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Un mártir llamado Paco

El expresident exhibe un libro sobre la traición y los chivos expiatorios durante el juicio

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Francisco Camps se esforzó por que todos los presentes en la sala del juicio de los trajes vieran con claridad qué libro estaba leyendo. Durante toda la mañana se removió inquieto en el banquillo de los acusados, subrayó párrafos e hizo exagerados gestos de excitación cuando descubría alguna idea que lo seducía especialmente. Y, sobre todo, mostró una y otra vez el libro a su abogado para hacerlo partícipe de sus reflexiones.

Fruto de esa trabajada exhibición, el zoom de la cámara de televisión pudo captar el título de la obra con la que se entretenía el expresident valenciano: La ruta antigua de los hombres perversos, de René Girard. El libro se centra en el personaje bíblico Job, que disfrutó de la adulación y el amor de sus contemporáneos hasta que cayó en desgracia: perdió la protección de Dios y fue abandonado por sus amigos, hasta caer, según reza la contraportada, 'en el estercolero'. Girard aprovecha esta historia para analizar la figura del chivo expiatorio. Según el autor, las sociedades sacrifican a sus ídolos para expiar males colectivos y canalizar culpas compartidas.

Camps eligió esta lectura después de varias semanas en las que la presunta corrupción reinante durante su mandato ha ocupado los medios de comunicación. Además, los recortes económicos que está aplicando su sucesor en el cargo, Alberto Fabra, están poniendo de manifiesto la ruina económica del País Valencià, la comunidad más endeudada de España en relación a su PIB. Una de las causas de este hundimiento es el derroche del que Camps hizo gala durante años: destinó millones de euros a grandes fastos deportivos y a megalómanas infraestructuras.

Este lunes, el expresident mostró que no entiende los titulares como una crítica política derivada de su mala gestión y su presunta implicación y la de altos cargos de su partido y su Gobierno en el caso Gürtel, sino como parte de un martirio personal del que igual que Job podría salir fortalecido. A juzgar por sus lecturas, Camps entiende su caída como una injusticia, por la que la sociedad lo ha escogido a él como único culpable de sus males. El libro explica, además, que uno de los factores que convierten a un líder en chivo expiatorio es la envidia de quienes le acompañan en la cúpula, y que trocan la adulación por la traición y el abandono.

La casualidad quiso que las grabaciones que se oyeron en el juicio parecieran escogidas para apuntalar esta tesis. Se pudo escuchar a Álvaro Pérez, un cabecilla de la Gürtel, insultar a Camps ante íntimos colaboradores del expresident, como Ricardo Costa. El tono empleado contrasta con los halagos que Pérez prodigaba al exmandatario en las grabaciones en las que hablaba directamente con él, en las que le prometía lealtad eterna.