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IU avista el poder en Andalucía

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Izquierda Unida encara el último año de la legislatura andaluza con la expectativa, razonada y creíble, de convertirse en llave para la formación del Ejecutivo regional tras las autonómicas de 2012. Y también de poder formar parte, por primera vez, de un Ejecutivo en Andalucía, la comunidad más poblada de España. Es decir, con la posibilidad de tocar poder de verdad y acreditarse como partido de gobierno en una región que en 2011 gestiona un presupuesto de 31.700 millones de euros.

La última encuesta del Instituto de Estudios Sociales de Andalucía (IESA) otorga a la coalición una intención de voto del 8,2%, mejorando más de un punto sus dígitos de 2008. Como el resto de estudios, el IESA dibuja un panorama postelectoral en el que IU sube tímidamente, el PSOE baja abruptamente y el PP protagoniza tal remontada que tiene incluso opciones de convertir una mayoría absoluta socialista en otra conservadora. Ante la perspectiva de una victoria del PP insuficiente para gobernar, escenario asumido como más probable por IU, ¿qué haría la coalición?

La lógica invita a pensar que habrá pacto, como ya existen en Sevilla, Jaén y Córdoba. El PSOE ofrece indicios de un interés indisimulable. Sabedores de que sus opciones de gobierno pasan por IU, José Antonio Griñán y los suyos mantienen una línea discursiva suave como una caricia con su vecino de la izquierda. La cuestión es más incómoda para los dirigentes de IU, hartos de un debate que les quita votos por parecer sumisos al PSOE –si se muestran conciliadores– o por parecer útiles al PP –si son reticentes–. “Hablar de pacto sólo conviene a la derecha. Cuanto más tarde salga el tema, mejor”, opina un parlamentario.

Pero la cuestión flota ya en el ambiente. Y aún persiste en la memoria el periodo 1994-1996, cuando IU y el PP asediaron al menguado Gobierno de Manuel Chaves, mientras en Madrid Julio Anguita soñaba con el sorpasso que daría a los comunistas la hegemonía de la izquierda. Eran los tiempos de la pinza. Pero a IU le salió electoralmente muy cara la famosa estrategia de gobernar desde el Parlamento andaluz. En dos años pasó de 20 a 13 escaños. Cuatro años después pasaron a seis. Y ahí siguen.  

Líneas rojas

Del 94 al 96 el presidente del Parlamento andaluz fue Diego Valderas, hoy coordinador regional de IU, que pretende ser en 2012 candidato a la Presidencia de la Junta por tercera vez. “Creo que en el 94 nos pesó tanto el oponernos a la corrupción que no supimos entender el mensaje de cambio de la ciudadanía. Aquello nos sirve de lección”, dice. Valderas subraya que cualquier pacto pasaría por el “abandono de las políticas de derechas”, pero su discurso denota una proclividad al acuerdo que inquieta en ciertos sectores de la coalición, temerosos de que el PSOE vea la disponibilidad como un síntoma de debilidad.

La pregunta clave es: ¿Pacto a qué precio? El parlamentario José Manuel Mariscal, secretario general del PCA, opta por trazar gruesas líneas rojas por escrito. “Yo no quiero influir. Quiero cambiar Andalucía”, subraya. Si el discurso de Mariscal a lo largo de la legislatura ha ido un paso más allá en la exigencia de compromisos previos al pacto, el de Juan Manuel Sánchez Gordillo se sale de la tabla. No hay pacto posible para el parlamentario de IU, líder del nacionalista CUT-Bai y alcalde de Marinaleda (Sevilla).

“No nos engañemos. Con ocho o diez diputados, como mucho, no cambiaremos al Gobierno más neoliberal que ha habido en España. Y ser sus cómplices sería la muerte de IU. Quien pacta con el diablo acaba en el infierno”, dice Gordillo, cuya relación con Valderas salió deteriorada del enfrentamiento librado por ambos por ser cabeza de lista en Sevilla en las autonómicas de 2008. Aquella batalla la ganó Gordillo, un dirigente que ni oculta su condición de verso suelto ni tiene reparos en ignorar los intereses estratégicos de la coalición si no los comparte.  

Es lógico que a algunos en IU se les escape una risa nerviosa al plantear qué pasaría si el pacto en 2012 pendiera de un solo diputado.