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"Jugábamos a lanzar pedradas a los niños y a los tranvías"

Carlos J. Villarejo. Ex fiscal. Durante su infancia de niño de clase media, vio en otros los efectos de la pobreza extrema y pronto empezó a soñar con paliarla

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Ser soñador es muy distinto a ser imaginativo. El ex fiscal Anticorrupción Carlos Jiménez Villarejo (Málaga, 1935) asegura que jamás inventó grandes juegos ni historias cuando era niño. Le bastaba con 'mirar alrededor' para descubrir muchas cosas de apariencia inexplicable. Como las diferencias que existían entre él y sus seis hermanos, alumnos de un colegio de jesuitas e 'hijos de un funcionario público de clase media-media, y los de aquellas personas que desfilaban por la playa del Palo de Málaga pidiendo a todas horas'. Las imágenes de esa 'pobreza decrépita y extrema' se graban en la retina y al final uno sueña con ellas, con cambiarlas.

El Derecho llegó a su vida casi por imposición, 'por tradicion familiar y falta de recursos para estudiar en otra ciudad', pero mucho tiempo después acabó sirviéndole para defender las causas en las que creía. La Filosofía, en cambio, fue elección propia, una afición compartida con un amigo con el que solía dialogar mientras paseaban por la playa. Por desgracia, la esquizofrenia quebró pronto su mente preclara. 'Era muy... No, es. Aún vive'.

'Me encanta estar en una plataforma liderada por mujeres jóvenes'

Villarejo se autocorrige a menudo tras usar el pretérito imperfecto típico de las narraciones. Se sabe afortunado por poder seguir conjugando el presente para hablar de sus seres queridos y también de sí mismo. El ex fiscal Anticorrupción 'es' más que nunca, si, como defiende, la esencia va ligada a la libertad.

El ejercicio de su profesión le imponía algunas restricciones, pero ahora sólo le frena el sentido común cuando agarra el micrófono para denunciar que los recortes sociales 'no son un paréntesis' para paliar las crisis, sino directrices neoliberales que provocan un 'coste humano muy alto'.

Tampoco le detiene nada cuando critica la 'prepotencia del Tribunal Supremo' al imputar al juez Baltasar Garzón por intentar juzgar los crímenes franquistas. Así lo hizo el pasado 24 de abril en la plaza de Sant Jaume de Barcelona, invitado por la Plataforma contra la Impunidad, de la cual forma parte. 'Me encanta que esté liderada por mujeres jóvenes y que en las reuniones haya niños correteando'.

Cuando él tenía veintitantos años, se trasladó a Barcelona para vivir con su mujer, Aurora, a la que cita constantemente. 'Aparte de la vivencia amorosa, tan intensa y lo más importante, llegué a una fiscalía muy pequeña. Muchos de aquellos jueces habían colaborado en los consejos de guerra y la represión inmediata. Pero entonces no lo sabía'. Imposible adivinar que uno de ellos había participado en el juicio al presidente Lluís Companys.

'Falta una película sobre la Brigada Social como 'La vida de los otros''

Todos esos secretos se le fueron revelando poco a poco. 'La inflexión en mi vida profesional se produce cuando empiezo a desarrollar funciones de fiscal de guardia y descubro la realidad de los detenidos políticos. Aún está pendiente hacer una película sobre la Brigada Política Social, como La vida de los otros que refleja las delaciones en la RDA'.

Conocer que alguien podía ser torturado por el mero hecho de tener un folleto de Mundo obrero supuso otro pequeño paso para empezar a militar en el PSUC en 1968, 'previa condena de la invasión de Checoslovaquia por parte de la URSS'.

En el fondo, todo había empezado años atrás. 'En cuanto nos instalamos en Barcelona, Aurora y yo nos integramos en las comunidades cristianas populares'. A través de ellas conocieron a los curas rojos, primero, y la realidad del barrio del Guinardó, después. 'Venía de una concepción católica progresista, en la que influyó muchísimo José María González Ruiz'. Llegados a ese punto, el ex fiscal pide homenajear al teólogo que le descubrió cómo la Iglesia colaboraba con el franquismo. Hay personas que te marcan y te hacen ser lo que eres.

El ejercicio de honradez le hace confesar finalmente. De pequeño, se entretenía, sobre todo, lanzando piedras. Juegos de posguerra. 'Era lo que se hacía, formar grupos contrapuestos y dispararnos entre los maizales. También íbamos con una escopeta de aire comprimido y con el tirachinas nos cargábamos las bombillas de la calle o acribillábamos los tranvías. No lo había contado porque yo no lideraba nunca el grupo', se disculpa con una risa traviesa.