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Laporta anima a superar la "sumisión y el vasallaje"

El presidente del Barça vuelve a hacer bueno el "catalanismo desacomplejado" que anunció en las elecciones del 2003

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Cosas del carisma: un niño de raza negra pasea orgulloso su trofeo tras media hora de espera: 'Para Ibrahim. Visca el Barça i Visca Catalunya'. El autógrafo es de Joan Laporta. Muy cerca del chico, se arremolina una turba de periodistas frente al despacho del alcalde de Tàrrega (Lleida). Hablan con el presidente del Barça y no se inmutan cuando Joan Amézaga, el alcalde, un independiente vinculado al PSC, trata sin éxito de salir de la estancia. Pone cara de comprender y vuelve al interior: son las cosas del carisma.

La visita de Laporta no levantó la expectación que suele rodear sus actos cuando cambia el azulgrana por la estelada. Unos pocos parroquianos le esperaban a las puertas del consistorio. 'Me hace gracia verle porque sólo le he visto en el Camp Nou y de lejos', comentaba un jubilado. 'Deberíamos recibirle con una botella de champán', dice otro, sin buena intención. Cuando pasan un par de minutos de las 13.00 horas, cunde el pánico. 'He oído que a las 12.30 horas no había salido de Barcelona', lamenta un pesimista.

'Aquello por lo que votaremos el 13-D es posible y les da miedo'

Nada más lejos de la realidad. Rara vez Laporta se retrasa en sus citas con el soberanismo y eso tampoco va a ocurrir: aparece, se fotografía junto a quienes se acercan a él, asciende a la sala de actos y muestra su apoyo al en la consulta independentista del próximo domingo. Un centenar escaso de vecinos y miembros de Tàrrega Decideix siguen la intervención del nuevo líder carismático del independentismo. 'La consulta es muy importante para tomar el pulso al país y saber si aún estamos dormidos o queremos luchar por lo que es nuestro', afirma.

Su breve parlamento incluye ataques a los que intentan 'desmovilizar e intoxicar' la consulta: 'Nos hacen creer que esta situación de sumisión y vasallaje no es reversible'. Contra eso, Laporta receta optimismo. 'No es imposible, es un reto apasionante y colectivo que depende de si tenemos intención de luchar', dice. Aún va más allá contra los enemigos de la independencia: 'Actúan así porque aquello por lo que votamos el domingo es posible y les da miedo'.

Haciendo bueno el 'catalanismo desacomplejado' que anunció en las elecciones al Barça de 2003, se muestra convencido de que 'un estado propio es la mejor manera de administrar' los recursos de Catalunya. Laporta, el carismático, acaba con un guiño onírico a Martin Luther King: 'La condición de catalán debe ser entendida como un sueño y estamos aquí para hacerlo realidad'.