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Un paso más desde las cárceles

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Esto no es aún el final de la violencia, pero la adhesión del Colectivo de Presos y Presas Políticos Vascos (EPPK) conocida ayer representa, indudablemente, un paso relevante y fundamental para favorecer un proceso que conduzca a la paz definitiva y la normalización política de Euskadi.

Hay, al menos, dos razones básicas para entender la trascendencia de esta decisión adoptada por los presos de ETA encarcelados. La primera radica en que el Acuerdo de Gernika, cuyo primer aniversario se celebrará mañana en la localidad vizcaína, es la hoja de ruta que sigue la izquierda abertzale en su propósito de impulsar un proceso de paz dentro de la estrategia aprobada por sus propias bases para luchar por la consecución de sus objetivos políticos exclusivamente por vías democráticas. Ese es el camino. Y esto los presos de ETA también lo saben.

Los presos se suman a un acuerdo clave en la apuesta de la izquierda abertzale

La segunda razón de peso que cabe esgrimir para comprender la relevancia de esta decisión es que ha sido asumida sin divisiones, ni rupturas, por el EPPK en su conjunto, es decir, por la práctica totalidad de los miembros de ETA. Huelga decir que sus militantes encarcelados en la actualidad, más de 700, superan en número a quienes siguen en libertad. Hay más razones, sin embargo, para comprender la relevancia del paso dado por los presos de ETA. Su adhesión ahora al documento es un aval de peso para acabar de convencer a quienes, siendo minoritarios dentro de la antigua Batasuna, aún veían con escepticismo los pasos en su alejamiento de la violencia.

La izquierda abertzale y el resto de fuerzas firmantes del Acuerdo de Gernika, EA, Aralar y Abertzaleen Batasuna, entre otros, han sido conscientes en todo momento de la importancia que tenía convencer al EPPK de que el Acuerdo de Gernika es la única vía posible para abrir un proceso de paz.

El apoyo del EPPK es importante porque integra a casi todos los presos

Ahora, el colectivo de presos de ETA, integrado por los reclusos que han justificado siempre la lucha armada y se han negado a acogerse a las medidas de reinserción ofrecidas por Instituciones Penitenciarias, asumen totalmente la letra de un escrito en el que se emplazaba directamente a la banda armada a declarar 'un alto el fuego permanente, unilateral y verificable por la comunidad internacional como expresión de voluntad para un definitivo abandono de las armas'. ETA anunció un alto el fuego casi en esos términos, el pasado 10 de enero, pero tanto el PNV como Aralar echaron en falta entonces que la banda no reflejara en su comunicado que lo abría de forma 'unilateral' y 'como expresión de voluntad para un definitivo abandono de las armas'. Esta cuestión, pendiente hasta ahora, también parece pues solventada con la decisión de EPPK.

Su adhesión también es un indicativo del clima que se respira en el seno de la organización armada tras haberse cumplido ya un año del anuncio del cese de 'acciones armadas ofensivas'. El Gobierno esperaba que ETA hiciera público un comunicado antes de finalizar este año que significara un paso más hacia el fin de la violencia. La decisión ahora del EPPK ratifica, sin duda, la previsión que manejaba el Ejecutivo.

Llegado a este punto, la cuestión es si el Gobierno está en disposición de dar algún paso antes de las elecciones el 20-N. Según la hoja de ruta marcada en el Acuerdo de Gernika, los pasos a dar por parte del Estado son la legalización de la izquierda abertzale, el 'cese' de la política penitenciaria y la revisión de los procesos jurídicos contra la izquierda abertzale 'derivados de su actividad política'. Sólo superado ese estadio, dice el documento, se podría abrir un proceso de diálogo para lograr un acuerdo político entre 'agentes políticos, sindicales y sociales'. El EPPK asume, pues, que ETA no se sienta a esa mesa, así como otro asunto más: 'La reconciliación y reparación de todas las víctimas'.