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Masiva despedida a Carrillo

Entre 25.000 y 30.000 ciudadanos acuden a la capilla ardiente del comunista imprescindible que ayudó a levantar la democracia. Dirigentes de todo el arco parlamentario rinden tributo al exlíder del PCE y destacan su talla histórica y

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Era uno de esos aplausos que hielan la sangre, que erizan la piel, que estremecen el alma. Un aplauso de casi cinco minutos, fuerte, impresionante, imponente. Un aplauso de eterna despedida a un personaje ya eterno: Santiago Carrillo. 

Pasaban las 22.00 horas en el auditorio Marcelino Camacho de Comisiones Obreras de Madrid. Acababa de penetrar en la sala el último grupo de ciudadanos que quería rendir homenaje al animal político que atravesó la historia de España, al hombre que se dejó la piel en la consecución de la democracia, al comunista que apostó fervientemente por la reconciliación nacional. De pronto, la platea prorrumpió en una ovación intensa, intensísima, ininterrumpida, cálida. Sonaron los '¡Viva a la República!', y sobre todo, los '¡Viva Santiago, viva Santiago!'. La emoción se tocaba con la punta de los dedos. El hijo mayor de Carrillo levantó del suelo una de las imágenes de su padre, la que se hallaba a los pies de su ataúd. Una imagen de 1977, en un mitin con Rafael Alberti en Cádiz. El aplauso se prolongó aún más, hasta hilvanarse con La Internacional

El féretro, después, se cerró. Para siempre.

'El capitalismo puede llegar a destruir la especie humana', rezaba la foto que presidía el auditorio

Concluía una jornada agotadora, densa, preñada de declaraciones, de instantáneas, de pequeños y grandes homenajes, de abrazos y recuerdos. El día había arrancado a las 10.30 horas, cuando abría sus puertas la capilla ardiente. Carrillo, fallecido ayer lunes a los 97 años, quería despedirse del mundo sin funerales ni ceremonias religiosas. Había sido un personaje público y público debía ser su adiós, había advertido a su mujer, Carmen Menéndez, y a sus tres hijos (Santiago, Pepe y Jorge) al cabo de sus convalecencias. No podía concebir otro adiós, otra manera de pasar su legado. 

Y público fue su salto a la posteridad. Y desbordante. Y multitudinario. Sobre todo multitudinario. Mayores, jóvenes, de Madrid y de fuera. Decenas de miles de personas se acercaron a rendir tributo al ex secretario general del Partido Comunista de España. Entre 25.000 y 30.000, según los cálculos del sindicato al término de la jornada. Las puertas no se cerraron a las nueve, como estaba previsto, por las larguísimas colas que todavía poblaban las calles y que daban una vuelta completa a la manzana. 

Unos sacaban el puño ante el ataúd, otros hacían ondear la tricolor; los más pasaban en silencio

El féretro descansaba, abierto, en medio del escenario, flanqueado arriba y abajo por dos fotos de Carrillo. Una, ya en su vejez. Camisa azul, chaqueta negra, cigarrillo negro gastado en las manos, una frase lapidaria en el pie: 'El capitalismo puede llegar a destruir la especie humana'. En el otro extremo, la imagen de 1977. Envolviendo sus piernas, una bandera del PCE, la hoz y el martillo con los que quería emprender su viaje a la muerte. Otra enseña del PCE presidía el escenario, haciendo pequeñas la de España –la constitucional, la que él aceptó en 1977–, la de la Comunidad de Madrid y la de la UE. A los pies del cuerpo, ramos y ramos de flores, y una tricolor dejada por uno de los miles de ciudadanos que le saludaron en su adiós. En los laterales, libros de condolencias llenos de firmas –se completaron 30–. En la platea, un denso bosque de coronas de flores y personas que querían aguardar un ratito sentadas, viendo el fluir constante de gente. Unos se emocionaron al desfilar junto al féretro, otros se cuadraban mientras sacaban el puño derecho, otros hacían ondear la bandera republicana frente a los ojos inertes de Carrillo. Otros, los más, pasaban delante en silencio. Quienes tenían relación con la familia podían expresarles su pésame, abrazar a Carmen, a sus tres hijos, a los amigos o a Belén Piniés, fiel secretaria del dirigente comunista durante años y hasta su muerte.

