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Partido Popular La caída de Cifuentes allana el camino de Núñez Feijóo como recambio de Rajoy

Es consciente de que la acelerada decadencia del PP y la reiteración de escándalos refuerza sus posibilidades, pero prefiere no iniciar aún la guerra sucesoria. Mientras, sigue cultivando su imagen pública como futurible hombre de Estado

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Cristina Cifuentes y Alberto Núñez Feijóo, en una imagen reciente. EFE

La caída de Cristina Cifuentes allana el camino de los cargos del Partido Popular que aspiran a suceder a Mariano Rajoy, y especialmente el del presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, quien pasa por ser uno de los candidatos mejor colocados y que poco a poco va consolidándose como el que cuenta con más opciones para liderar el PP si Rajoy abandona.

Frente al cierre de filas y la ovación en pie que los populares tributaron a Cifuentes en la convención de Sevilla de hace unas semanas, Feijóo ha sido uno de los más críticos con el escándalo del máster —"Si no lo tiene es que no ha dicho la verdad", llegó a decir—. Este mediodía, tras conocer la dimisión de la ya ex presidenta madrileña, mantuvo la misma línea, celebró literalmente su retirada y aseguró que se trataba de una decisión "inevitable". "Los políticos sabemos que algunos errores que en la vida privada son difíciles de justificar, en la vida pública son absolutamente injustificables", dijo.

Según apuntan fuentes del entorno de jefe del Ejecutivo gallego, Feijóo es consciente de que la acelerada decadencia del PP y la reiteración de escándalos refuerza sus posibilidades, pero ni de lejos tiene claro que su posición esté asegurada como para iniciar la guerra sucesoria. Por eso no tiene intención alguna de aparecer como alternativa a Rajoy, al menos antes de tiempo. Sabe que si destaca demasiado no tendría capacidad para defenderse ante las previsibles maniobras de algunos de sus rivales.

Rivales como la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, la ministra de Defensa y secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, y el ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, quienes, por su bien relacionada posición en la Corte, en constante relación con el presidente del Gobierno y al mando de importantes estructuras de poder del Estado, gozan de mayor fortaleza interna que él, tanto en el interior del partido como en el Ejecutivo.

"Alberto es buena persona. Lo que dice no lo dice calculando sus posibilidades para ser presidente del Gobierno, sino porque de verdad lo piensa así. No está pensando en la sucesión, y es consciente de que si algún día puede optar a ella, será gracias al apoyo que pueda tener entre los votantes, a la imagen que de él tengan los simpatizantes del Partido Popular, y no por ganar una guerra interna que ni él desea librar ni podría ganar ahora", asegura uno de sus colaboradores.

Quizá eso explica que Feijóo se esté dedicando sobre todo a ganarse simpatías entre las élites económicas cultivando su imagen pública fuera de Galicia como futurible hombre de Estado. Con recursos como la oleada de entrevistas y encuentros públicos a los que se sometió en el primer trimestre del año -entre ellas la que concedió hace unos meses a Jordi Évole en La Sexta-, y con operaciones como la de encabezar la rebelión de presidentes autonómicos contra la propuesta del ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, de condonar parte de la deuda de Catalunya.

Sus valedores dentro del PP

El líder del PP gallego cuenta con buenos valedores en el PP, algunos entre los restos del aznarismo, y también en el entorno de Rajoy. Sobre todo en el clan de Pontevedra, que lidera la presidenta del Congreso, Ana Pastor, amiga íntima del presidente y a cuyo esposo, José Benito, compañero de paseos a ritmo de marcha deportiva del jefe del Ejecutivo, y a quien Feijóo propuso como candidato a alcalde de la ciudad natal de Rajoy.

Feijóo conoce bien sus fortalezas. Como la que le transmiten algunos diputados y senadores populares temerosos de que el sorpasso de Ciudadanos que auguran todas las encuestas acabe siendo realidad y les deje sin escaño. Para muchos, Feijóo sería el único candidato capaz de impedir la debacle.

De hecho, el partido de Albert Rivera no existe en Galicia, la comunidad española que más se resiste al ascenso naranja. Aunque obtuvo dos diputados al Congreso en las elecciones de diciembre del 2015, los perdió en las del 2016. Tampoco cuenta con escaños en el Parlamento autonómico, y de las siete ciudades gallegas, sólo cuenta con representación en una de ellas —dos ediles en Lugo—.

