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El Orgullo clama por los derechos transexuales

Cientos de miles de personas celebran en Madrid la decimonovena marcha del colectivo LGTB. Aído reivindica que los 'trans' dejen de ser considerados "enfermos" en otros países

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Raiza, peruana treintañera transexual, llegó hace cuatro años a España en busca de una sociedad más tolerante, al amparo del nuevo marco legal: 'Fui muy bien recibida. Vine a conocer mundo y al final me quedé aquí'. Se operó hace ocho años y está a punto de conseguir la nacionalidad. Ayer, maquillada con purpurina y vestida con un sujetador y una falda de flecos, desfiló su condición por el centro de Madrid, junto a un millón de personas, según la organización, para reivindicar sus derechos en la marcha anual del colectivo LGTB (Lesbianas, Gays Transexuales y Bisexuales).

Este año, la festividad del Orgullo (anteriormente conocida como Orgullo Gay) se ha centrado en reivindicar los derechos de los trans, cinco años después de la aprobacióndel matrimonio homosexual.

En cabecera de la manifestación estaba, un año más, la ministra de Igualdad, Bibiana Aído, que aprovechó para postular a favor del colectivo: 'No se puede tolerar que en pleno siglo XXI se siga considerando a las personas transexuales como enfermas'.

La marcha arrancó su andadura a las seis de la tarde, desde la Puerta de Alcalá, al ritmo de Shakira, Britney Spears y Madonna. 'Lo de siempre, el petardeo que a todos nos gusta', comentaba Diego, desnudo de cintura para arriba y con un sleep muy ajustado a sus caderas, que llamaba la atención de los asistentes. 'Qué pena, con lo guapos que son', decían Maripaz, Gloria y Teresa, tres solteras cuarentonas que se acercaron ayer por primera vez al evento: 'Nos encantan, no se meten con nadie ¡Que disfruten, quepara lástima ya está la crisis!'.

'A mí jamás me ha gustado el fútbol. Hoy no voy a hacer una excepción'

Frente a la puerta de Alcalá, dos chicos de 18 años observaban una de las carrozas llena de jóvenes con muchas horas de gimnasio en sus cuerpos. Uno de ellos lloraba. 'Se ha puesto celoso porque ha subido mi ex y le he saludado', aseguraba su novio. A unos metros, Saul, de 27 años, les miraba sonriente: 'Yo era igual en mi adolescencia, ahora vivo las cosas de otra manera'.

Mediado el recorrido, en la plaza de Cibeles, se apostaba Javier, de 36 años, que miraba sorprendido desde su silla de ruedas el paso de varias motos de gran cilindrada, conducidas por hombres fornidos que lucían sus pechos peludos. Javier sufre una discapacidad física desde que nació, pero esto no le impidió acudir por cuarto año consecutivo desde Albacete con su pañuelo multicolor al cuello. 'Es difícil, pero merece mucho la pena', señalaba.

La marea de banderas multicolor, republicanas y españolas a propósito del partido de la selección recorrió el centro de la ciudad. Muchos entraban en los bares intermitentemente para ver el encuentro. Otros, ni se molestaban. 'A mí jamás me ha gustado el fútbol. Hoy no voy a hacer una excepción', sentenciaba Alberto, rodeado por su grupo de amigos.

En el último tramo, el sol aún se colaba inquisidor entre las plumas, las plataformas y la carne. Mientras, decenas de vendedores ambulantes hacían su agosto vendiendo cervezas, calimochos y tintos de verano. Jaime y David aprovechaban para refrescarse. Son mexicanos, los primeros que se casaron en su país (el pasado 11 de marzo), aprovechando la nueva ley nacional. 'Pero allí queda mucho por recorrer todavía', lamentaban. Su presencia no era algo excepcional: miles de europeos y latinos han acudido este fin de semana a Madrid expresamente para la celebración.

A las dos horas del inicio de la fiesta, varias carrozas todavía no habían arrancado la marcha. Entre las 34 que participaron no estaba la delegación israelí, que solicitó su persencia pero le fue denegada por no condenar el ataque a la flotilla con ayuda humanitaria a Gaza. Con la llegada de la noche, la marcha llegó a la Plaza España, donde el concierto de Kylie Minogue puso el broche final a la celebración.