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"Pensaba que no viviría para ver esto"

Los animalistas estallan de júbilo por la histórica decisión de Catalunya

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No querían que la victoria fuera una fiesta, pero lo fue: lloros, abrazos y besos. Y la solemnidad habitual del Parlament quedó en suspenso. Es un día 'histórico', 'grande', 'feliz'. Eran los adjetivos que se escuchaban entre el gentío animalista cuando los taurinos huían a toda prisa del edificio.

'No haré declaraciones', decía el torero Serafín Marín mientras bajaba las escaleras. Ayer, no hubo banderillas ni sangre, pero esta vez, más que nunca, había perdido la lidia.

Y mientras Marín se limpiaba las lágrimas (y la rabia), los animalistas se felicitaban unos a otros: 'Hoy es un día muy importante', decía un diputado. 'Ahora los catalanes nos tendréis que ayudar a acabar con las corridas en Francia', iba pidiendo el representante de una entidad animalista francesa. 'Felicidades a todos', decía Marius Kolff, de la entidad antitaurina holandesa Cas, que cuenta con 15.000 socios.

Graciela Candela, de Prou, decía que 'aún me tiemblan las piernas' y que 'pensaba que no viviría bastantes años para ver esto'. También hubo tiempo para el recuerdo: 'Me he acordado tanto de ella', de Chari Cruz, fundadora de la protectora de animales de Tossa de Mar (Girona), el que fue el primer municipio antitaurino de Catalunya.

Periodistas de todo el mundo, diputados, entidades francesas, holandesas, inglesas... la alegría era unánime, ajena a la tristeza o el enfado dependiendo del caso de los taurinos: '¡El fascismo catalán ha triunfado! ¡CiU son unos nazis! ¡Habéis ganado porque los que sus [sic] apoyan son unos nazis!', decía un aficionado a las puertas del Parlament. Al otro lado, los antitaurinos. Y en medio de ambos grupos, los Mossos d'Esquadra. No hubo más que alguna mala palabra y algún insulto. Por lo demás, tranquilidad.

Magda Oranich lloraba de alegría tras décadas ejerciendo como abogada. Aunque también mostraba su rechazo al comentario de Rafael Luna, cuando el diputado popular afirmó que en los años setenta Catalunya era conocida como 'la tierra de las libertades'. '¿De las libertades? Sí, podía escoger qué vestido me pondría para ir a la ejecuciones', decía irónica Oranich.