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Mas se declara president con un discurso épico

El líder de CiU cierra la campaña entre lágrimas y en un ambiente de euforia 

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La jornada comenzó con aires conyugales y se cerró con una apoteosis colectiva con la épica de una coronación real sellada entre lágrimas. En el último día de la campaña, Artur Mas apeló a la emoción y las vísceras de su militancia, entregada al líder que parece llamado a sacar a CiU de siete años de penitencia.

El atronar del Palau Sant Jordi, prácticamente lleno, adornado con pancartas y senyeres, sirvió de escenario para que Mas ensayara la toma de posesión que le auguran las encuestas. Y lo hizo con un discurso de president, glosando con acento lírico su paso por la oposición y con emocionadas palabras que llenaron de lágrimas el auditorio.

Pero antes de derrumbarse, Mas tuvo tiempo de hablar como 128º presidente de la Generalitat. Prometió ejercer el poder 'con humildad y generosidad para reconstruir el país' y hacerlo como 'depositario' de los votos, no como 'propietario'. Y, por enésima vez, lanzó una promesa: 'Que nadie tenga miedo, CiU no llega para vengarse, llega para servir a Catalunya'.

Con un guión desnudo de promesas y falto de proyectos concretos, Mas apeló a la nación catalana: 'Han silenciado nuestra lengua y han ahogado nuestras libertades, pero lo que no han podido hacer nunca es quitarnos la convicción de creer en nosotros mismos como pueblo y como nación'. En esta línea, mandó un mensaje a las administraciones del Estado. 'Vendrán a pedirnos que tengamos sentido de Estado, pero si importante es el sentido de Estado, más lo es el de país, porque un Estado es una configuración administrativa, una creación artificial, pero el país es su gente, sus paisajes, sus sentimientos', declamó.

La interpretación de Boig per tu por parte de Pep Sala demostró que no era un día normal: tras siete años en la oposición, el viejo tema de Sau aguó los ojos de Mas y de su mujer, Elena Rakosnik. Quien no contuvo el llanto fue el director de campaña David Madí, señalado como el responsable de la derrota de 2006, cuando el candidato a la Alcaldía de Barcelona, Xavier Trias, le expresó su agradecimiento.

El ambiente era muy distinto al que se había visto a medio día en la Catalunya central: Mas se desplazó al monasterio de Sant Benet para enfundarse por vez primera su traje de president. Ante nueve senyeres y con Josep Antoni Duran i Lleida como testigo, leyó una declaración institucional en que se sinceró. 'Hemos aprendido que el Gobierno no es una finalidad en sí mismo', manifestó.

El arma secreta de Mas estaba por llegar. En el cierre de su discurso se dirigió a su mujer, 'coprotagonista' de su vida. Ambos lloraron sobre el escenario, en una estampa que sorprendió al propio Madí. Después, el Mas más lírico se dirigió a la ciudadanía: 'Si los catalanes apagaran todas las estrellas del cielo, yo iría con vosotros a oscuras por el camino de la Justicia y de la libertad'.

El acto acababa y el presidenciable no había explicado su proyecto ni apenas había pedido el voto para lograr su 'gran mayoría'.

No hacía falta: quien hablaba ya se siente president de la Generalitat.