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Japón vuelve a cambiar de líder en medio de la crisis

El ministro de Finanzas, Yoshihiko Noda, es elegido nuevo primer ministro

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El Partido Democrático de Japón (PDJ) votó ayer a Yoshihiko Noda nuevo primer ministro del país, el sexto en cinco años, tras la renuncia de Naoto Kan el pasado viernes. No está del todo claro, sin embargo, que Noda se haya tomado la confianza de sus colegas como algo de lo que sentirse afortunado.

Y es que al nuevo primer ministro le espera una agenda que aterrorizaría al más virtuoso estadista: tras el tsunami de marzo, debe organizar y financiar la mayor campaña de reconstrucción nacional desde la II Guerra Mundial, resolver la peor crisis nuclear desde Chernóbil y proteger la economía nacional de la apreciación del yen, que vive su cotización más alta en 70 años. Todo ello, por supuesto, sin olvidarse de unir a un Parlamento totalmente fracturado, incapaz de aportar un mínimo de estabilidad para sacar al país del abismo.

El sexto jefe de Gobierno en tan sólo cinco años anuncia ajustes duros

La elección de Noda (Funabashi, 1957) responde a motivos económicos más que ideológicos. Su apuesta como ministro por el rigor presupuestario y las políticas fiscales conservadoras le han allanado el camino frente a su máximo rival en la segunda vuelta, el ministro de Comercio Bani Kaneda, a quien ganó en las urnas por 215 votos a 177.

El nuevo primer ministro dejó claro ya en su primer discurso que no le temblará el pulso a la hora de apretar las tuercas al ciudadano si con ello consigue sacar a Japón del pozo: 'Si bien pondremos todos nuestros esfuerzos en reducir el número de diputados y recortar los gastos de los funcionarios, nos veremos obligados a pedir a los japoneses que arrimen el hombro [pagando más impuestos] si nuestros recursos fiscales son insuficientes', advirtió. Ya a mediados de este mes, Noda dio muestras de mano dura a través de su página web: 'Tras explotar la burbuja [a principios de los años noventa], los dirigentes nipones aplazaron las medidas que se necesitaban'.

La situación política y económica de Japón se podría adornar con multitud de adjetivos apocalípticos sin por ello pecar de amarillista. Desde que la burbuja inmobiliaria destrozara en los años noventa el 'milagro' japonés de los años ochenta y diera luz a la llamada 'generación perdida' de jóvenes, el país ha sido incapaz de asomar la cabeza.

La profunda crisis económica se ha agravado por la apreciación del yen

Hoy, Japón es el país con la deuda soberana más alta del mundo, que alcanzará este año el 233% de su PIB, según datos del FMI; su potente industria, basada en la exportación, sufre una grave crisis estructural y es incapaz de atraer inversiones. El tsunami del 11 de marzo y la posterior crisis nuclear no hicieron otra cosa que cebarse con un país internado en la UCI y añadirle una carga brutal que tal vez, con el tiempo, se revele imposible de soportar.

Para colmo de males, la crisis de la deuda estadounidense ha hecho que los mercados se hayan lanzado a comprar yenes, una divisa considerada desde siempre como un activo seguro, disparando con ello su valor hasta un máximo histórico que, para cerrar el círculo, está derrumbando las exportaciones y arrastrando a toda la industria, lo que ha obligado al Gobierno a intervenir para reequilibrar el valor del yen, lo que supone más déficit para las arcas y menos confianza de los mercados.

'Se supone que en las crisis surgen líderes. Por desgracia, eso no ha ocurrido en Japón, al menos por el momento. La mayor parte del tiempo encabeza el país gente que no tiene la suficiente firmeza. No se trata sólo de un problema de individuos, sino también de sistema político', indicó Noda en su página web hace dos semanas. Ahora por fin tendrá la posibilidad de demostrar su visión como líder. A menos, claro está, que no siga el mismo camino que sus cinco predecesores del PDJ, quienes apenas se han mantenido un año en el cargo de primer ministro.

Tras el tsunami se organiza la mayor reconstrucción desde la guerra

De hecho, la profunda crisis económica se ve alimentada por el despropósito político de Japón, un país gobernado por clanes de perfil casi mafioso y muy ricos, donde decenas de políticos tanto del PDJ como del Partido Liberal Democrático (PLD) se ven envueltos continuamente en casos de corrupción y trato de favor.

Noda aporta la novedad de un origen modesto, sin una gran fortuna detrás. Un inicio que, tratándose de Japón, puede considerarse prometedor.