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Nueve meses de infierno en el desierto

El de Albert Vilalta y Roque Pascual ha sido el secuestro más largo de Al Qaeda en la región del Sahel

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El pasado 8 de agosto, los cooperantes españoles secuestrados por Al Qaeda batieron un récord: el de ser los occidentales que más tiempo han pasado secuestrados en el Sahel. Han sido 267 los días en los que Albert Vilalta y Roque Pascual se han levantado sin saber si esa jornada sería la última; si los terroristas de Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) que los retenían en algún lugar remoto del desierto de Mali cumplirían su amenaza de ejecutarlos si España no se plegaba a sus exigencias. Lo que empezó como un viaje humanitario terminó convirtiéndose en una pesadilla.


Albert Vilalta, Alicia Gámez y Roque Pascual habían salido del Port Olímpic de Barcelona el 22 de noviembre con el resto de participantes de la caravana de la ONG Acció Solidària. Los 15 vehículos de la comitiva llevaban 105.000 kilos de material de diferentes ONG catalanas destinadas a asociaciones locales de Marruecos, Mauritania, Senegal y Gambia. Pero en la carretera que une la ciudad mauritana de Nuadibú con Nuakchot, la capital, la expedición se torció. Había caído ya la noche cuando varios todoterrenos cerraron el paso al último coche de la comitiva, en el que viajaban los tres cooperantes. A los terroristas sólo les interesaba secuestrar a occidentales: el dinero, los ordenadores, todo quedó atrás. Vilalta trató de escapar y recibió tres disparos en la pierna izquierda: uno en el tobillo y dos en el muslo. El rastro de los secuestrados se perdió entonces en el desierto de Mauritania. Para cuando las fuerzas de seguridad de este país sellaron la frontera, los rehenes ya estaban en las bases de AQMI en el norte de Mali.

El callejón sin salida se ha desbloqueado tras la entrega a Mali de Omar Saharaui'


Hubo que esperar dos semanas para que Al Qaeda confirmara, a través de Al Yazira, que sus hombres retenían a los cooperantes. También al francés Pierre Camatte, secuestrado el 26 de noviembre. Los servicios de inteligencia españoles averiguaron que los españoles estaban en manos del grupo del emir Mojtar Belmojtar, El Tuerto, el líder de una de las dos katibas (unidades de combate) de AQMI en la región. A Belmojtar, al parecer aficionado a las mujeres y apegado al dinero, se le supone menos sanguinario que al otro emir de la región.


Un vídeo que llegó a manos del Gobierno español despejó la duda: los secuestrados estaban vivos en alguno de los campamentos móviles que Al Qaeda tiene en Mali.


La negativa de Mauritania a canjear a terroristas por rehenes complicó la situación

La investigación dio por fin fruto. Las fuerzas de seguridad mauritanas detuvieron a cuatro hombres relacionados con el secuestro. Pero la diferente forma de gestionar la resolución de los raptos por parte de Mauritania y Mali provocó entonces un enfrentamiento entre estos dos países y dificultó las gestiones del Gobierno. En febrero, Al Qaeda liberó al rehén francés, días después de que Bamako excarcelara a cuatro terroristas. Mauritania reprochó luego a Mali esta liberación, que consideraba ponía en peligro su seguridad, y retiró a su embajador en Bamako.


El horizonte de los tres cooperantes se volvió más negro cuando Al Qaeda añadió a sus demandas económicas la exigencia de que Mauritania excarcelara a tres terroristas, algo que este país se negó a hacer.


Una de las vías utilizadas por el Gobierno para solucionar el secuestro, la mediación de un asesor propuesto por Burkina Faso, prosperó sólo cinco días después, cuando Alicia Gámez fue liberada. El Ejecutivo negó haber pagado ningún rescate.


Antes de que Mauritania sellara su frontera, los rehenes ya estaban en Mali

El secuestro de los otros dos cooperantes se alargaba y, el 6 de junio, Moratinos viajó a Mauritania para presionar al presidente Mohamed Uld Abdelaziz, contrario a liberar a terroristas a cambio de rehenes. Tres semanas después, el ministro de Exteriores se entrevistó con el presidente burkinés, Blaise Compaoré, cuyo consejero de origen mauritano Mustafa Uld Liman Chafi ha mediado con los secuestradores. El panorama se ensombreció aún más tras el asesinato de otro rehén de Al Qaeda en el Magreb el 25 de julio: el francés Michel Germaneau.


La situación pareció agravarse cuando Mauritania condenó a 12 años de cárcel al maliense conocido como Omar Saharaui, por su participación en el secuestro. Pero cuando el callejón sin salida al que se había llegado parecía irreversible, se halló lo que parece una fórmula de compromiso: Mauritania accedió a entregar al terrorista a Mali, a donde fue extraditado el 16 de agosto. Seis días después, el cautiverio de Albert Vilalta y Roque Pascual llegaba ayer a su fin.