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Javier Rojo: "La reforma del Senado es ya imposible, no hay un buen clima"

El presidente del Senado asegura que no está frustrado, pero sí contrariado porque la institución sigue sin ser la cámara de las comunidades autónomas

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Casi es prehistoria: 'Debemos iniciar cuanto antes el tránsito a un nuevo Senado', decía Javier Rojo el 2 de abril de 2004, nada más ser nombrado presidente de la Cámara Alta. Un 'empeño' que revalidó el 1 de abril de 2008, en su segunda investidura: 'Como prioridad debiéramos tratar de impulsar la reforma general de este Senado, para hacerlo más coherente con la realidad autonómica, más acorde con la España de hoy, en sus funciones, su composición y relevancia de su papel institucional'. Nada se ha cumplido. No existen los puentes entre PSOE y PP. La condena a la cámara se perpetúa. Una vez más.

Parece bastante improbable que se emprenda la reforma del Senado esta legislatura. ¿Se siente frustrado?

Seré más categórico. La reforma es ya bastante imposible. No sólo por la crisis. Es que no hay un buen clima, y esto requiere de un gran consenso. No me siento frustrado, sinceramente. He puesto lo mejor de mí mismo y no lo he logrado. Pero el que crea que el Senado es una cámara de pasado, yerra. Es de mucho futuro.

¿Usted ha empujado lo sufi-ciente? ¿Y el Gobierno?

Todos hemos hecho esfuerzos, pero este asunto es de gran calado, que requiere poner encima de la mesa muchos equilibrios: partidos, grupos parlamentarios, las comunidades, el Gobierno, las propias cámaras. Hace falta consenso, y lo que hoy hay es tensión. No ahorro la autocrítica, aunque tengo la conciencia muy tranquila. He hecho lo que debía hacer. Nadie negará que en estos seis años se ha dado un impulso importantísimo al Senado gracias a todo el hemiciclo, no sólo a mí, por supuesto.

'Es una cámara de futuro, si no existiera habría que inventarla'

Insisto, ¿las culpas se re-parten o las tiene más el PP?

Me debo a toda la cámara, y aunque tengo mi opinión, no participaré en los reproches. Confío en la sociedad. Y cada uno que saque sus conclusiones. Lo que sí haré es defender el Senado y defender que se cumpla la función que le asigna la Constitución del 78.

El PP señala que promovió la reforma en 1996 y se paró por los nacionalistas.

Echar la culpa siempre a otro. No caeré en eso. Pero aquí se han debatido iniciativas [de reforma] y unos han votado a favor y otros en contra.

Dice que no hay clima. ¿Cuándo lo va a haber? Tensiones las hay siempre.

No creo que se haya intentado de verdad. Y el clima es clave. No pido un camino de rosas, pero tampoco un precipicio.

¿Puede ser el Senado una cámara territorial sin que cambie la Constitución?

No, radicalmente no. Ya se intentó con la modificación del Reglamento de 1994, cuando se creó la Comisión General de las Comunidades Autónomas. Fue un avance importantísimo, como las conferencias sectoriales o las de presidentes. Pero la reforma del Senado, siguiendo el espíritu de 1978, requiere de reforma de la Constitución para definir sus funciones y decidir el método de elección. Y eso no se puede hacer vía reglamento.

Por tanto, ¿sigue creyendo que la reforma no es un ca-pricho y sí una obligación?

Desde luego. Estoy convencido de que veré la reforma. Todos llegaremos a la conclusión de que hay que hacerla. Falta una institución que sirva de bóveda, que articule mecanismos de cooperación, interconexión del Estado y las autonomías. Una cámara de cohesión, no de enfrentamiento.

«España es un gran mosaico, quien crea que es de un solo color se equivoca»

¿La crisis es óbice para que se aborde la reforma?

Deberían responder otros. La crisis no puede paralizar el quehacer del día a día.

¿Le han preguntado por la calle para qué sirve el Senado? ¿No le dice algo?

Esa pregunta se repite en todos los países con segunda cámara, no sólo en España. Si no existiese el Senado, habría que inventarlo. Lo exige la realidad política y social del país. Aquí se modifica más del 90% de las leyes que vienen del Congreso. Aunque sólo fuera por eso, su existencia está justificada.

¿Debe cambiarse el regla-mento para que se puedan usar las lenguas cooficiales, aunque sea sin el PP?

No me corresponde decidirlo. Lo mejor es que el reglamento tenga el máximo consenso. Hoy las lenguas se emplean en la Comisión General de las CCAA y no ha generado problemas, la sociedad lo entiende, pese a lo que algunos digan. Los idiomas cooficiales son lenguas españolas. No nos debiera extrañar que una lengua española se hable en una cámara territorial.

Se habla tanto del coste...

Aquí no se despilfarra. El debate no es el coste, sino si lo que hacemos es una realidad que está en la Constitución. ¿Dónde está el debate?

¿No es una irresponsabili-dad del Senado que no ha-ya renovado las cuatro va-cantes del Constitucional?

Todos deberíamos reflexionar, tomar buena nota. Hay que hacer las renovaciones cuando toca y cuanto antes.

¿Le preocupa que se trasla-de una imagen del Senado envuelto en la bronca?

Sé lo que ha costado prestigiar las instituciones. No diré que con la bronca se devalúan. Sé que a los ciudadanos no les gusta. Quieren ver a sus representantes solucionando problemas, no gritándose. No niego el debate duro, pero con argumentos. Claro que no todos somos iguales. Lo que ocurre es que hay un exceso de teatralización de la política para justificar el desacuerdo con el otro.

¿Caducó la España plural?

¡No! Es una realidad: la pluralidad ideológica y la diversidad territorial, que se liga a la complejidad del país, la que dicta la Constitución.

Pero la derecha recela de ese concepto.

Lo que deberíamos entender el conjunto de los españoles es que el respeto a la diversidad no rompe la unidad.

¿Por qué genera urticaria?

No debo contestar yo, sino quienes la cuestionan. España es así, compleja, un gran mosaico con distintas tonalidades que la hacen bella. Quien crea que España es de un solo color, se equivoca.

Y en cuanto a la pluralidad ideológica, ¿convendría reformar la Ley Electoral para hacerla más justa?

No hay que sacralizar las reformas electorales. De todo se puede discutir. Pero un cambio de ley debe recabar igual consenso que el que tuvo la norma actual. Tan malno nos ha ido con esta ley.