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Maragall llama a democratizar los partidos

El ex president presenta sus memorias arropado por 1.500 personas en el Palau de la Música de Barcelona

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Pese a lo solemne del escenario, el Palau de la Música Catalana, Pasqual Maragall se sintió ayer como en casa. El ex alcalde de Barcelona y ex president de la Generalitat de Catalunya, arropado por 1.500 invitados, se saltó el protocolo y, salvando la distancia entre atrio y patio de butacas, se dirigió en primera persona a sus espectadores más allegados. A ellos, y a todos los medios de comunicación, les quiso dejar claro el objetivo de sus memorias Oda inacabada: 'Me duele que se crea que lo único que me mueve es el resentimiento. Yo creo en el sistema de primarias, en que las personas inscritas del partido puedan decidir. Yo creo en la democracia, incluso dentro de los partidos'.

Maragall aludía al protagonismo excesivo que, desde ciertos medios de comunicación, se había dado al capítulo sobre los desacuerdos con su propio partido, el PSC, y con el gobierno de Zapatero. Desacuerdo que, pese a todo, sigue patente entre los maragallistas. Cuando la presentadora Gemma Nierga saludó al actual President, José Montilla, hubo silencio; un segundo después, cuando pronunció el nombre de Pasqual, los aplausos irrumpieron y destacaron, por contraste, a la figura del homenajeado.
Sin embargo, Maragall manifestó ser un fervoroso partidario de la democracia, por lo que rechazó sentir 'resentimiento' y aseguró tener el 'máximo respeto por mis adversarios políticos, tanto si son socialistas', como si vienen del ámbito nacionalista, en alusión al ex presidente Jordi Pujol o a Artur Mas.

Adversarios, algunos de los cuales no estuvieron presentes, especialmente, de ERC, formación que acabó defenestrada del gobierno tripartito de Maragall. No acudió, por ejemplo, el presidente del Parlament, el republicano Ernest Benach. De hecho, por parte de ERC sólo acudió su portavoz parlamentaria, Anna Simó, mientras que CiU, ICV y PPC enviaron a sus máximos representantes, Artur Mas, Joan Saura y Alicia Sánchez Camaho, respectivamente. Tampoco estuvieron ninguno de los dos ministros catalanes, Carme Chacón ni Celestino Corbacho.
Por eso quizá, Maragall quisó centrarse en sus allegados y bromeó con ellos, una y otra vez. No en vano, uno de sus más celebres invitados, el ex alcalde de Roma Francesco Rutelli, no tuvo reparos a la hora de afirmar su amor por Maragall, de 'amor político', apuntilló.

Tras fundirse en un emotivo abrazo con su hija Cristina, el ex president subió al escenario y rompió con la seriedad que le había precedido, en los testimonios de amigos como Narcís Serra (también ex alcalde de Barcelona), Ferran Mascarell (ex conseller de Cultura y estrecho colaborador desde su época en el Ayuntamiento) o Francesco Rutelli (ex alcalde de Roma).

'Quisiera hablar en castellano porque me han dicho que está por aquí un amigo de Nueva York. ¿Estás por aquí? Es que sin gafas no veo. Menos mal que Diana me ha hecho las letras grandes', sonrió para, minutos después, disculparse ante su invitado neoyorquino y pasarse al catalán, 'que si no, las cenizas de mi difunto abuelo se removerán'. Su esposa Diana le siguió emocionada desde las primeras filas.

De su abuelo bromeó también con el actual jefe del ejecutivo catalán, Josep Montilla, al que animó a celebrar 'el centenario de mi abuelo, dentro de dos años, en su archivo documental. Yo lo haría allí, president, que además está cerca de casa y podrá darse una vuelta'.
Maragall se dirigió también a Montilla para aconsejarle que 'conduzca su propio coche'. Se refería el ex president a la polémica de los coches oficiales (sobre todo el de Benach), para concretar que él conduce un 'viejo Ford Escort, de matrícula que acaba en PC y con el que algún día me la pegaré'.

La nota más seria de la noche la puso el propio Maragall, cuando se refirió al Alzheimer, 'esa enfermedad que dicen que tengo'. Pidió disculpas a su familia: 'Dicen que será una carga muy pesada para vosotros. Por eso os quiero decir que lo siento'. Momentos antes, su hija Cristina mostró la fortaleza que les acompaña desde que detectaron la enfermedad: 'Nosotros hemos de seguir luchando; nuestro padre ya ha ganado porque cyuando un hombre es capaz de reír sobre lo que le pasa, nadie más tiene poder sobre él'.

Maragall explicó sin tapujos que ahora le quedan 'dos o tres años para pasárselo bien, y luego me dedicaré a recoger bolets (setas) o a pasear por el campo'. Los aplausos del público fueron el colofón de un acto que fue un homenaje a un político que ya hace tiempo superó las fronteras de partido.