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Juan Santaella, la mirada del otro

El exsenador del PP por Granada fallece de un cáncer de pulmón

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Juan Santaella se ha muerto un mes y medio antes de que el tsunami neoconservador, finamente así dicho, del 20-N inunde vidas y haciendas, especialmente las públicas y se instale confortablemente en el poder para la próxima década, calculando por lo bajo, de este país de izquierdas en el que (casi) siempre mandan las derechas. Es lo suyo, el mandar, en las derechas de toda la vida.

No encontraremos en el parte de defunción de Juan nada que se aproxime a una relación de causa/efecto entre su inesperado aquí me bajo del mundo y el triunfal galope sobre el caballo de la crisis del antier denostadísimo Rajoy por los suyos mismos (cuán corto es el olvido de las hemerotecas). Se dice que si el pulmón, que si esa maldita metástasis que acude a todas las necrológicas. Pero yo, que lo conocía y de bastante, sé que llevaba con profundo regomeyo y no poco recochineo esta emulsión divinizada de don Mariano, un tipo que ha acuñado para la historia el gran mérito de no decir nunca nada. Se ve que, para el reventón de morirse, le pudo más el regomeyo.

Nos conocíamos, sí, desde los tuétanos de la Transición en aquella Granada tardofascista en la que los gobernadores civiles nos salían represores por pistola interpuesta y mataban albañiles en las manifestaciones. Intimamos como los naipes con las barajas. Estaba destinado a ser de derechas de toda la vida, pero se empeñó en hacerse centrista por (moderada) rebeldía, convencido de que la mirada de los otros, los ojos francos de los otros, son la política. Y así fue que hizo una hermosa tarea de su largo paso por los escaños, siempre a contra corriente del aparato, siempre con la suficiente habilidad para estar en los puestos de salida. En 2008 él se hartó del PP o el PP se hartó de él o las dos cosas. La memoria afilada de su lengua nunca tuvo desperdicio. Sencillamente, le molestaba esa gente de toda la vida que siempre tiene razón.