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Menos ingresos tributarios que la media

Sólo Grecia, Irlanda, Eslovaquia, Letonia, Lituania y Rumanía están por debajo de España en presión fiscal. Alemania tiene un tercio más

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La presión fiscal es el porcentaje que representan los ingresos tributarios, incluidas las cotizaciones sociales, respecto de la renta nacional. Es la parte del PIB de la que dispone el Estado para gasto público, por lo tanto de ahí sale el dinero para la sanidad, la educación, la inversión pública y, sí, también para los aeropuertos sin aviones y otros derroches.

Entre 1976 y 1992, la presión fiscal en España aumentó mucho, un punto de PIB por año, pero desde 1992 ha permanecido más o menos estable. En la actualidad, la presión fiscal se sitúa en torno al 32% del PIB. Es decir, que de cada 100 euros de riqueza generada en el país durante el año, 32 se pagan en impuestos. Habrá a quien le parezca mucho, pero es una de las más bajas de la Unión Europea.

La presión fiscal se sitúa actualmente en el 32% del PIB, similar a la de 2000

Con los datos de 2009 (los últimos comparados por Eurostat), la presión fiscal española está por debajo de la media europea (30,4 en España frente al 38,7 en la UE-27). Por debajo de España sólo están Grecia e Irlanda, además de un grupo de países del este de Europa. Alemania está en el 39,9%, Francia en el 41,6% y países cuyo Estado del bienestar es envidiable como Dinamarca tiene una presión fiscal del 48,2% (Suecia del 46,8%).

En la última década, la presión fiscal española subió entre 2004 y 2007 y superó el 37%. Sin embargo, en los dos años siguientes cayó siete puntos. ¿Razones? En parte por la recesión, pero la caída del PIB español ha sido inferior a la de otros países y, sin embargo, la pérdida de recaudación ha sido mucho mayor, de hecho seis veces mayor (el promedio de la UE es un punto del PIB y en España cayó seis puntos del PIB).

'El sistema fiscal español es totalmente inadecuado porque no es capaz de dar la recaudación que se necesita; tiene problemas de diseño pero también de gestión con unos niveles de fraude elevados y tolerados socialmente', explica Ignacio Zubiri, catedrático de Hacienda Pública de la Universidad del País Vasco.

Casi un tercio procede de los impuestos directos y el 40% de las cotizaciones sociales

Además, una cosa es la presión fiscal y otra el esfuerzo fiscal que hace cada contribuyente. No paga lo mismo un asalariado que un rentista o un empresario, ni una pyme que una gran empresa.

La década pasada fue la de la opulencia; como el sistema fiscal es progresivo la recaudación creció más que el PIB y parecía que las arcas del Estado estaban llenas. Además, las transacciones inmobiliarias suministraban un extra de financiación a comunidades autónomas y ayuntamientos. En ese contexto, se produjeron 'rebajas fiscales peligrosas', en palabras de Zubiri, porque no se puede pensar que la economía vaya a crecer siempre.

Tras la rebaja del Impuesto sobre Sociedades, aprobar la deducción de 400 euros en el IRPF justo antes de las elecciones de 2008 y suprimir el Impuesto sobre el Patrimonio poco después y con la crisis ya en marcha llevó a un colapso recaudatorio. En 2008, los ingresos tributarios cayeron un 13,5% y casi un 17% al año siguiente: 56.000 millones de euros en dos años. El derrumbe de la recaudación de Sociedades no ha tenido parangón en la historia del impuesto y no sólo por la crisis sino por la propia estructura del impuesto.

Los ingresos tributarios cayeron más de 56.000 millones de euros en dos años

Así que el Gobierno rectificó la idea de que bajar impuestos también era de izquierdas y subió del 18% al 19 y 21% el tipo para las rentas del capital además de aumentar el IVA (del 16% al 18% y del 7% al 8%) y el tipo marginal del IRPF para rentas superiores a 120.000 euros con efectos a partir de 2011, además de eliminar el cheque bebé. Con estas medidas de ajuste, junto con la reducción de los salarios de los funcionarios y la congelación de las pensiones, se intentó compensar la reducción de los ingresos y recortar el déficit.

Básicamente, los ingresos tributarios se reparten en tres clases y cada una de ellas aporta alrededor de una tercera parte de recaudación: impuestos directos, impuestos indirectos y cotizaciones sociales, siendo estas últimas las que más ingresos proporcionan (12,4 puntos de los 30,4 puntos de presión fiscal que había en 2009). Por su parte, los impuestos sobre el capital aportaron sólo 0,4 puntos a la presión fiscal en 2009. Entre 2005 y 2009 la presión fiscal se redujo 5,18 puntos, de los cuales 3,59 correspondieron a los impuestos indirectos y 1,32 a los directos, mientras que las cotizaciones aumentaron su aportación en 0,29 puntos.

Si lo miramos por administraciones, la Seguridad Social representó casi el 40% del total (11,96 puntos de los 30,4 puntos de presión fiscal en 2009); la Administración central fue el 26% (el 89% de la disminución de la presión fiscal que se produjo por las medidas de estímulo fiscal lo soportó el Estado); las autonomías, el 24% y las corporaciones locales, el 9%.