Publicado: 13.05.2010 00:20 |Actualizado: 13.05.2010 00:20

Los mercados imponen el tijeretazo social

El Gobierno congela las pensiones, suprime el cheque-bebé y baja el sueldo a los funcionarios para contentar a los inversores

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Se impuso la ley de los mercados. Tras seis años enarbolando como bandera el despliegue de los derechos sociales, el presidente del Gobierno se plegó ayer ante lo que llamó "la cruda realidad" y anunció en el Congreso un tijeretazo sin precedentes que implica, entre otras medidas, congelar las pensiones, suprimir el cheque-bebé, restringir las ayudas por dependencia y bajar el sueldo a los funcionarios.

La amargura del trance se reflejaba en las ojeras de José Luis Rodríguez Zapatero y en el dato de que los preparativos del anuncio se prolongaron hasta las cuatro de la madrugada. También en el rictus cariacontecido de los ministros y en un gesto que invirtió los papeles tradicionales: la vicepresidenta económica dio una palmetada de aprobación al presidente cuando este regresó a su escaño tras reclamar "un esfuerzo nacional".

Zapatero se pone como objetivo reducir el déficit al 6% en 2011

Las razones que le han llevado a lo que desde la oposición más moderada se calificó de "gran rectificación" y las inquietudes que se han apoderado del PSOE, las confesó Zapatero abiertamente: "Soy consciente de que muchos ciudadanos no entenderán que, precisamente cuando el Gobierno les está anunciando que se ha iniciado ya la recuperación de nuestra economía, les pida más esfuerzo y les anuncie sacrificios. Lo necesitamos para cumplir nuestros compromisos europeos, para reforzar la confianza en nuestra economía y para mantener entre nosotros a los inversores".

Con las medidas anunciadas, aunque no todas están cuantificadas con exactitud, el Gobierno se propone un ahorro adicional de 15.000 millones en dos años para rebajar en 2011 el déficit público del 11,2 al 6%. Aunque sabía que varios grupos le atacarían por este flanco, Zapatero se negó a suprimir alguno de los ministerios y, como medida ejemplificante, optó por aplicar a los miembros del Gobierno un recorte salarial del 15% el sueldo bruto de un ministro son 4.800 euros mensuales, igual que a los diputados.

El presidente convoca a los sindicatos, que no descartan la huelga

La situación de emergencia se vio corroborada por la convocatoria en Ferraz de los secretarios provinciales y regionales del PSOE. En las filas socialistas se animaban los unos a los otros a "no arrugarse" y la mayor preocupación era cómo defender la congelación de las pensiones y preservar la alianza con los sindicatos.

Los dirigentes sindicales hablaban ayer de "un antes y un después" y, por primera vez, no han querido descartar la temida huelga general. Para intentar evitarlo, Zapatero les anticipó el ajuste el martes y sus líderes han sido convocados hoy en Moncloa.

Pero el malestar no se limita a los sindicatos. Se extendía ayer a todos los partidos a la izquierda del PSOE, para los que el sacrificio se carga sobre "los de siempre", como dijo Joan Herrera (ICV-IU), mientras que "los cinco grandes bancos declararon el año pasado 16.000 millones en beneficios", según recordó Joan Ridao (ERC). Y no se quedó ahí. También alcanzó al interior del PSOE. Juan Antonio Barrio, portavoz de la corriente Izquierda Socialista, expresó abiertamente su descontento ante la falta medidas que carguen el esfuerzo sobre los que tienen más recursos y los que provocaron la crisis. Tampoco paso desapercibido que Alfonso Guerra se mantuviera sentado mientras que el resto de los diputados socialistas aplaudían en pie el discurso del presidente.

La izquierda critica que no se pida el esfuerzo a los que provocaron la crisis

Zapatero no descartó medidas fiscales encaminadas a que "quienes tienen más posibilidades hagan más esfuerzo", aunque aclaró que "eso no supone automáticamente una subida de impuestos". Podría hacerse penalizando las idemnizaciones de los altos ejecutivos o suprimiendo desgravaciones, pero el Gobierno se ha dado un margen para "reflexionar" hasta la aprobación de los Presupuestos. Además, desde el Ejecutivo se reconoce que el ajuste anunciado debe completarse con una nueva regulación del sistema financiero y entre los socialistas no se descartaba ayer que termine alcanzando a las prestaciones por desempleo.

La intervención de los grupos de la oposición confirmó que Mariano Rajoy se ha instalado en la demagogia populista y que, con medidas que lo alejan del arcoiris de la izquierda, el Gobierno sólo puede contar, con cierto grado de fiabilidad, con PNV y Coalición Canaria. CiU sigue intentando afianzarse como pivote, con un ojo mirando al PSOE y otro al PP, y toda la atención puesta en las elecciones en Catalunya.

Rajoy dice que España es un país «bajo protectorado» extranjero

Rajoy no dudó en calificar la situación de España como la propia de un país "bajo protectorado" extranjero, con un Gobierno "tutelado y bajo vigilancia" de la Comisión Europea, como consecuencia de estar en "la senda griega". Pero, además, su intervención tuvo ribetes antisistema, al aprovechar la coyuntura para defender que se recorten las subvenciones a los partidos políticos, sindicatos y organizaciones empresariales.

El PP vivió con euforia lo que algunos de sus dirigentes consideraron "la rendición" de Zapatero a la vista de lo que Rajoy juzgó como "el mayor recorte de derechos sociales de la democracia". En los pasillos colgaron el cartel de elecciones anticipadas, aunque su líder no se atrevió a pedirlas desde la tribuna. "Todas las promesas electorales de Zapatero se han ido a paseo", proclamaban.

Fue el debate lo más parecido a una moción de censura sin moción ni alternativa. El dedo en la llaga lo puso, como acostumbra, Josep Antoni Duran i Lleida (CiU): "El Gobierno no despierta confianza, pero la oposición tampoco. La solución no pasa por sustituir a quienes no inspiran confianza por otros que tampoco lo hacen".

A pesar de todo, el presidente sostuvo que "no hay un Zapatero antes y después" de ayer. De momento, ayer cosechó el aplauso de la Comisión Europea por actuar "en la buena dirección"; del Fondo Monetario Internacional, que celebró su "inmediata reacción", y de la bolsa, que subió un 0,8%. Pero Josu Erkoreka (PNV) auguró "una inmensa contestación".