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El método Rajoy

La respuesta del líder del PP a los escándalos de corrupción que afectan a su partido es la inacción y el silencio. Nunca ha exigido a los imputados que dimitan sino que ha optado por esperar a que se fueran ellos

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En el PP se ven ya tan cerca de la Moncloa que hoy casi nadie se atreve a criticar la forma en la que Mariano Rajoy, su jefe de filas, maneja cuestiones que afectan al funcionamiento interno y a la imagen del partido, como los escándalos de corrupción. Pero hubo una época no muy lejana en el tiempo, a mediados de 2009, cuando el partido era un hervidero de críticas por el silencio en el que se instaló el presidente del principal partido de la oposición mientras el caso Gürtel iba sumando imputados con un goteo incesante.

Pese al malestar interno y a que la oposición ha aprovechado esta estrategia de Rajoy como munición para dibujarle como un líder tolerante con la corrupción, el presidente del PP siempre ha sido fiel a este estilo y, de momento, no pasará a la historia por exigir dimisiones y cortar cabezas de forma fulminante. Lo hará más por sus silencios y por dejar que sean los propios implicados los que decidan sobre su futuro. Sirva como ejemplo el adiós de Francisco Camps esta misma semana, tras más de dos años aferrado a la presidencia de la Generalitat Valenciana e imputado en el caso de los trajes.

Con matices, lo mismo ocurrió con los parlamentarios Luis Bárcenas y Jesús Merino, que continuaron en sus escaños del Senado y el Congreso, respectivamente, hasta que fueron ellos mismos los que decidieron apartarse por sus implicaciones en el caso Gürtel. Y con Jaume Matas, al que Rajoy nunca le pidió el carnet del partido por su imputación en el Palma Arena. Dejó que fuese el expresidente de Balears el que meses después de ser salpicado por el escándalo solicitase la baja en la formación conservadora.

Los marianistas defienden esta actitud de su jefe de filas, rechazan que se le pueda criticar por no afrontar los problemas de cara y se toman cada una de las citadas dimisiones como una victoria de Mariano Rajoy. 'Dejar que cada uno elija el momento en el que dar un paso atrás y aguantar el tipo también es una estrategia', defiende uno de sus colaboradores sin entrar a valorar el desgaste que suponen meses o años de silencio.

Si algo hay en común a los episodios anteriormente mencionados, es el guión que ha conducido a la dimisión de sus protagonistas. Una vez que el escándalo ha visto la luz, Rajoy opta por un perfil bajo y prefiere que sean otros miembros del partido los que se pronuncien, casi siempre apelando a la presunción de inocencia o cargando contra la labor de los tribunales. Pese a que la cosa se ponga muy fea, y así ha ocurrido por ejemplo en el caso de los trajes, el líder del PP nunca se moja y es el propio implicado el que acaba rindiéndose. 'A Rajoy no le gusta tener cadáveres a sus espaldas, prefiere que las presas caigan por agotamiento', resume un diputado.

Otro, más crítico, censura que este comportamiento pueda trasladar la idea de un líder poco contundente, máxime ahora, cuando el presidente del principal partido de la oposición tiene más posibilidades que nunca de arrebatar el Gobierno a los socialistas. 'A un futuro presidente de Gobierno se le exige más contundencia', remacha.

En un sentido similar, un dirigente conservador intenta extrapolar la estrategia de Rajoy a un posible escenario puertas afuera del partido: 'Con esta actitud, el episodio del Alakrana -atunero español secuestrado en octubre de 2009- habría terminado muy mal'.

¿Cambiará Rajoy esta forma de afrontar los problemas? Los que le conocen dicen que no renunciará a este estilo y que delegará la toma de decisiones en las personas que ponga al frente de cada una de las áreas.

A continuación, se analizan las claves de la forma en la que el líder del PP ha manejado los últimos episodios de corrupción que han salpicado al partido.

Francisco Camps dijo adiós a su despacho en la presidencia de la Generalitat Valenciana el pasado miércoles. Es decir, más de 800 días después de que, en febrero de 2009, su nombre apareciese relacionado con el caso de los trajes.

Durante este tiempo, con mayor o menor efusividad, Camps siempre contó con la complicidad de Mariano Rajoy. No sólo no prescindió de él cuando los autos judiciales acorralaban cada vez más al president y al PP de la Comunitat a cuenta de la investigación sobre la presunta financiación ilegal, sino que le premió ubicándolo otra vez como cabeza de lista.

Tuvo que ser el propio Camps el que anunciase su marcha dejando boquiabierto a todo el partido. Y es que, horas antes, había pactado con el partido -y Rajoy estaba al tanto de ello- aceptar el delito y seguir en el cargo. Todo apunta, pues, a que su jefe de filas nunca tuvo en mente sacrificarlo y estaba dispuesto a tolerar que un presidente autonómico que había reconocido un delito de cohecho siguiese al frente del Govern. Todo ello, además, en plena recta final para unas elecciones generales.

Hoy, Luis Bárcenas es extesorero del PP y exsenador por Cantabria. Pero la transición hacia este estatus fue lenta. Rajoy escuchó todo tipo de voces dentro y fuera del partido para que le apartase de sus cargos. Pero prefirió dejar todo en manos del interesado. En marzo de 2009 fue vinculado por primera vez con el caso Gürtel. Y, en junio, el instructor de este caso en el Tribunal Superior de Justicia de Madrid, Antonio Pedreira, acordó remitir la causa al Supremo, al que pidió la imputación de Bárcenas por delito fiscal y cohecho.

Su dimisión como tesorero del PP llegó en julio. Fue con carácter provisional. Hasta el 8 abril de 2010, no lo haría de manera definitiva, al tiempo que solicitaba su baja temporal en el partido. La renuncia al escaño llegaría el 19 de abril, lo que le hizo perder su condición de aforado. El silencio de Rajoy volvió a ser la nota dominante.

El camino que condujo a su retirada fue muy similar al del extesorero. Hasta el punto de que ambos renunciaron a sus escaños el mismo día, después de meses en el punto de mira por su implicación en el caso Gürtel.

El sumario incluía informes policiales que le atribuían haber recibido más de 250.000 euros de la trama corrupta. Como a Bárcenas, la renuncia al escaño le hizo perder su condición de aforado.

El caso Palma Arena, que investiga las irregularidades cometidas durante la construcción de este velódromo, cuyo precio final duplicó lo inicialmente previsto - de 48 millones de euros a 100-, estalló en agosto de 2009. Y poco tardó el juez en llamar a declarar como imputado al conservador Jaume Matas, que fue president de Balears entre 2003 y 2007. Lo hizo en octubre. Y aguantó como militante del PP hasta marzo de 2010, concretamente hasta el día 29, veinticuatro horas antes de que el juez decretara prisión provisional con una fianza de 30 millones de euros.

Como ha ocurrido en el resto de los casos, también en este Rajoy optó por el silencio y por dejar que fuera el protagonista de la historia el que decidiera el momento de su marcha.

'Le deseamos lo mejor al señor Matas y que se defienda y, si puede, demuestre su inocencia', fue la reacción del líder del PP el día del adiós de Matas. Lo que no hizo fue explicar el apoyo que brindó al expresident durante años. 'Vamos a intentar hacer en España lo que Jaume y todos vosotros hicisteis en Baleares', proclamó el presidente del principal partido de la oposición en un acto público en 2004.