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Los órdagos de un colectivo muy bien asesorado

El sindicato Usca niega conocer las bajas masivas de los controladores y cambia su estrategia

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No pocos líderes sindicales querrían para sí el poder de presión que ha ostentado el sindicato de los controladores, Usca, en los últimos diez años. Mal que les pese a los diferentes ministros de Fomento, del PP y del PSOE, que han tenido que afrontar las amenazas del colectivo, jaleado por Usca, hasta ahora habían ganado la batalla. No pudieron (o no quisieron enfrentarse en serio) con ellos ni Rafael Arias Salgado, ni Francisco Álvarez Cascos, ni Magdalena Álvarez, que tuvo que afrontar el penúltimo caos en los aeropuertos provocado por este colectivo en la Navidad pasada.

Ahora, la estrella que ha acompañado siempre a la junta directiva de Usca empieza a dejar de brillar. Quizá el órdago de los controladores ha sido demasiado grande y no midieron las consecuencias. Desde luego, nadie en la cúpula de Usca que desde junio dirige Camilo Cela (sobrino del premio Nobel) podía esperar que el Gobierno reaccionara decretando el primer estado de alarma de la democracia española, poniendo así a los 2.400 controladores aéreos bajo mando militar. Quizá sus abogados, entre los que figura Francisco Maroto, no leyeron a fondo el decreto que aprobó el ministro de Fomento, José Blanco, el pasado 5 de febrero, en el que se abría la vía a que el presidente del Gobierno encomendara el control aéreo al Ministerio de Defensa en caso de circunstancias 'extraordinarias'.

Tampoco debieron dar importancia a las alusiones a una posible llamada a los controladores militares (600, de los que unos 280 están en activo) para que los sustituyeran cuando a principios de agosto Usca amenazó con organizar la primera huelga legal de la historia del colectivo.

La estrella que ha acompañado siempre a la directiva de Usca ha dejado de brillar

Este sindicato siempre ha preferido el doble juego de decir una cosa ante los medios de comunicación y, en realidad, preparar otra. Así lo han demostrado los controladores con las huelgas de celo encubiertas que han jalonado la negociación tanto del primer convenio colectivo firmado en diciembre de 1998 (con Arias Salgado como ministro) como en la del segundo convenio, que se lleva negociando y prorrogando por los sucesivos ministros desde 2005. También lo demostraron con el amago de huelga antes del puente de agosto pasado. En realidad, no querían llegar a hacerla. Había división de opiniones incluso en el seno de Usca. Y perdieron su primer pulso con Blanco, después de que el Gobierno dejara claro que tenía un arma legal para imponer servicios mínimos del 100% cuyo incumplimiento podría generar sanciones a los controladores.

Hay sospechas de que Usca también ha desarrollado esta estrategia encubierta en el plante que hizo el colectivo el viernes y parte del sábado alegando bajas masivas por estrés o por alegar que habían cumplido sus horas anuales. No deja de ser sospechoso que un sindicato que siempre da muestras de ser muy belicoso, convocara de urgencia a los medios de comunicación el viernes a las cinco de la tarde para no lanzar ninguna amenaza como suele. Cuando justo tras la rueda de prensa empezaron a llegar a los periodistas noticias de incidentes en Barajas (aún no se sabía que era un boicot en toda regla), el presidente del sindicato aseguró no saber nada. Sin embargo, unas dos horas después, el vicepresidente de Usca, José Manuel Acevedo, y otros miembros de la cúpula se dirigían a Fomento (no a Aena, su interlocutor habitual) para exigir firmar su propuesta de convenio colectivo en pleno caos. Proponían volver a sus antiguos y abultados sueldos, además de hacer menos horas de las actuales.

El sindicato de los controladores siempre ha preferido el doble juego

Esto podría ser otra prueba más de las tácticas de Usca, que siempre opta por tensar la cuerda al máximo para arrancar un compromiso a Aena o a Fomento a las puertas de un caos aéreo, como se quejan algunos directivos de la empresa pública. Hubo al menos otras dos reuniones con Fomento en la noche más larga del conflicto, una sobre las tres y otra en la mañana del sábado. Pero ya no se habló del convenio. En esa noche, un miembro de la directiva tuvo que ir al hospital por sufrir taquicardias fuertes, cuentan los conocedores de las reuniones.

Desde ayer, el sindicato parece haber digerido, por fin, las consecuencias del plante del colectivo, que afectó a unos 600.000 pasajeros y ha tenido un coste económico que puede llegar a 250 millones. Por eso, ha cambiado de estrategia y ha optado por el silencio, por no aprovechar ahora el tirón mediático de su secretario de comunicación, César Cabo, para intentar convencer a la opinión pública que sus reivindicaciones tienen sentido en plena crisis económica. Ahora no responden a los medios de comunicación (aunque hablan en las redes sociales, como Facebook).

La prudencia se impone en un sindicato de empleados ricos que siempre ha podido pagarse asesores caros, como la consultora de imagen Estudio de Comunicación. Más encima han estado siempre sus asesores jurídicos, hasta el punto de participar en las ruedas de prensa para que no tuvieran un desliz que luego pudieran lamentar. La belicosidad de este sindicato con muchos asesores puede haber tocado techo. Ahora, está en el aire la cúpula de Cela. Acaba de perder su segundo pulso con el Gobierno y afronta posibles responsabilidades si se demuestra que pudo orquestar el motín del viernes.

Subida de sueldo
Cuando a los funcionarios se les recorta
Los 2.400 controladores pretendían que Aena y Fomento firmaran el viernes, en pleno caos aéreo, una subida de sueldo de un 0,3%, aparte de volver al antiguo sistema de retribución que había antes de febrero para cobrar 350.000 euros anuales de media en vez de los 200.000 actuales. Son empleados pagados por el Estado, es decir, por los contribuyentes, como los funcionarios, a los que se acaba de recortar el salario.

Menos horas
Y cobrando complementos
Usca presentó esta propuesta de convenio el viernes, como confirmaron el sábado fuentes del sindicato. Pero no desveló que pedían bajar a 1.420 horas en 2013 y que todo lo que excediera de las 1.200 horas de antes se pagara aparte, además de exigir más complementos.