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"De pequeño decían que yo era el más malo del pueblo"

Baltasar Garzón. Juez. Ahora lucha en exclusiva contra los crímenes de lesa humanidad y sostiene que no se puede imponer el perdón o el olvido a las víctimas

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El juez, el superjuez, aquel en el que todos piensan cuando aparece una noticia del ámbito judicial en España, no siempre quiso ser juez. De pequeño Baltasar Garzón quería ser médico. Pero se acuerda con precisión de en qué momento cambió de opinión y parece como si creyera necesario justificarse por aquella infidelidad adolescente: 'No tenía una vocación definida desde el principio, como puede tener el hijo de un magistrado o de un fiscal que ve libros de Derecho desde que nace. Mi padre era agricultor'.

Y el hijo de ese agricultor decidió que sería juez en abril de 1972 tras oír al padre de su compañero de habitación y actual presidente de la Audiencia de Cádiz. 'Habló de la profesión, de la independencia, de la justicia, de que era un trabajo muy sacrificado, pero con el que se hacía un gran servicio a la sociedad, a los ciudadanos. Entonces yo dije que quería ser juez'.

Y el ser médico o quizá psicólogo quedó relegado, pese a que el panorama que le ofrecía el padre de Lorenzo del Río pasaba por un ejercicio de responsabilidad que a más de uno abrumaría. 'Con 9 años tuve que asumir algunas responsabilidades, cuando mi padre marchó de casa para trabajar, había que atender la huerta y seguir estudiando'.

A conseguir esa responsabilidad y esa pasión por el trabajo también le ayudaron los seis años que estudió en el seminario, de donde salió con una pasión: el Barça, porque el equipo de alumnos que formaba el del Real Madrid ya tenía portero y el del Barça, no.

'¿Lo último que he aprendido? A aguantar las malas partidas'

'Lógicamente opté por la titularidad, o sea mi vinculación con el Barça fue estrictamente deportiva', dice demostrando que sabe de lo que habla. Vamos, que le gusta el fútbol. La final del Mundial la vio entre españoles, 'en territorio enemigo', La Haya. Y debe ser verdad lo que dice de que desde allí se ven las cosas de otra forma, porque se le ve calmado, sereno. Y anuncia que algunos de los casos en los que trabaja darán fruto pronto.

Muchos años antes de ser asesor de la Fiscalía de la Corte Penal Internacional y hasta de ser ese hermano varón que se vio obligado a renunciar a parte de la libertad que disfrutan los niños 'en el pueblo' (que no debe confundirse con 'la libertad del pueblo', precisa), de él decían que 'era el más malo del pueblo'.

Entre sus correrías estuvo el saltar de una campana a otra en el campanario. Una mujer lo vio y se mareó en la plaza. La hazaña del entonces monaguillo de Torres (Jaén), le supuso una bronca de sus padres, pero no logró que abandonara del todo los deportes de riesgo.

Y esa afición, al menos en el terreno laboral, le ha traído buenos y malos momentos. Su padre protagoniza ambos en lo personal: cuando le abrazó satisfecho, porque ya era juez, y cuando murió.

Entre los buenos, Garzón incluye las caras de las Abuelas y Madres de la Plaza de Mayo cuando la Audiencia Nacional se declaró competente para investigar los crímenes de Chile y Argentina o la liberación del funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara. Por supuesto, el nacimiento de su nieta, este 28 de abril.

'No valdría para ser abogado. No creo que sea una opción en mi vida'

Días amargos 'hay muchos, pero los buenos los compensan'. Forzado a decantarse por algunos cita el 11-M y el día que se marchó 'temporalmente' de la Audiencia Nacional. No cuenta las veces que prestó declaración en el Supremo. 'Como ciudadano, si te convoca un tribunal, tienes que concurrir y la cuestión es la tranquilidad que tú tengas por dentro, no todo el ruido que se forma a tu alrededor o que algunos quieran montar', afirma.

Pero Garzón, que admite que lo último que ha aprendido es 'a escuchar un poco más y a aguantar las malas partidas', no se arrepiente de ser juez. 'Es el último baluarte para los ciudadanos. ¿Si falla el juez, qué les queda a las víctimas?', pregunta. Y ante quien lo ve como abogado, si las cosas no salen bien, Garzón es tajante: 'No valdría para ello. No creo que sea una opción en mi vida. Nunca lo fue'.

Y hay cosas que no cambian, porque, según dice, tiende a no hacer nada a la ligera. Como cree que se hizo al limitar la justicia universal en España, lo que a su juicio fue 'una equivocación'.