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Las leyes antibotellón no frenan el alcoholismo juvenil

El consumo intensivo de alcohol entre jóvenes de 15 a 34 años aumenta cada año pese a las multas. La mayoría bebe los fines de semana y en la calle "porque es mucho más barato"

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Es viernes por la noche y en Madrid hace mucho frío. En el centro de la ciudad hay cientos de locales para disfrutar de los amigos, la música y el calor, pero Sonia, Alicia, Paloma, Carla y Rodrigo prefieren tomarse las primeras copas en la calle.

A medida que las botellas se vacían, la sensación térmica del cuerpo aumenta y el invierno ya ni se nota. La vergüenza, como el frío, también disminuye con el alcohol. Y ese es el principal motivo por el que este grupo de jóvenes de 19 años decide beber cuando sale de marcha. 'No pretendemos emborracharnos hasta caer redondos', afirman. Sólo quieren desinhibirse 'para pasarlo bien, bailar, ligar' ¿Por qué en la calle? '¡Es más barato!', contestan al unísono.

«Es triste, pero no sabemos pasarlo bien sin beber», dice un estudiante

No tienen mucho presupuesto. La mayor parte del grupo afirma que no lleva más de 15 euros en el bolsillo, 'y hay que guardar algo para el taxi de vuelta'. Algunas, ni para eso tienen suficiente. 'Tengo ahora mismo tres euros en la cartera', asegura Paloma. Pero con un fondo común tienen suficiente para comprar un poco de ron para todos.

Todos son universitarios principiantes que, lejos de pertenecer a la tan mentada generación ni-ni, procuran buscarse la vida trabajando por horas. 'De vez en cuando nos sale algo como canguro o camarera', afirman las chicas. En el caso de Rodrigo, arbitrar partidos de fútbol es su medio para tener algo más que la paga familiar.

«Ven el alcohol como un vehículo integrador», apunta un sociólogo

La última Encuesta Domiciliaria sobre Alcohol y Drogas en España (EDADES) del Ministerio de Sanidad presenta una tendencia ascendente en el consumo abusivo de alcohol desde 1997, especialmente entre los más jóvenes.

En el último año, el 28,4% de los chicos y el 17,9% de las chicas de entre 15 y 24 años afirmaron haber practicado binge drinking (atiborrarse de copas en un plazo de un par de horas) en el último mes. Además, en la última EDADES específica para estudiantes de Secundaria (entre 14 y 18 años), de 2008, un 15,2% reconoció haberse pegado un 'atracón' más de cuatro días al mes.

Juan Carlos Ballesteros, sociólogo e investigador de la Universidad Complutense de Madrid, señala las motivaciones que llevan a los jóvenes a beber: 'Ven el alcohol como un vehículo integrador que facilita las relaciones personales. Piensan: Si los demás beben, yo también' y siguen al grupo'. 'Además, el riesgo de ver quién se emborracha lo más rápido posible les provoca emoción', añade el profesor.

La mayoría de las ciudades prohíben la práctica con normas específicas

Un 99,8% de los adolescentes son, según dicha encuesta, bebedores de fin de semana. Y, de estos, el 65,3% consume alcohol en espacios abiertos, es decir, practican botellón. 'Esa es su forma de conseguir un espacio propio', explica Ballesteros.

'Nosotros salimos todos los viernes y siempre hacemos botellón', confiesa Sonia. Pero el grupo de amigos no se enorgullece por beber. Es sólo una práctica a la que se han acostumbrado. 'A mí me anima y me ayuda a aguantar toda la noche bailando', reconoce la estudiante. Rodrigo, su amigo, es más drástico: 'Es muy triste, pero es verdad que los jóvenes no sabemos pasárnoslo bien si no bebemos'.

La Fundación Alcohol y Sociedad (FAS) publicó recientemente el libro Hablemos del alcohol, un estudio en el que varios sociólogos analizan el consumo de alcohol por parte de los adolescentes. De ahí se extraen otros datos preocupantes como que el 87% de los jóvenes de entre 12 y 18 años beben alcohol todos los fines de semana y uno de cada diez lo hace para colocarse.

Una joven asegura que «algunos policías son majos y se unen a la fiesta»

'Es un problema difícil de atajar, pero hay que poner solución desde el ámbito educativo y cultural porque los datos demuestran que las multas no están funcionando', señala Ballesteros.

Segovia, Ibiza, Valladolid y Cartagena (Murcia) son algunas de las muchas de las ciudades españolas que tienen ordenanzas municipales para regulan la práctica del botellón. En Madrid, por ejemplo, la ley autonómica sobre drogodependencias perseguía, hasta ahora, el consumo de alcohol en la calle como un problema de salud pública. Por lo general, los chavales que eran pillados por la policía tenían dos opciones: pagar una multa de 300 euros o acudir a una charla educativa.

«Sin ruido, no hay problema. Es un discurso hipócrita», critica un experto

Sin embargo, la nueva ordenanza del Ayuntamiento contra el ruido, que entra en vigor en enero, endurece la norma con el fin de garantizar el descanso del vecindario. En el nuevo texto se define botellón como 'un grupo numeroso de personas que consume bebidas (no tienen por qué ser alcohólicas) en un espacio exterior y en horario nocturno que suscita malestar a los vecinos'. Así lo manifestó Manuel Tuero, del departamento de evaluación medioambiental de Madrid, en el Simposio de Actividades Lúdicas y Recreativas que recientemente organizaron en la capital los empresarios de Noche Madrid.

'Parece que si no hay ruido no hay problema', critica el experto de la Complutense. 'Es un discurso totalmente hipócrita', sentencia. En Bilbao y Santiago, por ejemplo, las ordenanzas especifican claramente que el botellón queda prohibido 'especialmente cuando pueda alterar gravemente la convivencia ciudadana'. En Granada se prohíbe 'cuando pueda causar molestias a los vecinos' y en Oviedo y en Barakaldo (Vizcaya) 'cuando el consumo se exteriorice de forma denigrante para los viandantes'.

'Hay algunos policías que son majos y no te multan, o que incluso se unen a la fiesta', relata Sonia. Sus amigos y ella reconocen que el ruido que provocan sus juergas debe de ser molesto para la gente del vecindario. 'Entiendo que protesten por el ruido y por la mierda que tiramos. Pero si las copas fueran más baratas para poder beber dentro [del local], nadie bebería en la calle', asegura Rodrigo.

'Hay que intentar convencerles de que no se es un bicho raro por no beber, pero, ante todo, hay que darles información', concluyó Ballesteros.