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Las personas sin hogar, las más vulnerables al frío

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Unas 50 personas hacían cola ayer por la tarde, encogidas por el frío, frente al comedor social El Refugio, en el centro de Madrid. Gina, de 40 años, con sandalias, aguantaba como podía los tres grados que marcaban los termómetros. '¡No tengo otra cosa!', le decía al hombre de la fila que se sorprendía por su calzado. La ola de frío, nieve y viento que afecta estos días a toda España vuelve más vulnerables a las personas sin hogar. Las asociaciones del sector calculan que en España unas 30.000 personas viven en la calle.

Unos 30.000 ciudadanos pasan la noche al raso, nieve o llueva

Cerca de las siete de la tarde, las puertas del comedor social están a punto de abrirse. 'Por lo menos te sientas y cenas de caliente', explica Gina. Hace un año que acude al comedor. Cuando acabe de cenar, con el estómago lleno, buscará algún rincón donde pasar la noche, envuelta en cartones. No quiere ir a ningún albergue. 'No quiero que nadie me ubique, cada día duermo en un sitio', explica con voz de tenor, sin desvelar sus razones.

Los albergues de Madrid tienen este invierno 1.841 plazas. 474 de ellas se abrieron el jueves pasado, por la Campaña Contra el Frío. Pero son insuficientes. Valencia tiene casi 500 plazas y Sevilla 230. 'Madrid está mejor que otras ciudades, pero sigue sin haber plazas suficientes', denuncia el presidente de la Federación de Entidades de Apoyo a las Personas Sin Hogar (FEPS), Jesús Sandín.

Los indigentes evitan los albergues por no perder su rincón

Juan, de 47 años, también prefiere la calle a los albergues. Su casa es una acera del céntrico barrio de Chamberí. Come sentado en un banco, duerme pegado a la pared, rodeado de cartones, desde hace 'unos años'. El hombre explica, tiritando, que no se puede permitir a ningún albergue. 'Perdería este sitio', justifica. Cuando se hace de día, Juan esconde los cartones, las mantas y sus enseres. A media tarde, las recoge y se arropa para pasar la noche.

Una de las reglas de los albergues es que se deben abandonar a las 8 de la mañana. '¿Y dónde me protejo del frío durante el día?', protesta Toni. 'Cierta gente rechaza los dispositivos, pero es porque no siempre se adecuan a sus necesidades', asegura Jesús Sandín.

Pedro, de 41 años, pasará hoy su primera noche al raso. Ha perdido su trabajo y no tiene ni un duro para seguir pagándose un alojamiento. 'No sé qué haré, pero no iré a ningún albergue', explica mientras hace cola frente al comedor social. 'Mi único vicio es el tabaco, yo no soy como otros', y señala al hombre que habla solo a su lado, con las mejillas enrojecidas por el exceso de alcohol.

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