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Mutuas para no pagar el billete de metro

El colectivo Yo no pago francés se organiza para evitar las multas

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Está claro. Ya no podemos o ya no queremos pagar transportes como el metro, el tranvía o el bus... O sea que defraudamos ¡Pero lo hacemos juntos! Nos organizamos, pagamos cuotas, y así tenemos dinero de reserva cuando nos cae la multa'. Este es, en un prospecto publicitario, el resumen de la vía que han emprendido en Francia los equivalentes al movimiento Yo no pago que en España protesta contra la subida del transporte público. En Francia la corriente empezó hace unos ocho años hoy, además de funcionar, ya puede hacer estudios de fondo para demostrar que el transporte público gratuito no es sólo posible, sino la única opción razonable.

Cita en París. El movimiento de los Yo no pago se anda con muchísimo cuidado, así que todo empieza por un folleto en una librería anarquista y, de ahí, tirando del hilo, gracias a una actriz relativamente conocida, se encuentra uno en un bar con un joven a quien llamaremos Cédric. No sólo tiene la típica pinta de rapero bohemio tan de moda en esta capital, sino que además reivindica su condición de activista de la 'acción directa y concreta'. 'La historia del movimiento es compleja. Piensa que sólo en París debemos ser, que nosotros sepamos, 11 organizaciones, no todas de acuerdo entre ellas sobre el fondo del problema. Las hay también en al menos otras nueve ciudades, entre ellas todas las grandes urbes. Yo diría que debemos ser entre 2.000 y 3.000 mutualistas en total', explica.

El movimiento protesta contra la subida de precios del transporte público

Estas mutuas se basan en un cálculo económico racional que dejaría pasmado a un Nobel de Economía. 'La posibilidad de que un interventor te pille cuando viajas sin billete es de aproximadamente una cada 350 viajes, por lo que estadísticamente se pueden hacer esos 350 viajes por una multa. Si esa multa está cubierta luego por un fondo mutualista, te has ahorrado una suma considerable, de entre 700 y 1.000 euros al año, según la ciudad y según la fórmula de billete simple, abono semanal o mensual', explica.

Los mutualistas suelen poner entre ocho y diez euros al mes para abundar ese fondo que, llegado el momento, les protegerá pagando la multa o una eventual asistencia jurídica.

Un activista: 'Es ilegal, por eso nos tenemos que andar con cuidado»'

Pero la argucia es ilegal, claro, cosa que explicaría perfectamente Nicolas Sarkozy. 'Sí. Es ilegal. ¿Y qué? Por eso nos tenemos que andar con cuidado, sobre todo los que organizamos esto, que podríamos ser acusados directamente de delito. Y luego, claro, puede haber alguna complicación si la mala suerte hace que atrapen a alguno como reincidente. Pero les es muy difícil remontar el hilo, o saber que hay una organización detrás', explica el joven, en referencia a las autoridades.

Cédric reconoce, no obstante, que ha habido al menos dos casos en París y uno en Burdeos de mutualistas que fueron condenados a severas multas, e incluso ha habido penas de cárcel en suspenso contra personas atrapadas como reincidentes con 'delito de costumbre' de defraudar.

Dejado atrás el problema legal, queda el de la legitimidad. Defraudar significa privar de recursos a las empresas públicas de transporte, que no podrán mejorar material y financiar empleo e infraestructura. De hecho, en París algunos de los poderosos sindicatos de la RATP, incluidos los autónomos radicales de SUD Solidaires, son muy reticentes ante las mutuas de estafadores.

La iniciativa se basa en que sólo 'pillan' a uno de cada 350 que viajan sin billete

'Es un falso problema', explica el joven líder de los mutualistas. 'Hemos hecho estudios que demuestran, al menos en París, que lo que representa, en los presupuestos de la RATP, el pago de los billetes y abonos, sólo pesa en torno al 30% de lo que cuesta el servicio. Y si te miras sus presupuestos, el 30% aproximadamente también es lo que cuesta... ¡el dispositivo de control y de represión de los viajeros para que paguen, entre los torniquetes, las barreras, los interventores y los vigilantes!', añade con aplomo.

Cierto es que, en París mucho menos en otras ciudades, los presupuestos de la Administración subvencionan directamente el transporte urbano para garantizar la competitividad de la metrópolis. Por el contrario, la viabilidad de la gratuidad ha sido probada en otras ciudades donde existe con toda legalidad por decisión de la comunidad urbana, como en Chateauroux (en el centro del país) o Compiègne (al norte de París).

Algunas de las mutuas de defraudadores más conocidas de Francia, como la Mutuelle des Fraudeurs de Lille, fomentan su movimiento a través de webs en internet, e incluso disponen de un servicio de guardia jurídico algunos días al mes. Por si cae la multa.