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La Junta Electoral niega a Montilla su último cartucho

La Justicia impide su cara a cara con Mas, pero PSC y CiU logran polarizar la campaña

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A las 21.30 horas todo estaba a punto en TV3 para acoger el primer cara a cara electoral de la historia en unas elecciones catalanas: el plató, el moderador, los candidatos, las cámaras... Pero una escueta nota de la Junta Electoral Central, en Madrid, obligó a apagar las luces cuando faltaban sólo 60 minutos para el arranque y certificó lo que ya todo el mundo temía: ese debate llamado a pasar a la historia era en realidad un coitus interruptus, lo que casa muy bien con una campaña de tan alto voltaje sexual.

La Junta zanjó el inesperado culebrón poniéndose por unanimidad del lado de los partidos pequeños, que habían impugnado este duelo de última hora. El más perjudicado es el socialista José Montilla, que tenía puesta en el debate su última esperanza para una remontada que cada día parece más difícil. Pero también el convergente Artur Mas contaba con este cartucho para ir a por la mayoría absoluta.

Pese a ello, PSC y CiU obtuvieron igualmente buena parte de lo que buscaban incluso sin tener que lanzar a sus candidatos al ruedo: polarizaron a su alrededor la campaña en su tramo final, justo cuando los manuales aconsejan apelar al voto útil como la mejor forma de situarse por encima del ruido en un sistema tan fragmentado como el catalán.

El vodevil iniciado el domingo, con la sorpresiva autoconvocatoria de un duelo a dos en el último suspiro del debate a seis, tuvo así una digna secuela que prolongó la intriga y los giros narrativos. En el último acto se impuso una interpretación restrictiva de una norma de 1999 que anuló por defecto de forma un debate que debería haberse anunciado con al menos cinco días de antelación.

Al menos dos medios privados siguieron expectantes la partida de pimpón

ERC, el PP y Ciudadanos habían recurrido a la Junta Electoral Provincial, que a su vez trasladó el caso a la central; esta la devolvió a Barcelona y pasadas las 14.00 horas falló que no había lugar para el cara a cara. Pero luego fueron el PSC y CiU quienes recurrieron a la Central, que retrasó su dictamen hasta las 21.30.

Al menos dos medios privados (8tv, del Grupo Godó, y CNN+) siguieron expectantes la partida de pimpón con la esperanza de abrir ellos sus platós. Pero la misma norma que lo impide para los medios públicos rige también para los privados. En estas condiciones, tanto socialistas como convergentes parecían coincidir anoche en que el debate, salvo un nuevo vuelco imprevisto, está totalmente descartado.

Nadie lo dijo explícitamente, pero estas barreras jurídicas provocaron cierto alivio en ambos equipos de campaña, que desde la noche del domingo se movían a ciegas por un laberinto del que no tenían mapa porque surgió al calor de la rauxa (arrebato) del debate. Y, además, se encontraron con que quizá ni siquiera les era necesario correr nuevos riesgos porque algunos de sus objetivos con el cara a cara ya estaban en buena medida conseguidos incluso sin materializarlo.

Toda la campaña giró alrededor del cara a cara

Entre la noche del domingo y anoche, toda la campaña giró alrededor del cara a cara. Y durante estas casi 48 horas los dos partidos lograron instalar la idea de que estos comicios son cosa de dos.

Ambos están particularmente interesados en esta visión. CiU y Artur Mas, que marchan muy por delante en los sondeos, se han lanzado a por la mayoría absoluta y cualquier opción que elimine ruido y le permita singularizar a su alrededor todos los votos útiles posibles -el nacionalista, el antisocialista, el antitripartito, etcétera- le viene como anillo al dedo.

Idéntico objetivo -en su reverso- persiguen el PSC y Montilla, que luchan a contrarreloj para recuperar terreno. El líder del PSC se ha quedado sin su último cartucho para intentar remontar. Pero lo ha podido destinar a intentar salvar los muebles.