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"Si no llega a ser por los vecinos, tiro la toalla"

El día después del desalojo lo dedicaron a ir al médico y a preparar la denuncia

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A pesar de que llevaban cuatro años de juicios para evitar el desalojo, nunca pensaron que llegaría el día de perderlo todo. Y mucho menos que iban a venir 20 furgonetas repletas de agentes antidisturbios por si se complicaba el desahucio y dos ambulancias más por si había incidentes.

Pero el día llegó. Fue el lunes. Tras horas de asedio con escalera incluida para colarse por el balcón, los Mossos d'Esquadra lograron entrar en el piso y desalojar a la familia. Después de 26 años acumulando recuerdos, en un par de horas lo perdieron todo. 'Me siento como si estuviera en la calle', lamentaba ayer Verónica. Ella, su marido Eliseo y los tres hijos han pasado la noche en casa de sus familiares. 'El niño [de 12 años] está con mi hermano, que también tiene un chico, y el resto estamos en casa de mi hermana'. Su intención es instalarse allí durante dos semanas, echar una mano en el bar de su hermana y encontrar otro piso en el mismo barrio para que el pequeño siga en la escuela donde está matriculado. La asociación de vecinos está negociando con el Ayuntamiento.

Después de veintiséis años acumulando recuerdos, el lunes lo perdieron todo

La mayoría de sus pertenencias están en un almacén, pero los agentes no les dejaron vaciarlo todo. Sólo tuvieron unos minutos. Verónica recuerda mirando el cielo nublado que había dejado hasta la ropa tendida. Ayer mismo intentaron volver a entrar en el piso para recuperar lo que dejaron, pero el propietario ya había cambiado la cerradura.

Todo el conflicto empezó cuando el dueño, Alberto Viñas Tous, intentó retirarles la renta antigua y triplicarles el alquiler. Tras varios juicios, la ley le dio la razón.

Ayer, en su primer día sin piso, Verónica y Eliseo fueron al ambulatorio a buscar un parte médico para denunciar a los Mossos. La doctora, que por la mañana mientras desayunaba había visto por televisión cómo los Mossos les pegaban, les atendió horas más tarde y certificó las contusiones y los hematomas. En el barrio, todos comentaban el desalojo del día anterior. 'Una vecina nos ha visto y nos ha invitado a desayunar', explicaba Eliseo, que ayer insistía en buscar algo positivo a la experiencia vivida: 'Recuerdo cómo los vecinos gritaban desde abajo: ¡Eliseo, aguanta!''. Y él intentó resistir y piensa denunciarlo y llegar hasta el final. 'Si no llega a ser por los vecinos, tiro la toalla'.