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Mas también llena el Sant Jordi y ya sólo cruza los dedos

El único temor de CiU es la desmovilización de los que ven seguro su triunfo

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La campaña catalana concluyó ayer con la mayor demostración de fuerza del favorito, el convergente Artur Mas, que también llenó el Palau Sant Jordi de Barcelona y al que ya sólo le queda cruzar los dedos y esperar a que mañana se cumplan los pronósticos, que le sitúan cada vez más cerca de la mayoría absoluta.

La víspera fueron los socialistas quienes llenaron el emblemático recinto, símbolo del orgullo olímpico. Pero lo que para el PSC parece un acto casi rutinario porque lo han abarrotado muchas veces, sobre todo en las generales, en el caso de CiU, que no lo intentaba desde las generales de 1993, supone exhibir un cierto estado de gracia y una metáfora de la bola de nieve en favor del cambio que la campaña parece haber reforzado.

El candidato reclama una 'gran mayoría' y promete humildad

Desencadenar esta sensación de bola de nieve es siempre el fenómeno soñado por los estrategas de campaña de cualquier partido que aspire a arrebatar el poder a sus rivales. Pero los expertos avisan de que en el momento en que se logra instalar esta sensación se desencadenan dos riesgos muy peligrosos para los que acarician el triunfo y que le pueden hacer retroceder justo antes de llegar a la meta, sin tiempo ya para reaccionar.

El primero es la desmovilización de una parte del electorado propio que, al dar por segura la victoria, ya no siente la necesidad de acudir a las urnas. El segundo, un efecto de última hora en favor del gobernante claramente perdedor, al que de pronto se empieza a juzgar con menos severidad, lo que puede provocar votos imprevistos de los que consideran que tampoco merece un castigo tan severo.

Las últimas encuestas arrojan tal diferencia entre CiU y los socialistas (más de 65 escaños frente a 30 pelados) que la federación nacionalista debe lidiar con ambos peligros. Y a conjurarlos se dedicó entero en el acto de ayer, el primero en toda la campaña en que Mas compartió escenario con su mentor, el ex presidente de la Generalitat Jordi Pujol.

Montilla da cinco mítines en un día y se propone 'ganar a las encuestas'

'Una victoria justita no dejaría gobernar con la eficacia que la situación requiere', avisó Pujol. 'Toca pasar el rastrillo [de votos]', agregó el líder de Unió Democràtica, Josep Antoni Duran i Lleida. 'No es hora de felicitaciones, sino de ir a votar para lograr una gran mayoría', remachó Mas, que dijo sentirse ya 'muy cerca de Ítaca' y prometió humildad.

Hasta ayer, los estrategas nacionalistas habían escondido al patriarca convergente para subrayar el perfil de cambio y evitar que los socialistas desempolvaran, aunque fuera a la desesperada, el que fue posiblemente su lema electoral más exitoso: 'Si tú no vas, ellos vuelven'. En su momento, en la campaña de las generales de 2008, el eslogan se dirigía contra el PP su efecto contra CiU sería mucho más dudoso y llevó al PSC al mejor resultado de su historia, con el 45,39% y casi 1,7 millones de votos. De este momento cumbre para el PSC han pasado sólo dos años y ahora el partido lucha en el hoyo: trata de evitar su peor resultado.

Pese a los negros nubarrones electorales que auguran los sondeos, el candidato socialista, José Montilla, trató de insuflar ayer ánimo a los suyos luchando hasta el último segundo. Su campaña empezó al ralentí, con sólo un acto al día, y acabó con el turbo puesto: ayer dio cinco mítines, empezando a las siete de la mañana en la Seat.

'Ganaremos a las encuestas y ganaremos las elecciones', afirmó el líder socialista, para quien 'los que intentan dar la imagen de que la derecha ha ganado las elecciones se equivocan y menosprecian y desprecian la voluntad de la gente'.

Todos los partidos, salvo CiU, cerraron la campaña a la defensiva, tratando de defender terreno y minimizar pérdidas. De los miembros del Tripartito, sólo ICV, el único que no reniega de la fórmula que ha gobernado Catalunya desde 2003, parece resistir y su candidato se desplazó a Lleida para tratar de consolidar su escaño más amenazado. Por su parte, Joan Puigcercós, de ERC, hizo un llamamiento al voto útil anti PP con la esperanza de que la debacle anunciada se quede sólo en retroceso.

El PP cerró la campaña acompañado de nuevo por la cúpula del partido en Madrid ayer fue el séptimo día de campaña de María Dolores de Cospedal, los mismos que le ha destinado Mariano Rajoy. Ni Cospedal ni Rajoy son candidatos. Pero, en la práctica, también se presentan a estos comicios.