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Las manos quemadas

¿Cuántas veces hemos oído a un dirigente político asegurar que pondría la mano en el fuego por alguien?

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¿Qué tienen en común Oriol Pujol, Duran i Lleida, José Manuel Soria y Esperanza Aguirre? Los cuatro dirigentes se han atrevido recientemente a 'poner la mano en el fuego' para respaldar la inocencia de personas cercanas (compañeros de partido, amigos, familiares…), a pesar de que la experiencia demuestre que quien lo hace, acaba, generalmente,  por chamuscarse.

Este dicho procede de la época en la que se practicaban los Juicios de Dios, una costumbre pagana generalizada en la Edad Media.  Consistía en determinar la inocencia o culpabilidad de una persona haciendo que introdujese la  mano en una fogata o sujetase unos hierros candentes: si salía con pocas quemaduras, significaba que Dios le consideraba inocente y no podía recibir castigo; si la quemadura era de consideración, era condenado y castigado. Ahora parece que nos enfrentamos de nuevo a la posible epidemia de las manos quemadas.

El más reciente ha sido Oriol Pujol, el secretario general de Convergència Democràtica de Catalunya, quien en un intento heroico de salvaguardar los vestigios del honor familiar, inmolaba sus palmas al calor de las llamas. Aunque, cierto es que en esta ocasión, el diputado del Parlament, auguró la posible quemadura y aparentó asumir los daños añadiendo un 'aunque me queme' a la recurrente expresión de fidelidad. Recientemente, también oíamos a Duran i Lleida mostrar lealtad a sus compañeros de partido Artur Mas y al mismo Pujol tras el anuncio de las cuentas en Suiza. Aunque éste podría considerarse un acontecimiento de menor trascendencia, ya que el portavoz de Convergència en el Congreso de los Diputados ha mostrado cierta propensión a desdecirse.

El ministro de Industria, José Manuel Soria, también se sumó hace unos días a la que fue una costumbre pagana,  y se atrevía a arrojarse al abismo por 'la claridad, la limpieza y la transparencia' de las cuentas del Partido Popular. De esta misma forma, con el juramento del fuego, la lideresa Aguirre, avaló hace unos días las explicaciones dadas por su sucesor en el Gobierno autonómico madrileño sobre el ático-dúplex de lujo en la Costa del Sol que había adquirido el pasado mes de diciembre.

Incluso parecía que por la inocencia del exsenador y extesorero del PP, Luis Bárcenas, , nadie ponía la mano en el fuego, tras destaparse la existencia de 22 millones en cuentas en Suiza, procedentes de supuestos negocios en Latinoamérica. Pero llegó su homólogo en Valencia, Ángel Sanchis, socio suyo también en algunos negocios, quien se sumó al juramento divino y dijo las palabras mágicas: 'Pongo la mano en el fuego por Bárcenas'. Acto seguido confesó que le pidió contactos en Latinoamérica y que mirase su cuenta de Suiza en alguna ocasión.

Son los últimos casos de una tradición que arranca casi desde los primeros años de la transición democrática.

A finales de 1991, reventaba uno de los mayores escándalos de la historia política española, el Caso Filesa. Varios medios de comunicación acusaron al PSOE de financiación irregular a través de las sociedades Filesa, Malesa y Time Export; cientos de millones de pesetas (cientos de miles de euros) fueron transferidos a estas sociedades en concepto de estudios de asesoramiento, informes que nunca llegaron a efectuarse y que acabaron por financiar, supuestamente, la campaña electoral de 1989 y el referéndum de la OTAN. Felipe González siempre apostó por sus compañeros de partido y puso la mano en el fuego por la falsedad de las acusaciones.

Desatada la trama, en 1993, Luis Roldán, entonces director general de la Guardia Civil, fue implicado en otro sonado caso de corrupción, cuando  se comenzó a sospechar por su desmedido de patrimonio. El entonces presidente del Gobierno, se aventuró a poner la mano en el fuego por la honradez del Roldán, quien, en agradecimiento, se dió a la fuga. Dos años después, Roldán se entregó en el aeropuerto de Bangkok (Tailandia) y fue condenado por malversación, cohecho, fraude fiscal y estafa. El ex jefe de la Benemérita cumplió 15 años de pena por los 1.700 millones de pesetas de los fondos reservados que se apropió.

El 5 de Mayo de 1996, el mismo día en el que tomaba posesión como presidente del Gobierno Jose María Aznar, Mariano Rubio ingresaba en prisión por petición del fiscal jefe de Madrid, Mariano Fernández Bermejo. El que fue durante ocho años de mandato socialista (1984-1992) gobernador del Banco de España estaba acusado de fraude y malversación de fondos públicos, por el Caso Ibercorp. González había llegado a asegurar que ponía la mano en el fuego por la inocencia del gobernador.

