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Los otros héroes del 23-F

El Gobierno homenajea en el palacio de la Moncloa a los secretarios de Estado y subsecretarios que pilotaron el país el día del golpe de Estado

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José Barea Tejeiro se levantó con mucha dificultad, buscando la precaria estabilidad de sus muletas. El presidente se acercó a él de inmediato, con amplia sonrisa, y le entregó la Medalla de la Orden del Mérito Constitucional. Barea recogió el galardón con las manos temblorosas. A sus casi 88 años, era homenajeado por su labor hace hoy justo 30 años, el 23 de febrero de 1981, en aquellas angustiosas 17 horas y media en que se prolongó el golpe militar.

Igual que Barea, entonces secretario de Estado para la Seguridad Social, fueron condecorados ayer martes los otros 34 miembros de la Comisión General de Secretarios de Estado y Subsecretarios que hicieron de 'Gobierno suplente' el 23-F, mientras el Ejecutivo y los 350 diputados seguían secuestrados en el Congreso por el teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero. Diez de ellos fueron distinguidos a título póstumo. Los reales decretos, aprobados por el Consejo de Ministros el pasado 18 de febrero, fueron publicados ayer mismo en el Boletín Oficial del Estado (BOE)

Fueron 35 los galardonados, pero 10 de ellos ya han fallecido

Entre los homenajeados, se sintió la calidez del aplauso a Francisco Laína –director de Seguridad del Estado en 1981 que ejerció como presidente interino aquel 23-F– y a Manuel Cobo del Rosal, exsubsecretario de Universidades e Investigación y hoy en silla de ruedas. También fueron condecorados Arturo Romaní (subsecretario del Ministerio de Justicia de septiembre de 1980 a marzo de 1981 y luego condenado por el caso Banesto) y Mariano Rubio (implicado en el escándalo Ibercorp), entonces subgobernador del Banco de España y fallecido en 1999, por lo que recogió la medalla su viuda, Carmen Posadas. Por Manuel Villar Arregui, secretario general para la Coordinación Legislativa de la época, recogió la medalla un niño. Era cara conocida la de Alberto Aza, que en la actualidad es jefe de la Casa del Rey y en aquella jornada aún era director de Gabinete del presidente del Gobierno, Adolfo Suárez. 

Mariano Rubio, implicado en el 'caso Ibercorp', entre los condecorados

Aquellos 34 hombres y una sola mujer (Rosa Posada) son los “héroes de la Transición”. Son los que, junto a la “decisiva intervención del rey” y la actuación de militares, policías o funcionarios, “mantuvieron, en aquellas horas, la dignidad y el funcionamiento mismo del Estado democrático”, en palabras de José Luis Rodríguez Zapatero, anfitrión de una austera ceremonia en el Salón de Tapices del palacio de la Moncloa que apenas duró media hora. “La comisión que ustedes integraron se erigió en bastión y señal del Estado democrático que los ciudadanos de este país nos habíamos dado con nuestra Constitución”, abundó.

El jefe del Ejecutivo reconoció que el galardón tenía que haber llegado antes. Hace incluso 22 años, cuando se constituyó la orden. Pero a España, resaltó, le ha vencido a veces “el pudor” por reconocer a sus “héroes cívicos, actores de la democracia y la paz”.

Zapatero les elogia por erigirse en 'bastión y señal del Estado democrático'

Zapatero ahondó en lo que supuso aquel 23-F. El día en que España dejó atrás “los tiempos en que personas de uniforme decidían el rumbo de la historia de España, contraviniendo el principio esencial de que la fuerza no es el poder que decide”, sino que ha de quedar “bajo el mando” del poder civil. El día también en que comenzó la transición del Ejército, pasando a convertirse en una de las instituciones “más prestigiosas, respetadas y admiradas” por los ciudadanos.

El presidente se sirvió de una frase que ya ha pasado a los libros de historia: el cuartelero “¡Quieto todo el mundo!” que gritó Tejero en su irrupción en el Congreso. Es “uno de los alegatos más radicalmente antidemocráticos que quepa imaginar, porque en democracia, por definición, nadie está o se queda quieto por la mera imposición de nadie”, afirmó. Y por eso los ciudadanos salieron días después del 23-F a defender la libertad. “Una bocanada colectiva de aire cívico”, un “refrendo abrumador de la Constitución”, elogió. Era el impulso definitivo a la joven democracia española.

Por Iñigo Aduriz

“Se cumplen 30 años del mayor distanciamiento entre nuestra sociedad y sus Fuerzas Armadas”. Con estas palabras, la ministra de Defensa, Carme Chacón, quiso destacar ayer en un desayuno informativo la evolución del colectivo militar español en las últimas tres décadas.

“En tan sólo 30 años, los ejércitos han pasado de inspirar recelo, a ser admirados por la inmensa mayoría de los españoles”, apuntó. Pero, además, la ministra recordó que dentro de poco se cumplen “los 80 años del primer intento fallido de modernizar y profesionalizar” las Fuerzas Armadas.

Se refería Chacón al intento del entonces ministro de la Guerra, Manuel Azaña, por consolidar unos ejércitos “eficaces, comprometidos con la democracia pero alejados de banderías partidistas” el 25 de abril de 1931. “Hoy tenemos las Fuerzas Armadas que Azaña soñó hace 80 años y que [el que en 1977 era ministro de Defensa, Manuel] Gutiérrez Mellado, impulsó hace 30”, aseguró la ministra de Defensa.