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"Todo mi respeto"

Saramago visita a la activista y le entrega su último libro

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'¡Saramago!, ¡Saramago entra por la puerta!', grita alguien en medio del alboroto de gente que rodea en el aeropuerto de Lanzarote a Aminatou Haidar. Y todo el mundo sale corriendo al encuentro del premio Nobel de Literatura, que camina despacio por la terminal del aeródromo del brazo de su mujer, Pilar del Río. Todos los implicados en la defensa de la activista saharaui rompen a aplaudir de forma espontánea. Los turistas que están haciendo cola para embarcar se giran para mirar.

'Todo mi respeto y toda mi admiración', firma Saramago en la primera página de un ejemplar de Caín, su último libro, antes de entregárselo en mano a Haidar. Ella le sonríe, recostada sobre un colchón y tapada con mantas, sin soltar su botella de agua.

Ha perdido al menos cinco kilos desde que el pasado 15 de noviembre decidiera alimentarse sólo a base de agua y azúcar. Saramago se va, pero antes reflexiona: 'Yo no estoy para justificar al Ejecutivo, pero han presentado cuatro propuestas y las tres primeras han sido rechazadas. No quedó claro con qué argumentos, porque la verdad es que Aminatou está en su derecho para rechazar un pasaporte que no es el suyo. Pero ella tampoco es marroquí, y tener un pasaporte marroquí o español, en el fondo no es gran diferencia. Es un pasaporte'.

Saramago no fue la única visita que recibió la activista saharaui. El portavoz nacional del BNG, Guillerme Vázquez, y el senador autonómico del Bloc per Mallorca, Pere Sampol, acudieron al mediodía a saludar a Aminatou y a mostrarle su apoyo. Ella les entregó una fotografía donde aparece con sus dos hijos.

A las visitas oficiales se unieron las de multitud de curiosos, la mayoría, pasajeros en tránsito. Muchos se paraban a ver el mural que el domingo pasado le firmaron una treintena de artistas durante un acto reivindicativo en Rivas (Madrid), y que ya está a sus pies en Lanzarote.

Haidar, según sus seguidores, permaneció cuatro años torturada por Marruecos con una venda sobre los ojos. Por eso, ahora no soporta bien los flashes de los fotógrafos, algo que ayer fue difícil de evitar entre los medios de comunicación y las cámaras de los turistas.