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Un laberinto sentimental

El debate sobre el sentimiento de pertenencia a España y/o algunas de sus comunidades sigue lejos de estar zanjado. Pero el Estado de las autonomías ha incorporado pluralidad y la mayoría de los ciudadanos compagina sin conflict

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Hay un dato en las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) que define bien la evolución de España en los últimos años: el porcentaje de ciudadanos que se considera 'únicamente español' ha caído nada menos que 12 puntos en una década en uno de los motores económicos y políticos del país.

Si piensa que el dato es una nueva prueba de que la derecha más apocalíptica está en lo cierto y España avanza hacia la desintegración, pise el freno: no se refiere a Catalunya, sino a la Comunidad de Madrid, la autonomía que más ha visto desplomar el sentimiento exclusivamente español de sus ciudadanos al ir ganando espacio el mestizaje de la identificación con la propia comunidad autónoma.

No es la única sorpresa que deparan las tripas del CIS. ¿Se acuerdan de la gran polémica que desataron las palabras de José Luis Rodríguez Zapatero cuando dijo que nación es un concepto discutido y discutible? Pues en el último gran estudio sobre identidad nacional española (2007) se pedía que se comentara la frase 'España es un Estado y no una nación'. El 34,3% se mostró de acuerdo con la frase. Y el 34% se manifestó en desacuerdo. Hay debate para rato.

Más: a menudo se da por hecho que en Catalunya y Euskadi todo el mundo considera que su comunidad es una nación. Pero según el CIS, también aquí hay más debate del que se suele pensar.

Sólo el 34% de los españoles discrepa de la frase 'España
es un Estado y no una nación'

El mismo estudio de 2007, que confirma registros de sondeos anteriores, certifica que el 44,7% de los catalanes ve a Catalunya como nación, mientras que el 40,4% lo considera región. En Euskadi son incluso menos los que se consideran una nación (38,2%) que una región (43,6%).

La relación sentimental de España consigo misma y con sus nacionalidades y regiones es más compleja y mestiza de lo que parece. Y, al mismo tiempo, bastante estable. Entre 1996, año del primer estudio global del CIS sobre la identidad del conjunto de los españoles -Conciencia nacional y regional- y 2007, año del último macroestudio al respecto -La identidad nacional en España- se aprecian muy pocos cambios.

La gran mayoría de ciudadanos se sitúa en el tronco central -'me siento tan español como de mi comunidad'- y, pese a las diferencias territoriales, esta es siempre la primera opción en todas las autonomías. Globalmente, representaba el 50,1% de los encuestados en 1996 y el 51,4% en 2007.

En Catalunya y el País Vasco, las dos comunidades con mayor peso del nacionalismo autóctono enfrentado al españolismo, la identidad exclusivamente catalana o vasca se ha mantenido también muy estable: el porcentaje de catalanes que se define como 'únicamente catalán' ha pasado del 11% al 14%, mientras que el porcentaje de vascos que se considera 'únicamente vasco' se ha movido sólo una décima: del 20,7% de 1996 al 20,8%.

El único cambio significativo se ha dado en el descenso generalizado en toda España de las personas que se definen como 'únicamente español', porcentaje que ha pasado del 15,5% al 8,9%. El descenso es especialmente agudo en las comunidades con mayor peso del nacionalismo español porque en el resto ya se encontraba en guarismos bajos. El matiz, pues, ha sido incorporar toques de mestizaje donde antes sólo había espacio para la simbología rojigualda.

'La creación de instituciones [autonómicas] ha ido generando sentimiento de identificación incluso donde no la había, lo que ha ido transformando en cierta medida la identidad española', explica Jordi Muñoz, investigador de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), que participó en la encuesta del CIS de 2007.

En el último trabajo del CIS que analiza la identidad de todas las autonomías, en 2005, se cuentan hasta siete comunidades con un porcentaje de 'únicamente español' menor que el obtenido en Catalunya y en Euskadi: Canarias, Navarra, Andalucía, Extremadura, Galicia, Asturias y Aragón.

En el debate constitucional, los federalistas que querían blindar el autogobierno, que la derecha rechazaba como antesala de la implosión de España, fueron con la lección aprendida de lo sucedido en la II República. La pregunta que se plantearon fue: '¿Dónde escondería la autonomía un político inteligente?'. Y la respuesta que encontraron: 'Entre un montón de autonomías'.

Algunas autonomías tuvieron que imponerse casi por la fuerza y en ocasiones incluso convocaron concurso para elegir himno y símbolos. Pero hoy ya no son sólo una realidad institucional asentadísima, sino que los datos del CIS subrayan que han impregnado con más fuerza aún en el terreno sentimental de sus ciudadanos.

El mayor cambio es la caída del número de ciudadanos que se siente únicamente español 

Ello ha llevado al descenso en toda España de los partidarios de una organización territorial formada por un Gobierno único, sin autonomías: en 2007 suponían el 11,2%, cinco puntos menos que en 1996. La caída de esta opción es paralela a la de los que se sienten 'únicamente españoles' y afecta a todas las comunidades. Pese a estar también en claro retroceso, Madrid sigue siendo el bastión de ambas posiciones: en 2007, el 18,2% decía ser 'únicamente español' y el 21,1% prefería un Gobierno central sin autonomías.

'Esta es la gran paradoja del Estado de las autonomías: se ideó para contentar a Catalunya y el País Vasco, pero el entusiasmo mayor lo ha generado en las otras comunidades', subraya Muñoz.

Según el CIS, Euskadi sigue siendo la más insatisfecha. Pero en Catalunya, a diferencia de Euskadi, se detecta un leve avance de las posiciones nacionalistas, que tiene también traslación política. Según el CIS, en ambos lugares son mayoría los que desean mayor autogobierno, pero entre 1996 y 2007 estos perdieron peso en Euskadi y lo ganaron en Catalunya.

Los que quieren un Estado en el que las autonomías tengan más poder que ahora pasaron en el País Vasco del 32,9% al 32,2% y los que prefieren un Estado que reconozca el derecho de sus autonomías a la independencia pasaron del 31,2% al 26,3%. En Catalunya, el deseo de ampliar el autogobierno pasó del 29% al 35,1% y el del reconocimiento del derecho a la autodeterminación, del 20% al 22,5%.

Los retoques son leves, pero apuntan cambios: 'El sentimiento de identidad nacional es muy difícil de cambiar en la vida adulta. Los cambios se dan muy lentamente y a menudo por reemplazo generacional', explica Santiago Pérez-Nievas, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), que participó en el estudio del CIS en 2007. La foto parece fija. Pero no está nada claro que lo sea.

La diferencia entre izquierda y derecha aún se nota en la idea de España. Cuanto más a la derecha, más implicación sentimental con los postulados tradicionalistas del nacionalismo español, según refleja el estudio del CIS de 2007. Por ejemplo, el 22,8% de los votantes del PP estaba muy de acuerdo con que “el catolicismo es muy importante como parte de la identidad española” y otro 40% se mostraba de acuerdo. Estos porcentajes caen entre los electores del PSOE al 7,3% y 26,7%, respectivamente, en IU-ICV al 2,4% y 30%.

El 30% de los electores del PP se siente “únicamente español” o más español que de su comunidad, porcentaje que desciende hasta el 20% en el PSOE y al 13% entre los electores de IU-ICV.