La familia se sentía 'abrumada' por las muestras de afecto de políticos y 'militantes llanos'

Llegaron intelectuales, artistas. Políticos de prácticamente todo el espectro parlamentario. De derecha a izquierda. Desde luego, una nutrida comitiva federal y regional de su vieja familia política, IU y el PCE: Cayo Lara, José Luis Centella, Gaspar Llamazares, y el grupo de Izquierda Plural. También de ICV, Joan Herrera, Joan Coscubiela y Laia Ortiz. Y los líderes de CCOO y UGT, Ignacio Fernández Toxo y Cándido Méndez. El goteo de dirigentes del PSOE de ayer y de hoy fue asimismo incesante: Felipe González, Alfonso Guerra, Alfredo Pérez Rubalcaba, Elena Valenciano, José Antonio Griñán, Soraya Rodríguez, Óscar López, Eduardo Madina, Rosa Aguilar, José Blanco, José Bono, Manuel Chaves, Carme Chacón -muy cercana a Carrillo-, María Teresa Fernández de la Vega, Tomás Gómez, Maru Menéndez... Se echó en falta, eso sí, al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero. Pero se acercaron igualmente dirigentes del PP (Esteban González Pons, Carlos Floriano), ERC (Joan Tardà), PNV (Josu Erkoreka, Emilio Olabarria, Aitor Esteban), UPyD (Rosa Díez, Toni Cantó), CiU (Josep Antoni Duran i Lleida, Josep Sánchez Llibre)... Y políticos retirados como Jordi Pujol, Miquel Roca, Rodolfo Martín Villa, Adolfo Suárez Illana o Cristina Almeida. Del mundo de la cultura, mostraron sus condolencias Pilar Bardem, Juan Diego, Ana Belén, Víctor Manuel, Almudena Grandes, Asunción Balaguer... A ellos se sumaron representantes de instituciones, como Pascual Sala, presidente del Tribunal Constitucional, o Soledad Becerril, Defensora del Pueblo. 

'¡Mejor que no haya venido Rajoy! ¡Aquí el fascismo no tiene cabida!', clama Pilar

El Gobierno optó por un perfil bastante más bajo. Sí envió a la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, y a los ministros de Empleo (Fátima Báñez), Exteriores (José Manuel García-Margallo) y Fomento (Ana Pastor). Pero faltó la cabeza, el presidente, Mariano Rajoy. El día anterior, al domicilio familiar, sí se habían acercado los reyes. '¡Mejor, qué pinta aquí! –decía Pilar, una mujer joven a las puertas del Marcelino Camacho–. ¡Aquí el fascismo no tiene cabida!'. 

La familia se sentía 'abrumada' por 'tantas muestras de cariño, de tanta gente, de militantes llanos y de dirigentes de todos los partidos', según confesó el hijo mayor, Santiago. 'Creo que mi padre gozó de un reconocimiento general y hoy lo hemos visto. Se ha destacado la visita de los reyes, pero el otro extremo es la gente humilde, los militantes de toda la vida, la gente que viene y saca su carné para homenajearle', relataba al tiempo que se le quebraba la voz.

Los políticos destacan su contribución 'decisiva' a la democracia

Nadie ahorró en elogios. 'Fue capaz de transformar sus aspiraciones, que nunca abandonó, en función de un análisis riguroso y serio de la realidad, que basaba en la consolidación de una convivencia en libertad y en paz', aseguró el expresidente Felipe González. Adolfo Suárez trasladó en nombre de su padre, gravemente enfermo, su mensaje de 'gratitud' a quien apoyó el proceso de Transición, 'cuando pocos creían en él'. Jordi Pujol elogió su 'figura absolutamente decisiva'. También Sáenz de Santamaría: 'Fue uno de los muchos hombres que participó en ese momento tan decisivo para la historia de España, para nuestro presente y para nuestro futuro'. Cayo Lara, líder de IU, su 'vida de compromiso con la causa de la izquierda'. Ignacio Fernández Toxo, 'su controversia decisiva para este régimen de libertades del que hoy gozamos'. Esteban González Pons, vicesecretario de Estudios y Programas del PP, recordó que encarnó la 'generosidad de una España que quiso volver a estar unida'. 

La calle, por una vez, respiró igual que la clase política. Los ciudadanos exhibieron afecto, respeto, cariño, admiración a raudales. Sin tachar apenas su trayectoria de manchones negros. 'Es un referente. Fue un hombre valiente. En la Transición hizo una dejación aparente de sus principios para que el pueblo tuviera libertad. Claro que no, la Transición no fue modélica, pero gracias a él hemos tenido una democracia vigilada', decía Peko, el primero que llegó a la fila por la mañana, y que nada más entrar al auditorio se enfundó en la tricolor y mostró a Carrillo su puño derecho en alto. 'Siento mucho dolor y tristeza. Él es la historia viva de este país', aseguraba a la entrada Francisco Javier Martínez. Juan Montes, que guardaba turno a su vera, señalaba cómo Santiago había sido, en verdad, 'un adelantado a su tiempo', que proscribió el estalinismo y abrazó el eurocomunismo, que sabía que tenía que ceder para no abortar la llegada de la democracia. 'Yo lo conocí, tuve mucha relación con él –contaba Aurora Catalina, luchando por esconder su emoción–. Era muy, muy buena persona. Un político como ninguno'. 