Ciudadanos acaba de empezar a construirse en Galicia, aunque está por ver si se consolida como opción real al PP. De momento no ha cuajado del todo el intento de Rivera de situar como candidato autonómico a Javier Guerra, un empresario joven que ocupó la Consellería de Economía en la primera Xunta de Feijóo, en plena crisis económica. El resultado que obtenga Ciudadanos en las próximas municipales y en las autonómicas gallegas, que se celebrarán ambas en el 2019, un año antes de las generales —si Rajoy saca adelante los presupuestos y no decide adelantarlas— aclarará si es cierto que Feijóo posee es ese antídoto contra Ciudadanos del que presumen sus defensores.

Porque lo cierto es que el presidente de la Xunta, que siempre se había mostrado como una apisonadora electoral al ampliar la mayoría absoluta del PP gallego elección tras elección, también tiene debilidades. En las pasadas municipales el PP perdió, entre otras, las alcaldías de A Coruña, Santiago y Ferrol, y de las grandes urbes ya sólo gobierna en Ourense.

Allí mantiene también la única Diputación Provincial que le queda, en manos de José Manuel Baltar, quien la heredó de su padre, José Luis Baltar, condenado a nueve años de inhabilitación por enchufar en la Diputación a un centenar de cargos del PP que luego votaron a favor de su hijo en el Congreso en que le cedió la secretaría general del partido en la provincia.

Sus puntos débiles

Las sempiternas corruptelas de los Baltar están entre las cuestiones que podrían promover el ascenso de Ciudadanos en Galicia. Pero no son las únicas. La gravísima situación de la sanidad, la huelga de los funcionarios de Justicia —el martes se cumplieron 75 días de absoluta parálisis en los juzgados—, el deterioro de la educación y de los servicios públicos, y el hecho de que en Galicia se cobren los sueldos y las pensiones más bajas de España, también ponen en serias dudas esa imagen de gestor eficaz de la que Feijóo presume más allá de Pedrafita y O Padornelo.

Lo cierto es que hasta que las municipales y las autonómicas resuelvan esa cuestión, Feijóo sigue cultivando sus opciones. Y éstas aumentan con la caída de Cifuentes, porque le permiten aparecer como el único adalid de la renovación y la limpieza en un partido que se despierta cada día con un nuevo escándalo de corrupción, clientelismo o comportamiento impropio de sus cargos públicos.

Feijóo dice que todo eso es intolerable, aunque la frase de despedida que ayer dedicó a Cifuentes tiene su aquel, dado que el presidente de la Xunta también ha reconocido como “error privado” su amistad con el narcotraficante Marcial Dorado, conocida a raíz de unas fotografías en las que aparecía, también manchado de cremas, a bordo de su yate.

Alberto Núñez Feijóo con Marcial Dorado, embadurnado de crema, en una de las fotografías publicadas por El País

Asegura que en la época en que se tomaron, a mediados de los años noventa, no conocía las actividades ilegales de Dorado, algo altamente improbable dado que por entonces éste ya había sido imputado en varios casos de contrabando y tráfico de drogas, alguno tan sonado como el que se inició con la operación Nécora.

También mintió sobre las fechas en que dijo que rompió su relación con Dorado, y nunca ha explicado quién le alertó de la existencia de las imágenes, incautadas durante una redada policial en el año 2004; ni por qué hasta esa fecha siguió yéndose de vacaciones y de fin de semana y atendiendo a las llamadas de Dorado; ni por qué ocultó su amistad con él desde entonces y durante nueve años hasta que un diario la destapó en 2013.

Su partido tampoco ha facilitado nunca el acceso a los documentos que probarían que el narco hacía negocios con la Consellería de Sanidade de la Xunta precisamente en la época en la que Feijóo iniciaba su carrera política como secretario general de ese departamento.

En cualquier caso, parece evidente que lo que él considera “injustificable” para Cifuentes por hurtar 40 euros en productos de belleza en un supermercado no es aplicable a su larga amistad con uno de los mayores capos de la droga en Galicia. Tras la redada en la que se encontraron las fotos del yate, Dorado fue condenado a 14 años de cárcel por tráfico de cocaína.