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Nunca le digas la verdad a un liberal en su propia cara

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La cosa más extravagante que se ha dicho nunca de Rubalcaba es esta: 'No piensa. Es que Rubalcaba es tonto'. También es verdad que quien lo dijo fue el locutor Federico Jiménez Losantos, que será un lince para algunas cosas, pero no para calar a la gente, y menos que a nadie al propio Jiménez Losantos. Con decir que se considera a sí mismo un liberal está dicho todo.

Claro que sus amigos tampoco lo ponen precisamente fácil. Joaquín Almunia le contó a Rosa Paz para Vanity Fair que llevaba 30 años militando con Rubalcaba y no sabía 'nada de él'. Y José García Abad, en su libro El Maquiavelo de León, atribuye a Felipe González esta frase: 'Alfredo es de los pocos tíos que conozco que siguen creyendo que la información es poder'. Otro amigo suyo dice que 'el 95% de su vida es política'. Y a María Antonia Iglesias le confesó el candidato: 'Al final, la máxima debe ser: confía en todo el mundo, pero desconfía de todo el mundo'. Y luego pretendrá que sus enemigos no alimenten la leyenda negra.

Admite haber cometido errores, pero no haber dicho mentiras

Y es que el verdadero enigma de la personalidad del candidato socialista no está propiamente en su personalidad. El enigma es por qué tiene tantos enemigos y, muy en particular, por qué todos ellos son personales. Porque, en efecto, lo de toda esa gente con Alfredo Pérez Rubalcaba es algo personal.

Sin restarle mérito, hay una cierta desproporción entre su personalidad y su leyenda. Es un tipo brillante, sí, con buen pico, con peso político, pero nunca ha tenido, por ejemplo, el carisma de un Felipe González. Se entiende que la derecha odiara a González y hasta creara un Sindicato del Crimen para echarlo del poder, pero Rubalcaba no es un adversario imbatible. Duro de roer, tal vez, pero no imbatible. La explicación de este enigma sólo puede ser el 11-M, es decir, el 14-M. En aquellas elecciones la derecha sufrió algo mucho peor que una derrota: sufrió una derrota sin honor. La gente creyó que mintieron y por eso los echó, pero a cualquiera le resulta imposible admitir ante sí mismo y ante los otros que lo echan por haber intentado sacar ventaja política de un atentado con 192 muertos. Rubalcaba salió la noche anterior diciendo que el Gobierno había mentido, y esa acusación resultaba insoportable precisamente porque era verdadera.

El 95% de la vida de Rubalcaba es la política, dicen de él sus amigos

Él, en todo caso, da pocas pistas sobre sí mismo: odia que hurguen en su vida, no soporta que le atribuyan falsedades y admite haber cometido 'errores, pero no mentiras'.

Curri Valenzuela, otra periodista igualmente liberal, también habla de él en su obra de pensamiento Cien personajes que hunden España, si bien por alguna razón le dedica únicamente un capítulo. En el fondo estos liberales es que son unos blandos. En relación a su mala fama de político conspirador, Valenzuela cuenta ahí que el propio Rubalcaba le dijo esto en una entrevista: 'El único comando Rubalcaba soy yo, mi ordenador y mi secretaria'. Y se creería el príncipe de las cloacas que con eso iba a convencer a la pensadora liberal de que nunca había roto un plato. A veces, de verdad, es que Rubalcaba parece tonto, como sostiene Losantos.