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La noche del 22 de mayo

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Algunos lunes, aunque a veces también toca otros días, Felipe González abandona obsidianas, corales o fósiles para esculpir pacientemente en público una nueva pieza que tiene su morbo. Su nombre, a falta de otro más original, podría ser La salida oportuna de José Luis Rodríguez Zapatero. El expresidente de Gobierno, según algunas personas que le tratan con frecuencia, estima, desde principios de año, que Zapatero, caso de renunciar a ser candidato socialista en las próximas elecciones generales, debería anunciarlo cuanto antes. Esto ya lo ha dicho con todas las letras. Pero ¿cuándo?

Según González, en marzo. La verdad es que entre los dirigentes socialistas existe la convicción de que Zapatero ya está predispuesto a esa renuncia. El martes pasado, después de que el presidente interviniera ante el grupo parlamentario y tras el envío de una carta personalizada a los militantes en la que se subrayan las bondades del acuerdo social, la convicción apuntada se reforzó todavía más. Pero con un matiz: Zapatero quiere morir, dicen, con las botas puestas.

El drama es bastante evidente. Si a Zapatero las encuestas se le han caído a los pies y ha decidido 'por convicción' no presentarse, ¿por qué no decirlo ya, como se lo piden los barones regionales, antes de las elecciones del 22 de mayo ? Y si quiere esperar a los resultados antes de anunciarlo, ¿no será que esa predisposición ya asumida puede albergar una última esperanza de marcha atrás?

Cualquier 'salida' va a ser mala. Porque los sondeos son implacables a tal punto con Zapatero que se halla desprovisto de toda capacidad para capitalizar operaciones políticas que en otras circunstancias podrían suponer alguna recuperación. En realidad, lo más importante serán los resultados del 22 de mayo. Esa noche es el momento de la verdad. Si lo que los socialistas temen en la intimidad se concreta y hay fuertes perdidas en comunidades autónomas y ayuntamientos, Zapatero tendrá que evaluar la situación desde cero. Las campanas habrán doblado por la legislatura. Por tanto, de aquí a las elecciones de mayo sólo hay una noticia que puede tener relevancia e impacto político en el ánimo de los electores: el anuncio de que Zapatero no será candidato. Hacerlo, claro, supone para el presidente renunciar a que lo que pase en esas elecciones sea un elemento importante en su decisión. Y, por otra parte, será difícil saber con certeza qué influencia pudo tener su renuncia sobre el desenlace electoral.

El 22 de mayo, después de la derrota del 28 de noviembre en Catalunya, es el día decisivo. No tiene importancia que Zapatero insista, como lo hace habitualmente, en su lógico deseo de acabar la legislatura. Eso solo será posible si el PSOE consigue mitigar la derrota el 22 de mayo. Pero si el escenario más dramático tiene lugar y si Zapatero anuncia (antes o después del 22 de mayo) que no será candidato, la permanencia en el Gobierno hasta el último día será interpretada como una mera utilización partidista del poder, dirigida a preparar el lanzamiento de la nueva candidatura del PSOE.