'Creía en el diálogo, en el consenso, en la reconciliación, fue coherente siempre', dice María José

María José, médico, cogió esta mañana un AVE desde Valencia. Sólo para ver a Carrillo: 'Yo milité en el PCE. Él fue un símbolo que ayudó a que a este país llegara la democracia y un político que se adaptó a su tiempo. Le he seguido desde siempre, y siempre me fascinó que, pese a su edad, era un hombre joven con una mentalidad abierta, con un profundo conocimiento de España, siempre preciso. Cuando me enteré de su muerte, pensé que se acababa una época, que se acaba otro de los símbolos de este país'. Ricardo, madrileño, también se detenía en la grandeza del 'símbolo', en su 'pureza de ideas', en su personalidad 'consecuente hasta el final'. ¿Renunció a demasiadas cosas, renunció a la piel del PCE? 'Algunos no lo entendieron –respondió María José–. Pero él creía en el diálogo, en el consenso. Fue el político de la reconciliación, y fue coherente hasta el final. El rey tiene mucho que agradecerle'. 

Blanca, Lorenzo, Olaya y David compartían tertulia en la platea del auditorio. Ninguno gasta más de 22-23 años. Ninguno vivió la Transición, pero lo conocían, lo tenían cerca: lo veían en tertulias, lo escuchaban en la radio. Y quisieron despedirse de Carrillo para darle, sencillamente, las 'gracias'. Por su papel en la Transición, por su lucha contra el franquismo. 'Esta gente dio su vida para que nosotros estuviéramos aquí, y no se le ha valorado lo suficiente –señalaba Blanca–. Si esto hubiera pasado en otro país con una dictadura como esta, no se le habría rendido este homenaje', simple, sin alharacas, sin la cobertura institucional. Los cuatro creen que los jóvenes actuales no conocen en profundidad ni aprecian la trayectoria del exlíder del PCE. Pero tampoco existen hoy, añadían, políticos como él. Por eso Olaya sintió ayer 'lástima' y 'pena por el olvido' previsible de su figura. 'Con él se va una parte de nuestra historia', cree David.

Los jóvenes creen que los de su generación no conocen su legado y su trayectoria

A María Menéndez, de 87 años, se le caía 'la baba' cuando veía a Carrillo: 'No he sido militante del PCE, pero soy comunista desde los nueve años. Y siempre le he seguido. En mítines y en toda su trayectoria. Soy carrillista al 100%. Yo no entiendo de errores'. 

Los ciudadanos no cargaban en la cuenta de resultados del exlíder del PCE el fardo de Paracuellos. Es más, su mera mención desataba la indignación inmediata: '¿Cómo es posible que con todo lo que ha hecho este hombre mientan algunos con lo de Paracuellos? ¡Han sido los fascistas de toda la puta vida, y siguen ahí!', replicaba vehemente José María Velasco. 'Es un argumento torpe, no hay equiparación con lo que hizo el franquismo', reflexionaban Blanca y Olaya. Ni tan siquiera se ha podido probar, recordaban muchos, que fuera Carrillo quien ordenara los disparos

El jueves será incinerado, pero no hay fecha aún para el esparcimiento de sus cenizas

A las nueve y veinte de la noche, cuando ya quedaba poco para cerrar la capilla ardiente, Carmen, enlutada de pies a cabeza, consumida pero entera, se acercó al cadáver de su marido. Lo había hecho más veces durante el día. Le besó en la frente y salió hacia su casa, a descansar después de una jornada agotadora. La sala se dejó envolver casi por la catarsis. Se rompió el murmullo, el bisbiseo constante y estalló un fortísimo aplauso. Una ovación de reconocimiento a Carrillo, al animal político que atravesó la historia de España, al hombre que se dejó la piel en la consecución de la democracia, al comunista que apostó fervientemente por la reconciliación nacional. Y también un cálido homenaje a su compañera, a Carmen. Un aplauso a los dos 'por valientes', comentaba una mujer. '¡Brazo en alto, compañeros, viva la República!', gritó uno. '¡Viva Carrillo!', clamó otro.

La segunda catarsis, la definitiva, llegó unos minutos más tarde. Pasadas las diez. Se cerraba la capilla y se cerraba otra de las últimas páginas ya de uno de los grandes artífices de la transición. Mañana se consumirá otra, cuando a un pequeño homenaje en el Marcelino Camacho, a las 9.30, le seguirá la incineración en el crematorio de La Almudena. En los próximos días, la familia llevará sus cenizas a Gijón, para esparcirlas en el Cantábrico. Para poner el broche definitivo de una vida de 97 años sin la que no se entiende la historia de España ni su contribución a la paz.