Publicado: 20.01.2014 07:00 |Actualizado: 20.01.2014 07:00

La insumisión se sigue castigando en Bilbao

Piden tres años de cárcel para un militante del Movimiento de Objeción de Conciencia (MOC) que participó en una acción no violenta contra el Ejército en la capital vizcaína

Publicidad
Media: 0
Votos: 0
Comentarios:

Iñigo Sanz fue uno de los miles de jóvenes que acabaron en la cárcel por negarse a realizar el servicio militar obligatorio. Corría 1996 y España aún castigaba a los que no querían hacer la mili. Su condena fue de dos años, cuatro meses y un día, aunque a los 14 meses abandonó la cárcel de Basauri y pudo volver a casa. 27 años después, un fiscal quiere que este antimilitarista pase otros tres años en prisión por haber participado en una "acción no violenta" contra una exposición del ejército en Bilbao. Su suerte se decidirá este martes en un juzgado de la capital vizcaína. "Nos parece increíble que esto pueda ocurrir en 2014", comentan desde el Movimiento de Objeción de Conciencia (MOC) de Euskadi, grupo al que pertenece el acusado desde hace más de 20 años.

Mientras aguarda que llegue el día señalado, Sanz continúa con su vida diaria, o al menos lo intenta. "Normalmente nos suelen multar por nuestras acciones, pero de ahí a llegar esta situación... No sabemos por qué, pero esta vez han decidido ir más allá", explica a Público. Para conocer el origen de esta historia hay que remontarse al 6 de diciembre de 2012, Día de la Constitución. En una jornada marcada por los actos oficiales, el MOC -que antes luchaba contra la mili y ahora sigue peleando contra las guerras- volvió a despertar la atención de los medios, aún en terreno enemigo: coincidiendo con la presentación de una muestra sobre el Regimiento de Infantería Garellano que se celebraba en unas instalaciones municipales, varios antimilitaristas lograron mezclarse entre los asistentes para reivindicar, al igual que otras tantas veces, la desaparición de los ejércitos.

Todo ocurrió en cuestión de minutos. "Dos compañeros se encadenaron a un jeep militar que formaba parte de la exposición. Mientras tanto, otros tres nos dedicamos a tirar panfletos con mensajes contra las guerras" rememora. Los activistas tenían muy presente el pasado y presente de este destacamento -actualmente ubicado en la localidad de Munguía-, que entonces celebraba su 125 aniversario. "El regimiento de Garellano -subraya- participó activamente en guerras como las de Cuba y Marruecos, tuvo tropas en Afganistán y reprimió al movimiento obrero".

"Suelen multarnos por las acciones, pero esta vez han ido más allá" Sus motivos no lograron persuadir a la Ertzaintza. Poco después de iniciar la protesta, Sanz y sus compañeros fueron sacados a rastras por la Policía autonómica, que apuntó los nombres, apellidos y DNI de cada uno de ellos. En medio del revuelo provocado por  los activistas, otros miembros del grupo aprovecharon la confusión para coger un casco que formaba parte de la muestra. Pocos días después, el MOC lo entregó al Museo de la Paz de Gernika, aunque con un significado radicalmente distinto: lo habían convertido en una maceta con flor incluida, símbolo de este colectivo. "Nuestra idea era convertirlo en un objeto civil", comenta Sanz.


La elección de Gernika como escenario para la reaparición del casco no fue casual. "Se trata de una localidad que fue víctima de la guerra, a raíz del brutal bombardeo de abril de 1937 -explica el acusado-. Además, allí está Astra, una antigua fábrica de armas convertida en un centro social, algo que nos gustaría que ocurriese con todas las industrias armamentísticas". Por tales motivos, los autores de esta acción decidieron presentar el casco transformado en maceta en las viejas instalaciones de Astra, acompañados por representantes de la cultura y del mundo educativo. De allí lo llevaron al Museo de la Paz, donde tuvo una estancia tan simbólica como efímera. "Según nos enteramos poco después, fue retirado por la Policía Municipal de Gernika y entregado a sus dueños", revela.

"Cuando fui a la sede judicial, me dijeron que estaba acusado de lesiones y atentado a la autoridad" Sin embargo, la historia no acabaría con la recuperación del casco por parte del ejército. Un día de la pasada primavera, Iñigo Sanz recibió una notificación de los juzgados de Bilbao. Creyó que sería la habitual multa por protestar contra las Fuerzas Armadas, pero se equivocaba. "Cuando fui a la sede judicial, me dijeron que estaba acusado de lesiones y atentado a la autoridad", relata. La denuncia había sido presentada por la Consejería de Seguridad del Gobierno Vasco, que acusa a este miembro del MOC de haberle retorcido un dedo a uno de los agentes. La Fiscalía no sólo comparte esta versión, sino que le pide tres años de cárcel.

Por su parte, el denunciado niega haber cometido cualquier tipo de agresión contra los ertzainas y reivindica el carácter pacífico de aquella protesta. "Cuando los policías ordenaron que saliéramos de la exposición -señala-, mis compañeros y yo nos tumbamos en el suelo. Supongo que al arrastrarnos se habrá lesionado un dedo, pero no me lo puede achacar a mí". El caso ha recaído en el juzgado número 4 de Bilbao, escenario del juicio previsto para este martes. "Si imperase el sentido común, debería valorarse que no hubo ningún tipo de violencia y que fue una acción de protesta, pero cuando uno enfrenta este tipo de juicios, el resultado suele ser bastante incierto", admite Sanz.

"La no violencia y la desobediencia civil contribuyen a transformar la sociedad"Independientemente de lo que decida la Justicia, el antimilitarista acudirá a la audiencia arropado por un largo número de personas y organizaciones que ya han mostrado su apoyo a través de firmas y cartas. Es el caso del centro para la mediación y regulación de conflictos Bakeola, que a través de una nota se solidarizó con el encausado y calificó como "profundamente injusto y antidemocrático que una acción de estas características sea considerada por las instituciones públicas como un atentado contra la autoridad".

En similares términos se expresó Gernika Gogoratuz, un centro de investigación sobre la paz afincado en esa histórica localidad. "El compromiso de Ignacio Sanz y su trayectoria en el MOC nos muestra que el camino de la no violencia y la desobediencia civil contribuyen a transformar la sociedad", manifestaron sus responsables en un comunicado. También se ofrecieron para declarar como testigos en el juicio del próximo martes, día en el que este antimilitarista volverá a enfrentarse a una pena de cárcel.