El 10 de septiembre de 1998, ingresan en la prisión de Guadalajara José Barrionuevo,  ministro del Interior entre 1982 y 1988, y Rafael Vera, exsecretario de Estado para la Seguridad entre 1986 y 1994. Los políticos socialistas habían sido condenados a diez años de prisión y doce de inhabilitación absoluta por el Caso Marey,  el secuestro  del ciudadano hispano-francés Segundo Marey en 1983 realizado por los GAL. Ambos contaban con el respaldo del Partido Socialista y de Felipe González, que también llegó a poner la mano en el fuego por ellos. El día que ingresaban en prisión estuvieron arropados por centenares de personas (alguna crónica decía que fueron 7.000 personas) en la puerta de la cárcel, entre ellas toda la cúpula del PSOE. No llegaron a  cumplir la pena completa por posteriores indultos del Gobierno de Aznar y la aplicación del tercer grado penitenciario.

Todos estos casos pasaron factura al PSOE, que pagó el descrédito con su desalojo del poder. Durante un periodo de tiempo, nadie se atrevía a poner la mano en el fuego por nadie.

El PP también ha tenido su ración de casos de corrupción, que han costado alguna que otra quemadura en la palma de la mano. Al poco de estallar la última crisis económica, se desató la trama Gürtel a raíz de las investigaciones del entonces juez Garzón en febrero de 2009. Los dirigentes del PP inmolaron las palmas de sus manos en su apoyo y respaldo al presidente de la Generalitat valenciana, Francisco Camps, quien entonces parecía como uno de los principales imputados por el escándalo de corrupción por los manejos de Francisco Correa en los feudos del partido conservador.

Francisco Camps fue imputado por un delito de cohecho impropio, al haber aceptado trajes, calzado y corbatas por un valor de aproximado de 14.000 euros. Aun así, Camps era reelegido President de la Generalitat por los valencianos ; figurando cinco acusados y seis implicados en corrupción en sus listas. Al poco tiempo de renovar su mandato Francisco Camps dimitió de su cargo y seis meses despues, fue absuelto, por un jurado popular. Entonces, se convertiría en el 'ciudadano ejemplar' de Cospedal.

Mariano Rajoy, líder de la oposición en aquel momento, puso la mano en el fuego por Camps el, añadiendo un 'porque somos parecidos', y asegurando que no llegaría a ser enjuiciado (se sentó en el banquillo de los acusados un par de años después).  Alberto Nuñez Feijóo también puso la mano en el fuego por Camps  subrayando su convicción de que era una persona honrada.  Esteban González Pons, entonces  Vicesecretario general de Comunicación del PP, también puso la mano en el fuego por la inocencia de Camps y manifestó que 'nadie consideraría creíble que por cuatro trajes se venda un presidente'. Hasta Carlos Fabra, político castellonense que también acumula causas y sospechas diversas por  tráfico de influencias, cohecho y delito fiscal durante su mandado en la Diputación Provincial de Castellón, llegó a poner su mano en el fuego por Camps.

El colofón de esta cadena de apoyos lo puso nuevamente Rajoy, quien en una campaña electoral  manifestó publicamente su apoyo a Camps en un mitín en plena campaña electoral con la sonada frase: 'Paco eres un gran presidente, tienes mi amistad sincera y mi apoyo'.

En enero de 2009, se desató la trama de espionaje en la Comunidad de Madrid, La entonces Presidenta del ejecutivo regional, puso la mano en el fuego por todos sus consejeros para expresar la confianza que tenía en su gabinete. Días después destituyó al Consejero de Deportes, Alberto López Viejo, por su implicación en la trama de corrupción en el PP. Además, a finales de 2011, cesó a su número dos, Francisco Granados, secretario general del ejecutivo regional, por dudosas zonas oscuras en su gestión.

En el caso de Palma Arena también hubo manos y hogueras, aunque no precisamente para  el yernísimo o la Infanta Cristina. Jaume Matas, expresidente del Govern Balear, tras ser citado a declarar como imputado, también recibió cierto apoyo del presidente del PP Balear, José Ramón Bauzà y de Miquel Ramis, su vicesecretario. Ambos pusieron la mano en fuego  por su compañero de partido. Aunque  Bauzà puntualizó que 'si la confianza se ve mancillada, el partido rectificaría su postura'.

Si parecía que los Juramentos de Dios, quedaron atrapados en el medievo, la clase política española de las últimas décadas nos demuestra que no sólo las crisis económicas son cíclicas. Y que lo retro, siempre vuelve.