres es una lucha a largo plazo y un compromiso con el que todos debemos comprometernos. Con hombres y mujeres que trabajen de la mano, podemos poner fin a la epidemia de la violencia de género, persona a persona y comunidad a comunidad.

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