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La multinacional del saqueo de cajeros

Una macrorredada internacional permite desmantelar el mayor grupo mafioso mundial de clonadores de tarjetas

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'Coge la maleta y vete. Vienen a por nosotros. Es el fin'. Tras oír el mensaje, el búlgaro Dejan recogió las pertenencias que tenía en la casa de Dos Barrios (Toledo) donde se escondía y salió dispuesto a huir. No pudo. La Policía lo detuvo nada más pisar la calle. Él es uno de los dos detenidos en España durante la operación Night Cloned Card, una macrorredada desarrollada el pasado 6 de julio en cinco países europeos y EEUU que ha permitido arrestar a 60 personas, todos búlgaros, que integraban la mayor banda del mundo de clonadores de tarjetas de crédito. 'Era una auténtica multinacional', señala un mando policial.

La red, denominada Noshtnia, estaba desplegada por varios países, aunque Italia era su principal campo de actuación. De hecho, la Policía italiana estima que la red ha llegado a robar con tarjetas clonadas más de 50 millones de euros. Los investigadores calculan que a la semana obtenían más de 150.000 euros en todo el mundo. Y llevaban actuando nueve años.

En España, su actividad se remonta a 2006. Desde aquel año, una veintena de operaciones policiales ha permitido detener a 106 de sus integrantes. Los dos últimos, la semana pasada: un búlgaro preso en Soto del Real (Madrid) por delitos similares y el arrestado en Dos Barrios. Este último tenía el encargo del jefe de la red, un empresario detenido en Sofia, de reorganizar en la península un brazo de la red.

El núcleo de la trama se situaba en la capital búlgara. Allí estaban los laboratorios clandestinos donde ingenieros fabricaban los dispositivos que simulaban ser bocas de cajeros para copiar la las tarjetas. Los modelos más sofisticados incluían microcámaras para grabar a los clientes marcando la clave.

Estos ingenios eran enviados a los países, entre ellos España, donde los colocadores se encargaban de instalarlos en los cajeros y retirarlos pocas horas después para recuperar la información que grababan. Luego, vía internet enviaban los datos a Sofia para que los informáticos de la red los desencriptasen y los reenviasen limpios a las células de los diferente países, para que fabricaran las tarjetas físicas. Todo ello, en minutos.

Entonces actuaban los sacadores, que recorrían los cajeros extrayendo el dinero. Empezaban poco antes de la medianoche para sustraer tanto el saldo de la tarjeta de ese día a punto de acabar, como el de la jornada siguiente. El beneficio era tal que la trama había creado un entramado en Kenia, Chipre, Suráfrica y Rusia para blanquear el dinero.